Maira Colin

Ciudad de México; 22 de enero de 2023

En su libro Eros the Bittersweet, traducido por Mirta Rosenberg y Silvina López Medin como Eros el dulce-amargo, Anne Carson afirma que “Todo deseo humano se balancea sobre el eje de una paradoja, la ausencia y la presencia son sus polos; el amor y el odio, su energía motriz”. Son estas fuerzas, justamente, las que vemos en juego en Colección privada. El gabinete de las maravillas, de Gustavo Íñiguez (Valle de Guadalupe, Jalisco, 1984).

El libro inicia con una voz en tercera persona que dicta una serie de instrucciones para poder atrapar un pájaro. Sin embargo, conforme avanzan los versos, se entreteje una intimidad que nos conduce al verdadero motivo del libro: las fuerzas conjugadas en las constelaciones que forman una familia. Ese sentir colectivo que, por supuesto, define a los sujetos que ahí interactúan y que ha sido motivo de tantas reflexiones a lo largo de la historia humana.

Para ahondar en el dolor que se gesta en la familia, Íñiguez hace uso de dos grandes artificios que acompañan al lector en ese recorrido personalísimo: la vista de distintas pinturas ejecutadas por maestros del arte flamenco como Brueghel el Viejo, el Joven y Abraham Brueghel, al igual que los gestos más triviales y cotidianos en donde la voz del padre, de la madre y de los hermanos se nos muestran como pequeños desastres que solo tienen cabida en las relaciones filiales.

Así se presenta este poema comandado por la figura paterna en una dualidad donde el progenitor es un animal a capturarse y que, al mismo tiempo, se configura como una provocación del deseo, un desafío en el que los límites corporales se quieren difuminar:

Quiero ser el primer

en atrapar a mi padre.

Me descubro las piernas.

Si me mira:

Desato la culpa

y avanza

hacia adentro el sol.

Es medio día en el desierto.

Ansío

un calor parecido que me aturda

un ardor similar que me recorra

mientras quema

si separa

mis piernas.

La siguiente parada en este recorrido comienza con la referencia a La torre de Babel de Brueghel el Viejo, que sirve como metáfora para mostrar cómo toda deriva comienza en el seno familiar. Son esas conmociones primarias las que alcanzan nuestro presente, las que irradian nuestras vidas prácticamente en todo momento. Las que, al parecer, definen muchas de nuestras tragedias. La torre de Babel es, entonces, ese entramado en el que el ejercicio de las lenguas solo es una muestra de las diferencias entre nuestros mundos, entre nuestros dioses domésticos.

De ahí Íñiguez salta al quebranto que representa Tormenta en el mar, también de Brueghel el Viejo. La relación con el hermano toma cada uno de los poemas. El dolor del cuerpo se instala como un medio que, inevitablemente, nos lleva a otro lugar de conciencia: el dolor como facilitador de imágenes oníricas, visionarias, en las que el hermano se convierte en un marino a la deriva, y quien lo observa, solo tiene la oportunidad de ser testigo de su debacle.

Se sacude

se inclina.

Intentan sumergirlo

y sale a flote

:mi hermano:

Es un barco

atrapado

en la tormenta

que reaviva

el Caspio

toda la sal que alcanza

la única lesión:

su pierna corta

mutilada

hecha de puntas

que lastiman.

Los siguientes cuadros, que irradian esa profunda calma que antecede o culmina las desgracias, continúan el diálogo tripartita entre lector, escritor y pintores. El soporte de las imágenes creadas por los flamencos guía la mirada sobre el pasado; le da la oportunidad al autor de observar desde distintos ángulos para, finalmente, encontrarse con que la melancolía es lo único que permanece. 

Madre, hermanas, el lugar de origen… Todo ello forma un compás que poco a poco arrasa con los buenos momentos, con la nostalgia, con la sorpresa, para solo dejar de pie las palabras que dan cuenta de las dificultades que implica la existencia.

Colección privada. El gabinete de las maravillas es un acierto más de Mantis, la editorial comandada por Luis Armenta Malpica, y un parteaguas en la obra de Gustavo Íñiguez, donde el poeta nos muestra que hay formas distintas de visitar el pasado, salir avante y aprehender el mundo.

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Gustavo Íñiguez, Colección privada. El gabinete de las maravillas. Mantis Editores, Guadalajara, 2021, 97 pp.

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Maira Colin / Ciudad de México, 1978. Poeta y narradora. Ha ganado diversos premios nacionales e internacionales en los géneros de cuento, poesía, ensayo y guion. Fue becaria del Fondo para la Cultura y las Artes (FONCA) en el género de novela. Ha publicado el libro de cuentos para jóvenes Atrapados en la red (2010), el libro para niños El secreto de los animales (2012), la novela Salida de emergencia (2016), y los libros de poesía Mentí cuando te dije que seríamos felices para siempre (2018) e Indóciles (2020).

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