Genoveva Castro Meagher/ Punto en Línea. Karen Colín: diseño.

Ciudad de México; 15 de mayo de 2022

En el ensayo City of women o “Ciudad de mujeres”, Rebecca Solnit observa que la nomenclatura de la ciudad de Nueva York y todas las ciudades del mundo es abrumadoramente masculina. Los nombres de las calles, monumentos y edificios pertenecen en su gran mayoría a varones mientras que los nombres de mujeres son escasos. A partir de esa evidencia, Solnit creó un mapa del metro de Nueva York en el que todas las estaciones tienen los nombres de las mujeres famosas de la ciudad. Por mi parte, hice el ejercicio de reflexionar acerca de la nomenclatura de la Ciudad de México e imaginé una sección en la que solo hay nombres de mujeres en las calles.

¿Por qué importan los nombres de avenidas, plazas, colonias o estaciones del metro? El historiador francés Pierre Nora, conocido por su trabajo sobre identidad francesa y memoria, acuñó el concepto de lieux de memoir o “lugares de memoria” como una entidad que se vuelve un elemento simbólico y a la vez material, en la remembranza de una comunidad. Una noción histórica particular queda petrificada en los “lugares de memoria” y se transmite a las generaciones futuras.

¿Cuáles son los principios que han regido la selección de nombres en la Ciudad de México? El libro de Carlos Morales Díaz, titulado Quién es Quién en la Nomenclatura de la Ciudad de México, publicado en 1962, ofrece una breve biografía de las personas cuyos nombres se encuentran en las calles de la ciudad. El volumen tiene más de 500 páginas y está organizado alfabéticamente. La letra “A” comienza con Mariano Abasolo, caudillo de la guerra de Independencia, y termina con José Azueta, defensor de Veracruz durante la Invasión norteamericana. De 101 entradas de nombres con “A” tan solo 2 corresponden a mujeres. He designado algunas categorías de personajes en orden de importancia. El mayor grupo lo conforman individuos destacados en el ámbito intelectual o artístico: escritores, profesores, poetas, historiadores, pintores, músicos. El siguiente, personas que lucharon en una guerra: Conquista, Independencia, Invasión francesa, guerras con los norteamericanos y Revolución. Un pequeño grupo de científicos e inventores, seguido de personajes del México prehispánico y finalmente un par de figuras religiosas de la época Colonial y un beato. La mayoría de las personas de la letra “A” son mexicanos, españoles o criollos con la excepción de 7 individuos. Una de las mujeres cuyo nombre aparece en una calle es María Eloísa Amador (1875-1943), una profesora que enseñaba a leer a niños y adultos de casa en casa, además de organizar eventos que promovían valores cívicos.


El autor nos dice que era muy estimada en la localidad de Azcapotzalco, que es en donde se encuentra la calle con su nombre. La segunda mujer es Juana de Arco, santa francesa del siglo XV, una mujer que no significa nada en la historia de México.

Una revisión de los nombres de las calles en el libro de Morales Díaz deja ver un gran número de escritores, artistas, militares, revolucionarios, gobernantes, personajes mexicas, chichimecas, tecpanecas, tlaxcaltecas; ninguna mujer indígena. Las poquísimas mujeres cuyos nombres están en las calles con frecuencia pertenecían a familias ricas y caritativas como Concepción Béistegui, Isabel Betti o Luisa Martínez de Rodríguez Saro. Su contribución al mundo fue su fortuna.

