26 mayo, 2024

Salen tras 17 años en prisión, pero aún no son libres

Salen tras 17 años en prisión, pero aún no son libres

Miguel Alvarado

Toluca, México; 23 de agosto de 2019. Al salir de prisión después de 17 años y cinco meses en indefinición jurídica, nadie les ofreció una explicación. Daniel García Rodríguez y Reyes Alpízar Ortiz, considerados los presos políticos con mayor cantidad de años en la cárcel en el mundo occidental, por fin, el 22 de agosto, en el Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de Tlalnepantla, la Fiscalía General de Justicia, consiguieron poner fin a su encierro, aunque no a su proceso penal. Ellos están acusados del homicidio de la regidora panista de Atizappán de Zaragoza, María de los Ángeles Támez Pérez, en 2002, un caso en el que estuvieron implicados el alcalde de aquel municipio, Antonio Domínguez Zambrano y el senador Carlos Madrazo, pero que finalmente centró las responsabilidades en García y Alpízar, quienes estaban en el penal de Barrientos, en Tlalnepantla, Estado de México. La presión de organizaciones, grupo y familiares consiguió que salieran por fin.

Se trata de un cambio de medida cautelar que obliga a los imputados a usar un brazalete electrónico de seguimiento, no acercarse al domicilio de los familiares de la víctima y acudir a las audiencias de manera puntual.

El 5 de septiembre de 2001, la regidora Tamez, de 28 años, fue acribillada cuando salía de su casa, en la calle Nido de Ángeles, en la casa 18, colonia Alamedas de Atizapán de Zaragoza. Según el procurador de Justicia de la entidad en ese entonces, Alfonso Navarrete Prida, ella había denunciado el entramado de un sistema de espionaje, así como irregularidades financieras en la administración panista de Atizapán. Ella era hija de los panistas Pedro Tamez, un ex candidato a la alcaldía de aquel lugar y de la senadora Evangelina Pérez.

Los cateos a las oficinas de gobierno, muy tardíos, no encontraron ningún tipo de aparatos de espionaje pero al final fueron hallados en una casa ubicada a dos cuadras de la alcaldía, y que constaba de “dos cajas con capacidad para interceptar y derivar 20 líneas telefónicas jaladas de un poste de Teléfonos de México (Telmex), situado a escasos 30 metros”, dice una nota del semanario Proceso al respecto, el 25 de octubre de 2002.

Había también 50 audiocassettes, seis grabadoras, dos teléfonos celulares y listas de números telefónicos de aquella zona. El dueño de la casa resultó ser Martín Moreno Rodríguez, quien en su declaración dijo que era familiar de Daniel García Rodríguez, ex secretario particular del alcalde Domínguez, aunque la casa la había rentado a un hombre de apellido Muñoz, y que era parte de la policía municipal de Atizapán. García Rodríguez tenía señalamientos de corrupción y extorsión, que había denunciado Tamez. García fue arraigado desde entonces, pues el procurador Navarrete Prida señalaba que había elementos suficientes para relacionarlo con el homicidio, así como actividades ilícitas “consistentes en el otorgamiento de permisos y concesiones inadecuadas a cambio de fuertes cantidades de dinero”.

Alpízar fue señalado como presunto autor material, junto con Jaime Ortega, El Jimmy, mientras que García fue señalado como autor intelectual, y quien por su lado se ha declarado siempre inocente. Defendido por su hija, la abogada y defensora de derechos humanos, Denisse Aribel García Pérez, Daniel García dice que en su caso todos fueron engañados. Para empezar, dice no conocer a Reyes Alpízar, a quien conoció en Barrientos porque éste era trasladado desde Neza para que declarara sobre el caso. García apunta que Alpízar estaba preso en el momento en el que ocurrieron los hechos, cuando a la regidora le dispararon en cinco ocasiones. Desde 2017 la presión para liberar a los inculpados se acrecentó al grado de que la ONU también intervino para solicitar la liberación, así como la Comisión Interamericana de Derechos y Amnistía Internacional. Por su parte, Aribel García apuntó que “todo inició hace más de 17 años y 5 meses, cuando mi papá nos dijo a mis hermanos y a mí, en la tortura de lo que fue el arraigo en un hotel de Tlalnepantla, que ‘soy inocente y lo voy a probar’. Desde ese momento supe que su palabra sería mi palabra y que le acompañaría a él y a su verdad».

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