19 julio, 2024

¿Hay fronteras entre poesía y filosofía?

¿Hay fronteras entre poesía y filosofía?

Ciudad de México; 12 de mayo de 2024

Stella Cuéllar

Nos volvemos a enfrentar a la dificultad de establecer la frontera entre filosofía y poesía, aun cuando ya la conozcamos. Porque no es lo mismo identificar que reconocer. En mi opinión, la filosofía es literatura y en sus alcances más hondos es poesía, porque como tal es que clava su aguijón en lo que el hombre se dice a sí mismo, en lo que siente, en lo que mira, en lo que es o anhela ser, en lo que lo rodea.

Muchos son los que consideran que, aunque existen fronteras entre filosofía y poesía, éstas son muy delgadas. Otros, desde los tiempos de Platón en la antigua Grecia, han defendido que sí las hay y que no son fronteras débiles.

Desde tiempos antiguos se juzgó a la poesía por tener un carácter irracional y disperso que iba en contra del orden del mundo clásico. Se la veía como un medio para perpetuar la belleza efímera del mundo de las apariencias, en tanto que a la filosofía se le respetaba por tener como fin la búsqueda constante de la verdad última de las cosas y por hacerse guiar por la razón y el autoconocimiento.

Con el tiempo, la distancia entre filosofía y poesía se fue haciendo cada vez más evidente, tanto que el filósofo y el poeta representaron los dos extremos de la naturaleza humana; el primero fue sinónimo de iluminación y razón y al segundo se le asoció con la oscuridad y la pasión. Pero no han faltado nunca quienes han dedicado sus vidas y obras a tender los puentes por los que transitan, de ida y vuelta, el discurso filosófico y el poético, y estos lazos comunicantes permiten que hoy filosofía y poesía se toquen, se acaricien y entrelacen, e incluso que a veces se abracen.

Aunque estos puentes sin duda han acortado las distancias, no puede negarse que la filosofía y la poesía, pese a su cercanía, a veces amorosa, no dejan de lado todo el recelo que ambas se tienen. En el prólogo de su libro Filosofía y poesía María Zambrano anota: “En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca requerimiento guiado por un método”. Esa, pues, es realmente la frontera definitoria, la zanja entre ambas.

Ambas utilizan la palabra como herramienta primaria, pero no la usan de la misma manera ni con los mismos fines. Cierto, las dos buscan comprender al hombre, descifrar su vida, el entorno, la realidad y sus componentes, pero sus caminos y métodos no se parecen. La poesía ronda por la expresión de ideas, sentimientos e historias de un modo estético, armonioso y bello, aun cuando trate de terrores, angustias o penas. Se expresa artísticamente en prosa o en verso con palabras finamente seleccionadas que el poeta teje con cuidado en una urdimbre y una trama que da por resultado asombro, nostalgia, alegría, tristeza, amor, dolor, gozo, éxtasis, agobio, soledad, miedo.

La misma María Zambrano dice que sólo unos pocos mortales afortunados pueden crear tanto poesía como pensamiento. Ella está convencida de que los seres humanos poseemos los dos lados, el filosófico y el de poeta, pero eso no es suficiente ni basta para desarrollarlos por igual. A su vez no pocos escritores afirman que los poetas transitan por la filosofía a través de su poesía, y que incluso en la poesía se puede encontrar más filosofía y una verdad diferente y más profunda que la que se halla en tratados filosóficos.

Siguiendo esa línea, pienso en los aforismos, esos breves textos que iluminan el cielo como relámpagos en papel, pero caen sobre nuestras conciencias, saberes y pensamientos como rayos feroces. Algunos nos dan luz, otros nos desgarran o desacomodan. Por ejemplo, dice Fiodor Dostoievsky: “El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor”.

¿Cuál de los dos nos dice más? ¿Cuál de los dos nos muestra las entrañas de la pena? Uno nos la revela como imagen de espejo, el otro nos habla de ella, nos la descubre, pero con distancia. Donde la perturbación no nos cala.

Dante Alighieri anota: “Quien sabe de dolor, todo lo sabe” y William Fulkner a su vez señala que “Si tuviera la posibilidad de elegir entre la experiencia del dolor y la nada, elegiría el dolor”. Volvemos a sentir el dolor en la piel, ¿Pero es mi dolor el dolor universal del que habla el filósofo?

