13 junio, 2024

Toluca, una ciudad profundamente feminicida

Toluca, una ciudad profundamente feminicida


Miguel Alvarado

Toluca, México; 12 de diciembre de 2019.

En menos de 72 horas, dos asesinos de mujeres fueron vinculados a proceso en Toluca, apenas un par de una serie de homicidas que están convencidos, por alguna razón, que matar es la respuesta a algo, una solución para algo, la respuesta definitiva de la violenta educación a la que la sociedad en general está sometida. Están convencidos, y además están libres.

Un pueblo barbárico que se indigna hasta el vandalismo cuando algún equipo nacional pierde en competencias sobre todo futboleras, pero que condena el repudio que las mujeres realizan en muros públicos porque en ellas se practica un genocidio, ha perdido su rumbo. Ya ni siquiera son necesarias las estadísticas para ilustrar porque todos los días en la ciudad se presenta por lo menos un caso de asesinato.  

El de México es un pueblo profundamente católico, cuyo sistema social está complejamente arraigado en la imagen de la madre y por católico en la leyenda de la Virgen de Guadalupe. Esa fijación por el origen, por quien se considera la fuente dadora de vida -la mujer, la madre-, el símbolo más respetado y venerado -por lo menos eso se expresa, se hace creer, se jura y se perjura- no puede oponerse a la realidad.


Este, el de México, es un pueblo profundamente católico, que venera a la madre y a la Virgen de Guadalupe.

Este, el de México, es un pueblo profundamente genocida, hábilmente entrenado para infringir daño a los más débiles: niños, mujeres, ancianos, minusválidos, pobres, desesperados, necesitados.

El 10 de diciembre, a las 13:30, Óscar García Guzmán, el Monstruo de Toluca, sería presentado ante un juez en busca de que se le vinculara a proceso por el feminicidio de Jessica Orihuela Jaramillo, apenas uno de los seis asesinatos que el hombre, de 28 años, había cometido desde 2006. Una hora antes, en los camerinos del Teatro de los Jaguares era hallado el cuerpo sin vida de la maestra de danza Sonia Pérez, estrangulada, y las primeras fotos de aquel homicidio comenzaron a circular minutos antes de que Óscar Guzmán se sentara para escuchar leer al juez leer las atrocidades que había cometido contra Jessica, de 23 años, a quien tuvo retenida en su casa y después asfixió e hirió, para dejarla tirada en el baño de aquella vivienda.

 A Sonia Pérez, de 40 años, la mató su ex esposo, Édgar Rafael Delgado, a quien la prensa le dice Édgar “N”, en un ataque de celos cuando la vio junto a otro hombre, antes de que comenzara la función de danza en la que ella participaría. Él mismo relató lo que hizo: “intenté reconciliarme con ella, la agarré del cuello y ella sintió que era una agresión, ella se cayó como de lado y con mis manos la comienzo a asfixiar”.

Cuando la vio muerta, la dejó tirada en los camerinos del teatro. La función comenzó sin Sonia, quien participaría en ella y todavía al terminar, él quiso ir a verificar que estuviera con vida, pero se sintió observado decidió salir del teatro.

Y la dejó ahí, tirada en el camerino.

Al otro día se entregó y después, sentado en las mismas salas que el Monstruo, el ex esposo de la maestra lo confesó todo. Su arrepentimiento llegó tarde, y eso, de todas maneras, lo pinta como lo único que es: un homicida.

El Monstruo de Toluca, a quien el juez le dice “señor Óscar”, mató a cuatro mujeres y dos hombres, por lo menos eso se dice de manera oficial y centró sus objetivos en los más débiles. También el asesino de Sonia lo sabía. Ella era menos fuerte que él y por ahí comenzó todo. La elección de matar se toma no porque uno se encuentre enceguecido, sino porque hay, primero, una posibilidad muy grande de salir impune. Y después, porque el homicidio puede cometerse.

“La maté porque podía”, dice uno de los motivos recopilados por el escritor Max Aub en el libro Crímenes Ejemplares, de 1991, cuando esos motivos ya daban risa esos motivos porque ya se tomaban como lo normal que resultan ahora. En 1954, en el Estado de México la ley marcaba una atenuante cuando se juzgaba a un homicida, la cual decía que si se había matado a la esposa, a la novia o a alguna pareja sentimental, debía considerarse el hecho de que se actuaba bajo la influencia de los celos, y eso podía incluso justificar el homicidio.

Los asesinos de Toluca son una monstruosidad y los homicidios que comenten han desnudado, por enésima vez, los graves problemas de México que han sido acrecentados, profundizados, complejizados por los gobernantes y funcionarios con tantito o con todo el poder.

Hay una corresponsabilidad que debe ser estudiada y analizada, porque monstruos como Óscar García Guzmán y Rafael Delgado Peña no se hicieron porque sí.

Cuéntaselo a todos

Noticias relacionadas

Suscríbete a nuestro boletín de noticias