Revisemos pues la nomenclatura detrás de las 16 alcaldías de la Ciudad de México. La toponimia prehispánica se retiene en 7 de ellas: Azcapotzalco, Coyoacán, Iztacalco, Iztapalapa, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco. Milpa Alta es un nombre colonial basado parcialmente en el nombre indígena. Otras 7 alcaldías tienen nombres de personajes históricos: Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Álvaro Obregón, Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza y la combinación de nombre indígena y personaje histórico en Cuajimalpa de Morelos. La única alcaldía con un nombre femenino es Magdalena Contreras, el nombre de Magdalena es en honor a santa María Magdalena. La localidad fue nombrada por los frailes durante la colonia, y Contreras por el apellido de la familia dueña del territorio también en la época colonial. La narrativa que vemos en los nombres de las alcaldías es que la ciudad tiene una historia prehispánica, colonial, independentista, de Reforma y Revolución con un legado cristiano en el que las mujeres no juegan ningún papel. Los nombres de ciertos varones se repiten ad nauseam.

Las líneas del Metro también tienen un legado histórico. Por ejemplo, en la línea 3, los personajes históricos aludidos corresponden a las guerras y gobiernos del siglo XIX y la Revolución: Guerrero, Hidalgo, Juárez, Balderas, Niños Héroes y Zapata. Una estación más, División del Norte, recuerda la facción armada revolucionaria. Solamente la estación Eugenia inmortaliza a una mujer, Eugenia Ojeda, esposa del dueño de una gran finca en la Ciudad de México.

¿Acaso no hay mujeres mexicanas ilustres, artistas, luchadoras sociales, escritoras, poetizas, historiadoras, científicas, inventoras, ingenieras que hayan hecho algo más que pertenecer a acaudaladas familias? Los espacios que habitamos en la Ciudad de México conmemoran una historia profundamente machista filtrada por la Revolución. ¿Por qué no tenemos el aeropuerto internacional Sor Juana Inés de la Cruz, la alcaldía Frida Kahlo, el eje vial la Malinche o la estación de metro Dolores del Río?

Propongo renombrar una fracción de Coyoacán y sustituir los nombres: Ignacio Allende, Benito Juárez, Belisario Domínguez, Presidente Carranza, Felipe Carrillo, Francisco Sosa, Vito Alessio Robles y Tata Vasco. Inclusive este pequeño gesto sería un cambio radical. Imaginemos la avenida Soldaderas, para rememorar a aquellas mujeres que acompañaban a las unidades militares en la Revolución. La calle Hermila Galindo, en memoria de una mujer feminista de principios del siglo XX que tenía ideas muy progresistas en temas de educación, sexualidad y divorcio. La vía 3 de julio de 1955, fecha en que las mujeres votaron por primera vez en México. La calle aledaña Concepción Mendizábal Mendoza, primera mujer mexicana en obtener el grado de ingeniera. La cerrada Soraya Jiménez, deportista, medallista olímpica y pionera en la halterofilia. La calle Sofía Cancino de Cuevas, cantante, compositora, promotora de la música y primera directora de orquesta. La avenida Lola Álvarez Bravo, como distinción a la destacada precursora de la fotografía. Y la vía Tecuixpo Ixtlilxóchitl, mujer indígena que aparece en las crónicas de la conquista, hija del tlatoani y bautizada posteriormente como Isabel de Moctezuma. Mujeres mexicanas notables hay muchas, necesitamos que la ciudad nos las recuerde, que nos enseñe quiénes son a cada paso que damos en la urbe. Las mujeres también queremos experimentar lo que se siente ser representadas ampliamente en los espacios citadinos.

Genoveva Castro Meagher (Ciudad de México, 1974) estudió la licenciatura en Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Su tesis de licenciatura fue sobre el desarrollo urbano de la Ciudad de México, particularmente en Coyoacán. Posteriormente, cursó la maestría en Estudios de Asia y África en El Colegio de México. Estudió Literatura Sánscrita en la Escuela de Estudios Orientales de la Universidad de Londres y el doctorado en Lengua y Literatura del Sur de Asia en la Universidad de Washington. Se concentró también en el aprendizaje de las lenguas hindi y urdu en programas en los Estados Unidos y la India. Se ha enfocado en el análisis literario desde una perspectiva multilingüe en el sur de Asia. Actualmente es profesora en la Universidad del Sur de Connecticut.

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