13 junio, 2024

Sinfonía Vapor, la historia de una locomotora que toca en una filarmónica

Sinfonía Vapor, la historia de una locomotora que toca en una filarmónica

Miguel Alvarado


Puebla, México; 15 de diciembre de 2019. Aguascalientes, San Luis Potosí, Veracruz y Puebla son las cuatro estaciones ferroviarias por las que la obra del compositor Arturo Márquez pasa con la fuerza de una locomotora, llevando, con su carga de música sinfónica, la historia del tren en México.

Sin embargo, a pesar de su importancia, la pieza de Márquez no es la invitada principal en el concierto por el 150 aniversario de la inauguración de la llegada de los trenes a Puebla. Hace 150 años el presidente de México, Benito Juárez, inauguraba el tramo ferroviario Apizaco-Puebla y para eso había ordenado hacer una pieza musical excepcional, que cada vez que se interpretara recordara la llegada al país del tren y su importancia en la historia de la nación. Pero el día de su estreno un aguacero torrencial azotó la ciudad y la interpretación de aquella obra maestra ya no fue lo mismo. Inicialmente, se había planeado que la Sinfonía Vapor, que así se llama la pieza musical, se tocara precisamente en el enorme terreno de la estación, pero la lluvia, la insidiosa lluvia tuvo la última palabra.

Los músico y los invitados tuvieron que refugiarse en el teatro Morelos y con ello todos perdieron la oportunidad de escuchar la propuesta de un adelantado, porque el autor de esa maravilla, el joven Melesio Morales, había escrito esa obra para que dos máquinas de vapor participaran en ella. ¿Querían música para ferrocarriles? Esa era la respuesta de aquel joven impetuoso, quien supo mejor que nadie que sólo la locomotora, y nadie más, podía interpretar musicalmente los sonidos que ella misma hacía.

Hoy, 15 de diciembre de 2019, se cumple un siglo y medio de todo eso, pero también se cumple un concierto más en el que las locomotoras, desde 2006, pueden tocar la parte que Melesio les asignó. Y lo hacen con toda la fuerza de su entraña de hierro y vapor porque la máquina ODM-2 tiene la consigna, escrita en una partitura, de avanzar desde un extremo del enorme parque en el que está ubicado el Centro de Investigación y Documentación Ferroviaria, y que forma parte del Museo Nacional de los Ferrocarriles, para que su potente silbato se integre a la interpretación que realiza la Filarmónica 5 de Mayo.

El camino que se ha recorrido para llegar a este momento ha sido largo y muy difícil, pues implicó el rescate de las partituras y la restauración de la ODM, a cargo de un equipo que encabezaron los especialistas Bruno Wilson y Rebeca Elguézabal, que consiguió el milagro de reparar a la enorme reina negra, en cuya parte delantera tiene marcado a hierro el número dos.
Melesio Morales era un compositor que se atrevía a todo y después de estudiar en Italia, apoyado por su mecenas, el empresario de los ferrocarriles Santiago Méndez, volvió a México para cumplir con el encargo de Juárez, que intentaba rescatar al país del desastre que habían dejado asonadas, invasiones, imperios fallidos y golpes de Estado.

Para un país que se encontraba en ruinas, la propuesta de Nemesio fue insólita, pero también acertada por lo simbólica: el progreso que representa el tren, la apertura de estaciones de arquitectura propia y la propia Puebla, escenario en 1862 de la batalla que daría fama a Ignacio Zaragoza y al general Felipe Berriozábal, este último al mando de lanceros toluqueños que se desplegaron en las cercanías de Puebla y que rechazaron la embestida de los zuavos una y otra vez.

Ese era el escenario del estreno de la Sinfonía Vapor.
Desde 2006 el musicólogo Guillermo Contreras es el encargado de interpretar a la locomotora como un dócil instrumento capaz de crear, con su potencia de fuego, una música tan extraordinaria como lo es el propio ferrocarril.

Pero si Melesio se atrevió, también lo hizo Arturo Márquez, quien logró en el recorrido de sus cuatro estaciones arrebatar los sonidos que los trenes llevan consigo. Están ahí, integrados perfectamente los silbidos, las ruedas incansables y su roce con los rieles, así como el romper del viento que el paso del convoy deja en su camino.

Pero no todo es felicidad, no todo es lo fantástico que normalmente es, porque Fernando Lozano, director de la Filarmónica, ha sido notificado de su jubilación. “Recibí un telefonazo hace unos días y me dijeron que mi vida al frente de esto llegaba hasta aquí”, dijo el director casi al terminar el concierto, un anuncio público que no a todos les cayó bien.

Después vino la interpretación más esperada. La máquina al fondo esperaba ya su turno. La orquesta se alistaba, al inicio, en los carros antiguos del ferrocarril que se han adaptado como camerinos. Son verdes, hechos de madera, y desde hace tiempo les dicen los “pambazos”, aunque nadie sabe a ciencia cierta cuál es la razón. Lo que sí se sabe es que algunos vagones tienen nombres, y los portan con garbo, porque el tren siempre ha resultado algo más que un medio de transporte. “El gringo viejo”, por ejemplo, es un vagón rojo decorado muy a lo art-decó, con un tono rojo subido que le dio fama mundial, pues ha salido en varias películas, entre ellas la del “gringo viejo”, que en 1989 reunía un reparto de superestrellas encabezadas por Gregory Peck y Jane Fonda. Ellos actuaron ahí, en ese vagón alquilado que por lo menos ha sobrevivido al primero de ellos.

De la ODM-2, se sabe que “la máquina estuvo activa hasta 1980, y podría estarlo todavía”, apunta el restaurador Bruno Wilson, quien en el mundo de los trenes es uno de los más reconocidos investigadores.

A esa máquina la trajeron desde Empalme, Sonora, y ahora otra locomotora la tiene que ayudar para que avance y entre al escenario como la negra diva que es. La gente se desborda con ella y al término del concierto habrá desbandada para subir y conocerla desde adentro, desde los cuatro metros de altura que mide en su parte más alta.
Señoras y señores, con ustedes la fantástica ODM-2.

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