En 1637, el filósofo francés René Descartes publicó su Discurso del método, una obra que se fundamentaba en la célebre frase cogito ergo sum, o sea “pienso, luego existo”, con la que abrió la puerta al racionalismo y al pensamiento moderno que puso bajo la lupa todo aquello que no pasara por la razón. Dejaba fuera a la percepción y a la experiencia, a las que coloca en un segundo plano, por considerarlas engañosas. Friederich Nietzsche, en cambio, en su libro Más allá del bien y del mal anota: El filósofo es un hombre que experimenta, ve oye, sospecha, espera y sueña constantemente cosas extraordinarias; que se siente impresionado por sus propios pensamientos, como si éstos vinieran de afuera, de arriba abajo, a modo de… rayos que él sólo puede sufrir, porque quizá él mismo es una tempestad, siempre preñada de nuevos rayos, un hombre fatal, alrededor de quien rueda, ruge, estalla siempre algo inquietante… un ser, ¡ay! que muchas veces tiene miedo de sí mismo… pero que es demasiado curioso para no volver siempre sobre sí mismo. [2]

Y no hay duda que este párrafo no describe al Nieztche filósofo, sino al Nieztche poeta, al autor de Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, como se tituló en el original en alemán, que para muchos es su obra maestra.

El volumen da cuenta de las principales ideas de Nietzsche, expresadas de manera poética. Se trata de una serie de relatos y discursos con los que el autor nos acerca al sacerdote y profeta persa Zaratustra, quien nació hacia 1500-1000 a. C., y también es conocido como Zoroastro, quien fundó la religión zoroastrismo, conocida como Mazdayasna, la primera religión monoteísta del mundo… pero esa es otra historia.

Nos volvemos a enfrentar a la dificultad de establecer la frontera entre filosofía y poesía, aun cuando ya la conozcamos. Porque no es lo mismo identificar que reconocer. En mi opinión, la filosofía es literatura y en sus alcances más hondos es poesía, porque como tal es que clava su aguijón en lo que el hombre se dice a sí mismo, en lo que siente, en lo que mira, en lo que es o anhela ser, en lo que lo rodea.

En el siglo xx, el también filósofo francés Jean-Paul Sartre, replanteó la frase de Descartes y dijo: “existo, luego pienso”, poniendo énfasis en el existencialismo. Al reformular la frase planteó una nueva manera de entender la libertad, pero sobre todo de entender la existencia humana y la poesía. Para Sartre, en poesía quien pierde, gana. Para él, el verdadero poeta:

Hoy, un siglo después, parecería que para muchos la frase se debe volver a modificar para decir “siento, luego existo”, sobreponiendo lo que se siente a lo que se experimenta o se razona, y esto, creo, ha puesto en crisis al pensamiento occidental.

La palabra poesía proviene del latín poēsis, que a su vez proviene del griego ποίησις (poíesis), que significa ‘hacer’ o ‘materializar’… crear. Después experimentar y finalmente sentir… ¿O es al revés?

Aristóteles decía que “la poesía es la más filosófica de todas las formas de escritura, [porque] su tema es la verdad, no particular y parcial, sino universal y válida; no dependiente de evidencia externa, sino del corazón, de pasión despertado”.

A mí me gusta concebir a la poesía así o al estilo de Gerardo Deniz, cuyo nombre de pila fue Juan Almela Castell (Madrid, 14 de agosto de 1934 – CdMx, 20 de diciembre de 2014, a los ochenta años de edad). Quizá me identifico con él porque además de escritor, traductor y poeta, fue un gran editor. En 2008 el poeta David Huerta dijo que el estilo literario de Gerardo Deniz:

Deniz amó la música y siempre se acompañó de ella pero como poeta, como Gerardo Deniz que nació de los 34 años, lo condensa todo. Leamos un poema suyo, del libro Gatuperio:

Ignorancia


Cuando se quita usted del labio el epíteto escupiéndolo al
rostro de la amada,
siente usted que ha cumplido, hasta que le sale otro,
v. gr. de tabaco,
y el proceso se repite ad nauseam.
Lo malo es esa manigua poblada de grillos y leopones,
esa insuflación de burbujas en el tuétano
—en una palabra, todo lo que hormiguea, desazona un rato
y hace amanecer los lunes
pensando
cómo será que a mis tíos y tías los poetas
les ocurre lo que relatan
y viven para contarlo.

Muchos han calificado a la poesía de Deniz como extraña. José María Espinasa aclara esto: “la obra poética de Gerardo Deniz es extraña porque habla de una relación poco convencional entre la escritura y la vida: ‘Pensar que esta escritura es fría y distanciada de la experiencia, es simplemente no entender nada; la experiencia está ahí todo el tiempo’”. [6]

Pero, ciertamente, para mí, la poesía de Gerardo Deniz es difícil más que extraña, y es exigente. Exige conocimientos, exige un diccionario a un lado, exige apertura. Y sí, también es siempre innovadora. Revela sus investigaciones, sus lecturas y conocimientos específicos sobre el tema que aborde.

