Miguel Alvarado/ AI: texto. Karen Colín: imagen

Toluca, México; 12 de mayo de 2022.

Daniela Sánchez Curiel, 2015.

Nadia Muciño Márquez, 2004.

Diana Velázquez Florencio, 2017.

Julia Sosa Conde, 2018.

Todos los casos se presentaron en el oriente del Estado de México.

Son desaparecidas mexiquenses. Daniela “se perdió” en el oriente de la entidad después de discutir con su pareja. Nadia, Diana y Julia están muertas, asesinadas por feminicidas. Estos casos fueron tomados por Amnistía Internacional México (AI) y su directora ejecutiva, Edith Olivares, dicen que en el caso de Diana y Nadia se encontraron grandes deficiencias que se refieren a que las autoridades de la Fiscalía del Estado de México no saben investigar, no pueden guardar la evidencia, no saben cuál es la evidencia para acreditar un feminicidio o una desaparición. Por ejemplo, no hacen periciales básicas como el raspado de uñas para saber si una víctima se defendió, o el exudado vaginal, que permite saber de violencia sexual, y que son elementales para acreditar un feminicidio.

La Fiscalía, dice AI, presenta las mismas deficiencias que las que se cometieron con los feminicidios de Ciudad Juárez, hace 30 años. En 2003, AI realizó un informe denominado “Muertes intolerables” en donde se documentaron esos casos cuando no existía el tipo penal de feminicidio. Ahora se tienen fiscalías especializadas y policías de género, pero se siguen cometiendo las mismas deficiencias.

De estas mujeres, se ha realizado un mural que las recuerda, un mural itinerante que es parte de la campaña “Hasta ser escuchadas”, impulsada por AI, y que pusieron en la sede del Poder Legislativo, la presunta Casa del Pueblo que por un lado alberga este tipo de expresiones y por otro retrasa, entorpece e invisibiliza casos de personas injustamente presas en el Estado de México.

Este enorme retablo o cuadro estuvo primero en el Museo de Memoria y Tolerancia y estará en la Cámara hasta el 10 de junio y es parte de la historia que no debe ser olvidada para que no se repita; para que, si vuelve a pasar, no quede impune. El mural con el rostro de las mujeres mencionadas se ha pintado en un país mayoritariamente católico, exacerbadamente futbolero y machista, y profundamente feminicida.

De acuerdo con la funcionaria de AI, pretende llevarse también a la sede de la Fiscalía del Estado de México, que junto con la Cámara de Diputados representan un sitio de oprobio y abuso, de vejación a los derechos humanos de los ciudadanos que no tienen dinero suficiente para acceder al sistema de justicia que se imparte en una entidad corrompida como ésta.

Estos casos se encuentran documentados en el informe “Juicio a la Justicia. Deficiencias en las investigaciones penales de feminicidios precedidos de desaparición en el Estado de México”, que por fin atrae la atención de una organización como AI, la cual se encarga de vigilar procesos en los que el gobierno ha abusado de personas.

AI ha confiado en la palabra del nuevo fiscal del Edoméx, José Luis Cervantes, quien ha prometido que él mismo, cuando el mural llegue al edificio donde trabaja, en junio, realizará una disculpa pública con las familias de las asesinadas. “Además, se comprometerá a corregir todas las deficiencias que se cometieron en estas investigaciones y a no cometer los mismos errores”.

A la organización de AI le pasó lo mismo que a otros organismos independientes, como el Grupo Interdisciplinario de Expertas Independientes, cuando solicitó las sábanas de llamadas a la PGR en 2015. Se las entregaron, pero incompletas y eso fue lo que el Grupo presentó en su segunda entrega, un informe sesgado porque apenas contenía mínimos datos para trabajar. Confiar en instancias de justicia en México equivale a entregarles una confianza que hace muchos años fue pulverizada, violada, corrompida.

“La disculpa pública es un acto político de reconocimiento para las familias y es un primer paso, un paso inicial. Lo importante aquí es que esta Fiscalía y todas las de este país, se comprometan primero a saber cuáles son los recursos que ellos necesitan para poder erradicar estas deficiencias. Es un cambio estructural que probablemente requiera varios años”, dice Olivares.

En contexto, estos cuatro casos mexiquenses se suman al del normalista de Ayotzinapa, Julio César Mondragón Fontes, desollado en vida en la ciudad de Iguala el 26 de septiembre de 2014, y cuyo caso no ha sido resuelto. Además, tanto la antigua Procuraduría como la actual Fiscalía de la República, así como la Comisión de la Verdad para Ayotzinapa, han negado a la familia, que vive en Tecomatlán, en el Estado de México, el acceso total al expediente y por eso no se conoce en qué situación se encuentran las investigaciones. AI tiene conocimiento de eso y ya interviene también para que la justicia favorezca a esta familia.

El Estado de México es una de las entidades federativas más peligrosas para las mujeres en México, ocupa el primer lugar en número de feminicidios cometidos cada mes y la mayoría de los crímenes quedan impunes.

“Las deficiencias en que incurren las autoridades investigadoras, ha llevado a las familias de las víctimas a involucrarse en las investigaciones en su afán por lograr que se les haga justicia. De esta forma invierten tiempo, recursos, se involucran en tareas especializadas que deben realizar las autoridades, como realizar labores de búsqueda, e incluso en ocasiones las propias autoridades llegan a amenazar y acosar a las familias”, agregó Edith Olivares.

Amnistía Internacional brinda acompañamiento a las familias de las víctimas incluidas en el informe Juicio a la Justicia. En ese sentido, ha sostenido reuniones con la FGJEM, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México y con legisladores locales.

“Con el mural se busca honrar también la memoria de las miles de mujeres que han sido víctimas de feminicidio en México y cuyas familias llevan décadas luchando por acceso a la justicia, a la verdad, a la reparación integral del daño y a garantías de no repetición”, precisó Olivares.

Participaron las madres de mujeres víctimas de feminicidios ocurridos en el Edomex: María Antonia Márquez, mamá de Nadia Muciño Márquez; Laura Curiel, mamá de Daniela Sánchez Curiel; Lidia Florencio Guerrero, mamá de Diana Velázquez Florencio y Ana Sosa, hija de Julia Sosa Conde.

La obra fue diseñada por la muralista Moon Venture.

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