19 julio, 2024

El Cámaras

El Cámaras

Ramsés Mercado

Él.

Solía caminar por las calles de Santiago Miltepec y La Mora.

Él.

En los negocios de comida y la tienda de la esquina le daban de comer: un pan, un tamal o un refresco, no eran la gran cosa pero le mataba el hambre. Aún recuerdo que cuando era chico, en la colonia, mis amigos y yo le gritábamos «ése mi Cámaras” y entonces levantaba la mano para saludarnos.

Hoy, sin saber lo que me esperaba, como la mayoría de las veces que voy a cubrir una nota roja, vi en mi grupo de reporteros en Whatsapp que reportaban un 14 en La Mora, en Mariano Olivera y Miguel Mata.

Entonces avancé. Un 14 en nuestro medio significa que hay un muerto, no importa cómo o por qué, la cosa es que lo hay porque el 14 es la nomenclatura de la muerte. El lugar me quedaba cerca y cuando llegué comencé a reportar. Positivo, un hombre de alrededor de 35 o 40 años había fallecido en un baldío entre los límites de Santiago y La Mora, así, nada más en los límites, ni de allá, ni de acá.

La policía municipal ya había acordonado la zona. El cuerpo estaba cubierto con una sábana blanca y alrededor habían colocado cinco veladoras, quizás más, quizás menos.

-Buenas noches, ¿saben quién era?

-Sí, un joven de por aquí. Le decíamos “El Cámaras”. Lo vimos ahí recargado en la barda como desde las dos de la tarde, se estaba quedando a la vuelta, pero ya como a las cinco vimos que se desvaneció en el pasto. Nos acercamos y no se movía, entonces llamamos a la ambulancia y llegó una de las verdes. Lo checaron, lo intentaron reanimar pero nada. Entonces se fue y la policía acordonó el lugar. Pues él, lo bueno que ya está descansando.

-Sus padres lo abandonaron como a los 8 años -dijo otra persona.

-¿Son de las noticias?

-Sí.

-Pues mencionen que fuimos a ver al padre de ahí de Santiago, a pedirle ayuda para que lo entierren en el panteón de arriba y una cooperación, pero no quiso.

-¿Quién?

-Miguel, creo que se llama así el padre.

-Ah.

-Sí, qué mala onda.

-¿Él se llama Miguel? -pregunté despistado, sin entender que hablaba del padre.

-No, él se llama Julio. El Cámaras.

Después de más de 20 años de verlo por la calle caminar, supe que El Cámaras se llamaba Julio. Ahora que lo sé, nunca voy a poder llamarlo por su nombre.

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