18 mayo, 2024

El día que se le dice mil veces Jesús al diablo

El día que se le dice mil veces Jesús al diablo

Karen Colín: diseño. Miguel Alvarado: texto. Ramsés Mercado: imagen e información.

Toluca, México; 3 de mayo de 2022.

Es el Día de la Santa Cruz y los creyentes católicos dicen, rezan así: “porque en el día de la Santa Cruz te dije mil veces Jesús, Jesús, Jesús”, que se repite cuando uno cree que se encuentra bajo la acechanza del mal, encarnado, maleficado por Satanás cuya imagen o concepto se aproxima ahora a un crepúsculo del diablo si en México esa maldad se compara con la vida cotidiana.

La cruz siempre se asocia con los cementerios, pero también con las obras negras, las casas y los edificios nuevos que se van construyendo y éste también es el día de los albañiles, de los ingenieros civiles y de los arquitectos por extensión, aunque ellos tienen su fecha de jolgorio aparte. Es un día de humo y cuetes, de chupe y comida, de tamales, de plática y relajo en la obra porque hoy nadie construye sino celebra a la cruz como la patrona, la mera jefa.

Algunos patrones más generosos llevan música de banda y con ayuda de las botellas se sigue festejando hasta el amanacer.

Las cruces también ponen de su parte para hacer comercio, para ayudar a las familias a sostenerse y en Toluca, sobre todo en sus pueblos, las calles se llenan de puestos donde se ofrecen. Hay de todos tipos y materiales, e incluso hay quienes prefieren las cruces gamadas, que provienen, sí, de otras tradiciones.

“Buenos días”, dice antes que nada Cecilia Manzanares Mendoza, una comerciante que hoy en sus puestos ha colocado cruces blancas de madera con la inscripción INRI, lo cual quiere decir que su destino es la sepultura o una obra en construcción. No es casualidad que a Cecilia se le atraviesen las cruces de ese modo, y en ella puede aplicarse la frase de “origen es destino”, porque nació en la comunidad de Santa Cruz Atzcapotzaltongo, y hace poco más de 30 años que vende cendales -también se llaman cendalitos o mantos- los cuales son una tira bordada de tela con la que se adornan las cruces. Son las estolas, pues, telas largas de un metro aproximadamente por unos 20 centímetros de ancho. Son blancas y las orillas han sido, como el mar, cosidas a orlas aunque éstas son amarillas, moradas y rojas de modo que enmarquen la blancura de la tela.


Además, en cada cendal se ha bordado una figura relacionada con la cruz: hay cálices y cruces con un corazón, hay libros que pueden ser biblias porque en su portada aparece también esta forma, hay rosarios, palomas pacificadoras que emprenden un vuelo eterno y flores, que son las más bonitas.

En el puesto de Cecilia también hay margaritas de plástico y foami, que utiliza para terminar de armonizar el adorno de la cruz, y que coloca sobre ella en los ángulos de sus transversos amaderados. La veneración o fiestas de la Santísima Cruz comienza el 2 de mayo, porque las cruces deben amanecer elegantes y ajuareadas para el día de la fiesta. Las obras que hay en la ciudad siempre tendrán una cruz llena de flores que los albañiles pondrán en algún altar improvisado. A los albañiles los dueños de la obra los festejan con una comida, se encargan cuetes y se persigna uno cuando nadie lo ve.

Cecilia advierte que las que se le ponen a la cruz son, casi siempre, flores naturales.

Por eso, Cecilia señala que las ventas deben iniciar un día antes para que a los albañiles les dé tiempo de revestir el centro espiritual de su protectora.

– Todo esto nosotros lo elaboramos: desde lo que es la tela que se utiliza, las diferentes figuras nosotros las pintamos y bordamos y desde que yo era pequeña mi madre hacía todo esto. Ella nos ha enseñado a trabajar. Yo con ella lo hacía desde que era pequeña porque nos traía a vender- dice Cecilia, quien comparte la tradición viva, la fiesta del pueblo que se comparte con sus habitantes- dice Cecilia.

En otro barrio popular de Toluca, enclavado en una de las laderas de la ciudad, en los límites urbanos, existe una cruz que ha permanecido un siglo en las escaleras que dan acceso a Zopilocalco. Ahí, los habitantes ofician una misa en las que el altar es dispuesto a la mitad de esa calle escalonada, la Andrés Molina. Los vecinos se sientan en las escalinatas y también sacan sus propias cruces, que adornan con flores y mantas. Esa cruz es blanca y enorme, con una altura de unos tres metros y está recargada contra las paredes de una de las casas en ese andador. Los vecinos cuentan que la cruz estaba en lo alto del cerro, pero cayó y rodó hasta ubicarse donde actualmente está. Ya nadie quiso moverla.

Algunos albañiles dicen que las construcciones se siembran en la tierra y que por eso se le pide a la cruz que no se caigan, que incluso crezcan porque eso también significa trabajo para ellos. Se le atribuye a Pedro de Gante la instauración de la celebración en México de esta festividad.

De acuerdo al catolicismo, el diablo y su infierno es uno de los destinos del ser humano, al que le preocupa vivir o existir para siempre y por eso no condenarse, para no sufrir. El diablo, el enemigo de Dios, es el encargado de castigar a quien ofende a este último, lo cual convierte a esa dualidad -bien y mal- en una simple transacción de negocios. “Hay muchos mundos, pero están en éste”, dice uno de los fantásticos lugares comunes inventados por el poeta francés Paul Éluard, a quien le faltó acotar, nada más, que hay muchos infiernos y también todos están en éste.

Hoy en México es el Día de la Santa Cruz. Estos palos cruzados uno de los instrumentos de martirio con el que los romanos daban muerte a los ladrones, violadores, estafadores e insurrectos, sobre todo estos últimos, cuya vía dolorosa sirvió como ejemplo y escarmiento para los que pensaban liberarse del pago de impuestos, de los dioses rivales, de recibir órdenes de otros pueblos. Se convirtió en símbolo y esos dos palos que se cruzan han sido dotados de poderes preternaturales que sirven incluso para rechazar vampiros, seres espíritus, alejar el mal, sacar del alma la irracionalidad, la nada, el vacío, la angustia de lo inverso, de lo anormal, de lo rebelde. Pero a la cruz, como a la Virgen de Guadalupe se acogen todos en este país, desde los sicarios de los cárteles más violentos hasta las víctimas que ellos van dejando en el camino. Ambas partes -la diabólica y la otra, piden por ellos para que sus trabajos salgan bien y unos no se conviertan en los asesinados de los matadores, mientras que otros lo hacen para que nadie se les escape.

Ya nadie cree en el diablo y los demonios, pero de que los hay, los hay.

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