Toluca, México; 28 de noviembre de 2022

C. Miguel Ángel Alvarado

Director editorial Viceversa Noticias

P R E S E N T E

Integrantes de la Asamblea de Trabajadores de los Medios Tenemos que Hablar acudimos a la remozada Plaza de los Mártires, en el centro de Toluca, para montar una ofrenda en memoria de los periodistas agredidos y asesinados en los últimos años en el Estado de México. Se trata de un espacio público que hasta hace un año era una enorme plancha vacía, idónea para la manifestación pública. Por años, ha sido utilizada por cientos de organizaciones y ciudadanos hasta que al gobernador mexiquense, el priista Alfredo del Mazo, se le ocurrió ponerle jardineras y pasillos, los cual pulverizó el necesario espacio abierto y de paso se llevó la posibilidad de realizar plantones y protestas estructuradas. No quiere decir que no se puedan realizar, sino que el espacio ha sido acotado y los monumentos o memorias que ahí estaban, como los de algunos casos de feminicidio, fueron retirados y colocados en un rincón, fuera de la vista general.

Pero la plaza sigue siendo pública y el espacio para todos. Así que decidimos poner nuestra ofrenda en los pulidos pasillos, colgar algunas lonas de los extraños faroles que pusieron para medio alumbrar por la noche y en el piso colocar flores y fotografías con los rostros y nombres de quienes han sido golpeados y asesinados. A las cinco de la tarde algunos de los compañeros comenzaron a colgar una lona, después de poner la de la Asociación Tenemos que Hablar en el piso. Un minuto después, llegaba el primer policía y detrás de él, una decena más.

Ya sabíamos que eso iba a pasar, que había una alta probabilidad de que se llamara la atención de la policía y del gobierno estatal por esta ofrenda, que además se hacía en plena Feria del Alfeñique, uno de los festivales que más público atraen. Lo policías primero miraron los mensajes que se habían impreso en las lonas. Una de ellas decía “Periodistas asesinados en Edomex 200-2022”. Debajo de ese encabezado se habían colocado tres imágenes de compañeros asesinados en el Estado de México y después se había elaborado una lista con los nombres de quienes han sido ultimados debido al trabajo en medios de comunicación que realizaban.

No habían pasado ni 10 minutos cuando enfrente de nosotros, en una de las largas bancas que colocaron en ese espacio, cuando pudimos observar al menos a 10 orejas o agentes vestidos de civil que reportaban la presencia de extraños colocando unas mantas en la recién estrenada plaza. Unos espiaban para el ayuntamiento de Toluca, otros para el gobierno del Estado y algunos más las diferentes corporaciones de policía. Estas personas se ubican todos los días a las afueras de los edificios de gobierno, la Catedral algunas plazas cercanas. Caminan las calles cercanas y apuntan un parte de novedades que forma parte del espionaje público que hace décadas fue implementándose. Se mezclan en las manifestaciones, orejean y señalan con la policía a quienes son los líderes visibles. Ahora, son más flojos, más cínicos.

-¿Me da su nombre? ¿Usted es el responsable? Es que es para mi reporte.

-Somos periodistas. Mi nombre es Miguel Alvarado.

-¿Qué están haciendo? ¿Se van a tardar mucho?

-Vamos a poner una ofrenda. Sí.

Mientras preguntaba, apuntaba lo más rápido que podía mientras otros nos tomaban fotos. Un policía le gritó a uno de los compañeros que debía quitar la lona “¡porque es mi plaza!”. Al final, llegaron los “administradores”, que hicieron el intento por impedir que la ofrenda se colocara. Para entonces, la bolita de espías y halcones había tomado asiento en primera fila. Pero también llegaban otros periodistas y la gente que pasaba se quedaba un rato. A todos, también a los policías, se les repartió el boletín informativo que se había impreso. Después algunos periodistas tomaron la palabra y contaron las experiencias de violencia que han vivido en las calles y también en sus redacciones.


Los orejas apuntaban todo y todo era metido a sus hojas para informes. Al final, apagaron el alumbrado público para obligarnos a irnos, pero ya habíamos cumplido con el programa.

El despliegue de espías del Estado para algo tan pacífico como la instalación de una ofrenda o memoria llama la atención. Quiere decir que en otro tipo de escenarios quienes participan están totalmente monitoreados, a la antigua, que es el mejor de los sistemas porque intimida de golpe a quien descubre que es observado o seguido. También quiere decir que el tema de los reclamos preocupa sobremanera al aparato de gobierno, y que así como le interesa eso, no le importa mínimamente el origen de los reclamos, es decir, al Estado no le importan las agresiones, los asesinatos ni las aberrantes condiciones de trabajo que hay en casi todos los medios de comunicación de Toluca y del Estado de México.

Pero esas muertes y esos abusos tampoco interesan en los medios de comunicación, ni a los dueños de estos medios y a quienes se desempañan como jefes o directores. Por eso, la importancia de organizarse disciplinadamente, de buscar espacios adecuados para crecer y platicar acerca de los abusos labores, de las agresiones y de sus consecuencias, es cada día más importante.

Quienes trabajan en medios de comunicación y quieren organizarse se encuentran atrapados también en las conductas que dictan las dinámicas empresariales y que parecen reducir las acciones que puedan emprenderse en defensa de los derechos laborales. A quienes se organizan se les estigmatiza, se les boletina para que se les imposibilite encontrar trabajo y también las acciones que pueden ejecutarse se van orillando hacia lo anónimo. Para esta defensa se necesita tiempo y se necesitan ideas. Para participar se requiere de trabajar de manera extraordinaria en equipo, por el bien común. Las condiciones no están dadas. Y por eso se requiere de mayor participación. Como toda lucha desde la que se exige algo, tiene que ser constante. Periodistas y reporteros se caracterizan por ingeniosos, pero este reclamo es inédito, al menos en Toluca, y por eso se construye el camino.

Que los policías rodearan a periodistas en una plaza pública cuando colgaban una manta para reclamar por sus compañeros asesinados, es algo que no tiene precio.

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