19 julio, 2024

De cifras ni hablamos

Fernanda García

Toluca, México; 21 de abril de 2022.

Camino por las calles. Es común que en estas vacaciones los niños estén en los parques y centros comerciales: ríen, hacen berrinches, toman de la mano a sus padres. Son niños en todo el sentido. Entonces, mientras tomo la mano del más pequeño de mis hijos y el mayor me da un beso, viene a mi mente la terrible realidad. Y es que uno de cada cinco niños que desaparecen en el país es mexiquense.

Si lo quieren ver en números, en 2017 se reportaron 5 mil 537 pequeños desaparecidos; 6 mil 464 en 2018; 6 mil 863 en 2019 y 6 mil 87 el año pasado. Claro que en una población de 17 millones de personas los números no cuentan lo que deben significar.

Cada día del 2021, 16 niños no volvieron a casa con sus padres. Aunque poco más del 80 por ciento se va de casa por decisión propia, la mayoría de las veces por peleas con sus padres o situaciones de violencia, ningún caso debe ser desestimado, pues todos están en riesgo.

Pienso en mi pequeño de 6 años. ¿Qué haría solo en la calle? Nada que lo mantenga más a salvo que entre mis brazos, eso es seguro.

Entonces, cuando reviso las cifras, me recorre un escalofrío. ¿Por qué los vemos sólo como números? Todos son historias.

De acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), la mayoría de las víctimas de desapariciones en el Edoméx son mujeres de entre 12 y 17 años de edad, estudiantes que se esfuman a plena luz del día.

De las 36 mil 135 personas desaparecidas y localizadas en el Estado de México entre enero de 2015 y septiembre de 2021, 19 mil 964 (55.2 por ciento) fueron mujeres.

Son datos que alarman, pero de nuevo, son historias. ¿Cuántas víctimas de trata se han rescatado? ¿Cuántos menores fueron coptados por el narco? ¿Cuántos ahora piden limosnas con el riesgo de recibir una paliza si no llegan a la cuota? ¿Cuántos van a dormir con la almohada mojada (si es que tienen) por extrañar su hogar?

Vuelvo a sujetar a mis críos, los siento, reviso su cabello, su piel, les obligo a que me digan mi número de teléfono y la dirección de nuestro hogar porque en el mejor de los casos, si un día desaparecen, será porque se perdieron y necesito saber que podrán regresar.

Es el terror de las desapariciones, de los porqués, de convertirse en un número, en una ficha de búsqueda, en un cuerpo en una fosa común.

Las infancias y las mujeres somos los blancos preferidos de la delincuencia, nos asumen vulnerables, nos someten, nos corrompen.

La epidemia de desapariciones es un tema recurrente en este Caleidoscopio y lo será siempre mientras aquí infantes dejen de reír en sus casas para llorar por un abrazo o por un taco, mientras adolescentes sean utilizados para cometer crímenes porque saldrían pronto del centro de internamiento si los atrapan, mientras la trata siga siendo un negocio multimillonario tolerado en los table dance de Tollocan o en una esquina de una ciudad cualquiera… no habremos de cesar los gritos para que dejen de ser números fríos y comiencen a contarse las historias de cada uno de ellos.

¡Hasta la próxima!

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