30 mayo, 2024

La joyería de la muerte

La joyería de la muerte

Karen Villeda/ Periódico de Poesía

Ciudad de México; 18 de septiembre de 2022

Aurelia Cortés Peyron (Ciudad de México, 1986), como la joyera que es, cortó, talló y pulió Alguien vivió aquí hasta tener un diamante consistente. Poemas como “Diferencia de horario” (“Nuestras sombras se persiguen / entre una marca y otra / en la cinta métrica del día”), “La pendiente” (“los nombres que inventábamos / para hacernos hermanas / eran la materia movediza / que sostenía el juego”) o “Resonancia magnética” (“embebidos en la tarea de volver venta al cuerpo, todos se / abandonaron a la curiosidad y al empirismo”) comprueban ese trabajo meticuloso.

La editorial bilingüe Argonáutica, integrada por el escritor y traductor Efrén Ordoñez y por el académico y traductor Marco Alcalá, apuesta por “colaborar en el diálogo entre las voces de distintas culturas”. De ahí que haya publicado el primer libro de Cortés Peyron en traducción de la también poeta Robin Myers, quien, en palabras de la propia autora, “logró capturar la esencia de lo que expresaba”.

El lenguaje de Cortés Peyron se perfila con resonancias del “Nocturno sueño” o “Nocturno en que habla la muerte” de Xavier Villaurrutia y De la naturaleza de las cosas de Lucrecio porque “sale la creación si ayuda el tiempo”. Este espíritu lucreciano persiste en la continua observación que la poeta hace con y hacia ella misma. Cortés Peyron, a manera de los poetas metafísicos, compone imágenes de nostalgia profunda: “Las palabras que dijiste / ahora son lugares, casas / siempre en construcción o esquinas / vistas de reojo / donde no vimos la vuelta; / tus palabras se revelan / como un segundo paisaje / sobre la misma fotografía”.

Esta añoranza espiritual y sus sutiles alusiones llevan al fondo último de nuestra condición humana porque “Alguien vivió aquí: / lo ignora la materia / que pasa rauda / de aliento a brisa a brizna de pasto, / polvo en el ojo, / de carne a humedad a barro a tierra, / de voz a libélula en el aire”.

La fuerza expresiva de Cortés Peyron posee espontaneidad sin dejar de ser compleja. Más que acordarme de los metafísicos ingleses (el humor de John Donne en “La pulga”: “Qué pequeño es aquello que me niegas”), pienso en la tradición castellana: Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique (“No se engañe nadie, no, / pensando que ha de durar / lo que espera / más que duró lo que vio, / pues que todo ha de pasar / por tal manera”). Los temas que atraviesan lo escrito por Cortés Peyron son el tiempo, así como los mecanismos internos de la muerte y de la poesía misma. La poeta se empeña en encontrar la palabra exacta para abordar dichos temas. Hay una preocupación personal, expresada no solamente con emociones sino también con un sólido pensamiento a lo largo de estas páginas, que remite a los sonetos metafísicos de Quevedo: “Vencida de la edad sentí mi espada, / y no hallé cosa en qué poner los ojos / que no fuese recuerdo de la muerte”.


En la parte final del poemario, la autora confirma su talento mediante la écfrasism sin alejarse de su núcleo conceptual.

La angustia de la existencia persiste en esos poemas inspirados en obras de arte, como “Tinta sobre agua” (“Se enreda / se trenza / o se dispersa / si me acaricias el pelo / sabe que existe / disparejo /perplejo / respira / si me acaricias el pelo / mientras duermo”) o “El suéter naranja (basado en un cuadro de Elmer Bischoff)” (“Un trazo es su mirada: / no importan sus facciones / porque no importa lo que ella no ve”).

Al leer Alguien vivió aquí / Someone Lived Here queda la sensación de que lo que ha pasado, nos conjura y es irreversible. La insistencia con el pretérito también es, en cada uno de estos treinta y tres poemas, un estudio de la posteridad. En ellos puede encontrarse la idea de traslación como movimiento, cambio, viaje, muerte. Este hallazgo no es gratuito: Cortés Peyron se dedica a la traducción literaria, por lo que su relación con el lenguaje nos traslada. A duras penas comprendemos la realidad y sus palabras; similares a “los átomos del alma y los átomos del cuerpo”, “continúan su esencia dando forma a las rocas, lagos o a las flores”.

Karen Villeda / Tlaxcala, 1985. Es escritora. En 2017 obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario “José Revueltas” y, en 2018, el Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen”. Participó en el Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa en 2015. Dialoga con poesía y multimedia en POETronicA (www.poetronica.net). Su libro más reciente es Agua de Lourdes: ser mujer en México (2019).

Aurelia Cortés Peyron, Alguien vivió aquí / Someone Lived Here, traducción de Robin Myers, Argonáutica / Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, 2018, 123 pp.

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