Ramsés Mercado: imagen e información. Redacción VcV

Toluca, México; 5 de diciembre de 2022

Pedro Gómez González es de San Pablo Autopan, un pueblo al norte de Toluca que los últimos cinco años se ha visto asolado por una violencia incontenible. Junto con toda la zona norte de Toluca, pareciera que sólo violencia es lo que hay, pero no es verdad y el trabajo que realiza Gómez es una muestra de ello.

“Estamos en mi taller donde hacemos las casitas y los nacimientos para la Navidad. Se trata de un taller familiar y todos trabajamos aquí”, dice el artesano mientras va cortando y clavando las maderas que darán forma a los pesebres, que casi todos ponen en sus casas en estas fechas, porque Toluca es violenta y feminicida pero por otro lado profundamente católica.

Pedro y su familia no son improvisados y si alguien sabe hacer estos objetos son ellos porque tienen 28 años trabajando. Dice que no le costó mucho aprender a hacer los nacimientos y que “nomás viendo y llevando a cabo las ideas que se nos venían a la cabeza” fue suficiente. Pero es modesto. Se trata de un trabajo constate que durante todos estos años le ha dado la experiencia y la habilidad suficientes para conseguir lo que hoy muestra. Además, trabaja con madera que nadie quiere o que se ha tirado, dándole un nuevo uso.

“La trabajamos y recolectamos el zacatón que se da en el campo. Para nosotros hacer estas casitas es una tradición que año con año se refuerza”, dice Gómez, quien tiene 50 años y comienza a trabajar apenas entra octubre.


Tiene que recorrer aserraderos para juntar los trozos de madera y darse una vuelta por los campos de Autopan, que todavía es una región rural y donde una parte de sus habitantes dependen de los cultivos.

Este es un año para recuperarse porque a ellos también les afectaron los dos años de encierro e incertidumbre que dejó la pandemia de coronavirus. Así que habrá pesebres desde 20 hasta 500 pesitos, dependiendo del tamaño y del trabajo de las piezas. Además, es un trabajo que dura mucho tiempo si se cuida, hasta unos cinco años, dice él.

“Nos nació del corazón hacer estos trabajos y de la familia, que quiso poner un nacimiento bonito, de ahí se desprendió el negocio familiar. El resto del año nos dedicamos al comercio. Nosotros rescatamos antigüedades y además hacemos percheros para la gente”, dice el artesano, que tiene su taller en la calle de Nicolás Bravo, en la esquina con Gómez Pedraza.

Ahora sus nietas también ayudan en el taller.

“Para que se les quede y puedan continuar esto”, dice Pedro, quien recuerda que la Navidad no es el árbol, sino el nacimiento.

Deja un comentario