Luis Leobardo Hernández Sánchez

Toluca, México; 23 de febrero de 2020.

Los casos de acoso sexual, por desgracia, no son algo nuevo en la máxima casa de estudios mexiquense. En las diversas unidades académicas se reportan estas lamentables situaciones, sin embargo, la información fluye en susurros, no por falta de denuncia, sino por bloqueo de las propias instancias administrativas de la UAEMéx.

Hoy, por fortuna, el silencio dominante, dogma de “prestigio” universitario que tanto se defiende en Rectoría, ha sido quebrantado por la valiente voz de las mujeres estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Conducta. Esto después de varias denuncias hechas a partir de la venta de imágenes íntimas, tomadas de las redes sociales, promovida por alumnos del mismo plantel. Tal actividad, a todas luces ilícita, no sólo degrada la imagen de las jóvenes involucradas, también fomenta la extorsión a cambio de más “material”, lo cual manifiesta toda una cultura de violencia de género.

El viernes 21 de febrero, a las 7 de la mañana., para que se recuerde, mujeres y hombres, estudiantes de la unidad académica mencionada, tomaron las instalaciones para entrar en paro indefinido. Los actos de manifestación legítima sellan de forma contundente el compromiso de estos actores esenciales de la sociedad. Son acciones que deben replicarse en favor del bien común, de la seguridad e integridad de todo ser humano en cualquier espacio.

Para que no se olvide.


El 10 de septiembre de 2018 más de 3 mil estudiantes marcharon a la Fiscalía General del Estado de México. La exigencia: justicia y seguridad. Compañeras de Humanidades fueron víctimas de feminicidio, así como el mismo caso en otros espacios académicos.

Las autoridades universitarias decidieron callar. En días subsecuentes, y habiendo pedido el diálogo los estudiantes con el rector a través de distintos canales, Alfredo Barrera Baca optó por la respuesta más fácil: ignorar a la comunidad estudiantil.

En días anteriores y posteriores a este evento, hubo más casos de acoso dentro de las instalaciones de Ciudad Universitaria (UAEMex). Las respuestas, como siempre, fueron nulas o negativas. Desde consejeros alumnos y administrativos, que supuestamente representan al estudiantado, hubo presiones discrecionales y abiertas a las demandantes, con el fin de no “afectar” las acciones que ya se habían “puesto en marcha” para resolver el problema, o simplemente para mantener “limpio” el buen nombre de la institución.

Estos hechos se han repetido en todos los espacios académicos. Cientos de estudiantes han sido víctimas de compañeros o docentes. La Universidad mantiene un silencio lapidario, niega, simula, o se dedica a sus “negocios” sin importar nada. Las acciones más “radicales” quedan en sanciones temporales, aunque este delito deje de ser un caso “doméstico”, pues la gravedad amerita acciones penales.

Hoy, un acto de valentía nos brinda la oportunidad de sesgar la impunidad, abre la puerta a la justicia y hace visible un problema arraigado en un lugar que debería promover el conocimiento con inclusión. Este es el momento en que estudiantes y sociedad deben unir fuerzas por derribar la barrera que encubre actos de criminalidad flagrante. Hoy no es posible tolerar que la degradación hacia las mujeres sea prácticamente la forma de vida de nuestro tiempo.

Deja un comentario