Y esto es evidente en varios de sus libros, pero muy en particular en Amor y oxidente (paráfrasis del estudio de Denis Rougemont: Amor y occidente). En ese poemario Deniz se manifiesta también como filósofo, si es que por filosofía entendemos lo que el Diccionario de la Real Academia Española define como el “Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano”.[7]

Con un lenguaje llano, directo, conversacional, Deniz crea metáforas heterogéneas, cautivantes, pero también perturbadoras o incluso incómodas. El poeta Eduardo Lizalde afirmó que Deniz es un autor muy difícil para los lectores en general

Cierro con él porque entre muchos representa al poeta filósofo. En él esa frontera, esa zanja de la que hablé, entre poesía y filosofía, se pierde o se matiza hasta casi borrarse, como se difumina la barrera entre el pensar y el sentir, todo se vuelve uno:

Lean “Fecal”, poema publicado en el número 189 de la revista Vuelta, que apareció en agosto de 1992. Se lo dedicó a “doña Margarita Michelena”, quien, como él, fue traductora, crítica literaria y poeta, además de periodista.

Tanta cosa como estudian, y nadie se interroga

por la mierda de los seres mitológicos.

¿Era ancha plasta la del Minotauro?

¿boñigo ovoide la de la Quimera?

¿Eran mixtas, acuosas, blancuzcas, como de ave

las deyecciones de la Hidra? ¿especialmente pestalocis

las de la Esfinge? ¿Fue estreñida Escila?

¿Qué aclarar, al respecto, de Tifón?

-si Nonno nos lo pinta melómano, entre otras cosas,

informa muy poco acerca de sus aguas mayores.

Fuentes, las eternas; los vasos, las inscripciones, la colección Teubner

y hay otras. Que perforar tarjetas. Paralelamente

convendría establecer el corpus de los coprolitos

encontrados en la cuenca mediterránea,

Asia Menor, el Euxino y aun Panticapea, por si acaso.

Ir, cada mañana, del manoseo respetuoso

al banco de datos, y viceversa.

Llevar un cedazo de Boas en la canana

y, mientras no se vea claro, buscarle funciones inéditas

con entremeses, postres y otros materiales no procesados.

Direos, congéneres, lo que a mi juicio ocurrió

(y si los resultados de las investigaciones computadorizadas discrepan,

peor para las investigaciones computadorizadas):

los excrementos de cada uno de aquellos

entes abonaron parcelas del escribir clásico,

géneros nuevos brotaron en suelos feraces

diferencialmente, y así tuvimos tragedia y comedia,

épica y lírica, historia, elocuencia,

más la filosofía, cosecha inexhaurible.

Olfateando las clámides a distintos estilistas

-como esos conocedores que huelen los corchos del coñac podría

conjeturarse, apostar.

Ego, inquit, poeta sum… (Yo, dijo, soy un poeta…)


FUENTES

[1] Juan José Sanguineti, “Dolor”, Philosophica, en: < https://www.philosophica.info/voces/dolor/Dolor.html#:~:text=Es%20un%20estado%20de%20la,normalmente%20relaciones%20con%20los%20dem%C3%A1s.>. Consultado el 13 de abril de 2024.

[2] Frederich Niezstche, Más allá del bien y del mal. Madrid: Alianza Editorial, 1980.

[3] Jean-Paul Sartre, ¿Qué es la literatura? (Situations II), trad. de Aurora Bernárdez. Buenos Aires: Losada, p. 275.

[4] Jean-Paul Sartre, Cahiers pour une morale. (Cuadernos para una moral). París: Gallimard, 1983, pp. 42 y 46.

[5] Lourdes Salgado, “Gerardo Deniz: la multiplicada poética”, 13 de abril de 2011, en Literatura inba, en: https://literatura.inba.gob.mx/semblanza2/3205-gerardo-deniz-semblanza.html. Consultado: 11 de abril de 2024.

[6] Idem.

[7]Diccionario de la Real Academia Española, ‘Filosofía’, s/f, en: https://www.google.com/search?q=Sigificado+de+filosof%C3%B3a&oq=Sigificado+de+filosof%C3%B3a&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOdIBCDU1OTFqMGo3qAIIsAIB&sourceid=chrome&ie=UTF-8. Consultado el 11 de abril de 2024.

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