24 mayo, 2024

Una vida ligada a la madera

Una vida ligada a la madera

Miguel Alvarado: texto. Ramsés Mercado: imagen e información. Karen Colín: diseño

San Antonio la Isla, México; 5 de enero de 2023

Coloca en su torno la madera y lo ensarta en los extremos metálicos. Con un filo la va lijando, le va dando la forma que necesita con golpes suaves y precisos. Para hacer lo que hace se debe tener un conocimiento exacto acerca de lo que significa una pieza de madera, no importa que sea la manija de una puerta, la cuenta de un collar o un juguete, un muñeco como lo era Pinocho antes de que la película de Guillermo de Toro lo estereotipara.

Así, con precisión y paciencia, va armado al muñeco. Primero obtiene la cabeza y en ella debe poner la nariz puntiaguda y hasta cómica de su Pinocho. Después vendrá el resto del cuerpo, que embonará por partes. Lo que resulta al final no se parece al personaje de Netflix, sino más bien a un muñeco medieval, cuya cintura suave y redondeada está ceñida por un cinturón negro que la aprieta tanto que logra que su pecho se infle. Se parece mucho a la sota de copas pero su cara es de palo y lleva los zapatos al revés. Su cara atónita se le queda viendo a uno desde lo imposible que ha sucedido con la madera y se pregunta, nos pregunta algo, una suerte de duda silenciosa que no sabremos responder porque no la alcanzamos a escuchar. El rojo sombrero de este Pinocho le da al juguete un parecido muy cercano a la figura que imaginó Carlo Lorenzini, a quien el mundo conoció como Carlo Collodi, un periodista italiano que tuvo la ocurrencia de imaginarse a uno de los personajes más famosos de la historia, y que aparecía en el cuento para niños “La storia di un burattino o La historia de un títere. Lo de Las aventuras de Pinocho vendría después, el 1881.

Pero esta historia no trata acerca de Pinocho ni de su creador, sino del artesano Luis Rey Suárez Becerril, quien se ha dedicado a trabajar con madera desde que tiene uso de razón, como él dice.


Su taller está en San Antonio la Isla, un municipio que destaca en la fabricación de juguetes de madera. Su padre tenía también su taller y trabajaba el torno de violín, un instrumento que se maneja con ayuda de los pies y que se sigue utilizando aún.

-Yo soy, de nueve hermanos, el penúltimo- dice Suárez, en el local que usa como su propio taller- entonces me tocó de mi padre, pero este trabajo pasa de una generación a otra. Mi abuelo, por ejemplo, también lo trabajó. Siempre ha habido madera, aquí en la casa- dice, en tanto una puerta cruje y atrás de él los mecates se mecen suavemente. Y trata de explicar que su trabajo es puro amor, pero para se entienda, mejor lo compara con un futbolista al que le pagan por jugar y además puede divertirse. Así siente él.

Claro, detrás de todo eso hay una gran paciencia y un conocimiento profundo de la madera y las formas que puede regalar. Su especialidad, dice, son los ábacos, aunque también fabrica yoyos, baleros o algo en lo se ocupe el torno, lo puede hacer.

-Es el tiempo, la materia que se lleva y las complicaciones que salen, porque como son piezas nuevas, no sabemos cuánto nos cuesten al final del proceso de elaboración- dice Suárez, quien ahora sí, cuenta cómo empezó a hacer los pinochos.

Recuerda que los primeros muñecos los hizo hace unos 25 años, y que desde entonces la demanda ha bajado. Por eso, agradece que gracias a la película de Del Toro otra vez se haya volteado a ver al niño de madera.

Ahora mismo se ha puesto a hacer uno. Ha escogido las piezas que necesita y les va dando forma mientras observa y planea la mejor manera de armar al muñeco, que poco a poco irá naciendo de sus manos. También hay que pintarlo, para que luzca más y sea atractivo para los niños y los coleccionistas de artesanías. Aquí, en Sam Antonio la Isla, Pinocho tiene también otros padres, alejados del cine pero enraizados profundamente en las formas de la madera. Luis Suárez es uno de ellos.

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