Texto: Miguel Alvarado.

Información: Ramsés Mercado.

Diseño: Karen Colín.

Toluca, México; 22 de noviembre de 2021.

Este es uno de los casos más duros porque implica el asesinato de un menor, la violación de una niña y el encubrimiento de los hechos por parte de la madre. El asesino, la pareja sentimental de la madre, está detenido pero existe una posibilidad de que salga libre, de acuerdo al proceso que sigue.

Este caso representa también el reflejo de una sociedad que no funciona, que hace mucho tiempo está enferma, de una impartición de justicia que no sirve y de la pobreza que determina el fracaso de los procesos judiciales. ¿En qué momento alguien decide matar a un niño y atacar a una pequeña? En el momento en que sabe que puede hacerlo y que tiene una posibilidad, así sea mínima, de escapar. Ya apresado, sabe que incluso sus opciones son mucho mayores, porque la justicia misma lo provee de herramientas, las cuales ahora aprovecha. Este caso representa la contradicción viva de quienes señalan todas las mañanas que la violencia ha disminuido y que se vive en un país feliz. Es también un dibujo exacto de políticos como el gobernador priista Alfredo del Mazo, como el alcalde de Toluca, el morenista Juan Rodolfo Sánchez, que han conducido administraciones que no responden a nada, excepto a procesos electorales, herencia de los gobiernos, de los grupos que los anteceden y cobijan.

Miriam es la abuela que ha visto cómo abusaron en Toluca de su nieta: la violaron, la golpearon, le marcaron el rostro y ahora pasa por una crisis de la que no puede salir. Pero también es abuela de otro niño al cual mataron a golpes. “Lo torturaron hasta que quisieron”, dice ella midiendo sus palabras, respirando hondo para poder decirlas.

Y las cosas van mal porque en el proceso que implica las agresiones de la nieta, aunque ya hubo una sentencia por 22 años y 7 meses. Además, debe pagar 88 mil pesos de multas y 893 mil pesos más por los daños ocasionados a la pequeña. La abuela teme que en la apelación el agresor pueda salir libre. Además, puede utilizar un amparo a la sentencia.

-Para mí eso es una burla, porque la asesora me dijo que pueden pasar hasta ocho años para que al responsable se le obligue a pagar esa cantidad, y si no tiene, nunca los va a dar- dice la abuela mientras estruja en sus manos los documentos que tiene.


El padre del agresor es policía y gracias a eso ha presionado para que el proceso se haya alargado de manera inusitada. La niña agredida ha quedado con secuelas debido a los hechos traumáticos que ha vivido y no ha recibido atención de ningún tipo.

– Ha pasado un año de eso y yo no he visto nada, no he visto las promesas que me hizo el presidente [municipal] Juan Rodolfo [Sánchez Gómez]. En el proceso de mi nieto asesinado no me dicen qué es lo que está pasando, y no me dicen porque mi hija quedó como víctima en ese expediente. Pero resulta que mi hija tiene una investigación en su contra por el mismo caso, pues el juez lo ordenó.

Por ahora, mi nieta está a mi cuidado, pero no ha sido nada fácil- dice la abuela.

No, es un proceso fácil para nadie. Lo que ha vivido la familia tiene el poder de la desintegración, de cambiar la vida de una familia y en su lugar imitarla, poner algo que se le parece pero que en realidad es un hoyo, la opresión permanente de las entrañas. No, no es un proceso fácil, incluso, a veces, resulta un proceso imposible. Ahora la nieta llora, se despierta gritando y piensa que no habrá comida para el día mañana. Por eso esconde sus alimentos y es agresiva. Grita de rabia.

– Dijeron que me iban a mandar a la Comisión Ejecutiva de Víctimas de la entidad. Fui una vez y me dijeron que me hablarían. Jamás me hablaron. Me dijeron que me iban a dar una beca para la niña, pero aunque llevé los papeles tampoco hubo ese apoyo. [El alcalde de Toluca] Juan Rodolfo [Sánchez] dijo que daría un apoyo al mes para la niña… ¡tampoco llegó! En la escuela debo lo del libro, debo la colegiatura. Algunos me regalaron ropa, zapatos, pero ya no quedan. Ella vino a mi casa a vivir con nosotros. La pusimos aparte para que tuviera sus cosas, su propio cuarto, pero eso también ha generado gastos. Incluso la niña tiene hasta dificultad para ir al baño. Sólo ir a los juzgados con ella me cuesta 350 pesos, casi dos días de comida- dice la abuela.

En la familia, quien trabaja es el abuelo, quien debe hacerlo cinco días a la semana para garantizar la subsistencia. Pero el mayor miedo que tienen es que el proceso por el asesinato de su nieto se pierda. No saben a ciencia cierta en qué parte de la investigación se encuentra.

– Yo les advertí muchas veces que yo veía que mis nietos estaban en una situación muy difícil, y ahora las autoridades me digan que no, que a mí no se me puede decir nada. ¿La justicia aquí en México? La justicia en México no existe y menos para los que menos tenemos. A mí muchas veces se me prohibió hablar y que todo quedaba entre el asesor, la ministerio público y yo, pero yo ya no puedo- dice ella, quien ahora sabe mejor que nunca que los niños pobres, los pobres en México no pueden acceder a la justicia porque tiene un costo que no puede pagarse.

En enero de 2021 el niño fue llevado al hospital porque “no reaccionaba”. Ese día, la abuela descubrió que la pareja sentimental de su hija abusaba de la pequeña. Desde ese momento realizaron una denuncia por abuso y lesiones. Mientras estaban en la Fiscalía, les anunciaron que el niño acababa de fallecer. Después, la familia se enteró de que la niña había sido testigo de las agresiones que habían causado la muerte de su pequeño hermano: el asesino lo tomó en vilo y después lo dejó caer. Pero era un niño maltratado ya, e incluso le habían quemado los pies tiempo atrás. La causa del fallecimiento, dictaminan los médicos, fue un golpe en la cabeza. También la pequeña tenía quemaduras de segundo grado en las manos, producto de una agresión anterior. De acuerdo a la investigación, la pareja de la hija aprovechó que se llevaban al niño al hospital para violar a la pequeña, que se había quedado con él.


Al otro día el asesino fue detenido, aunque la mamá de los niños lo encubrió declarando que la nana que había contratado -la cual no existió nunca- era la responsable.

La abuela se derrumba porque ha visto desde mucho antes de que todo pasara el futuro que ahora ha alcanzado a la familia. Ella lo dice muy claro: “no quiero que me den dinero, quiero que la metan a un psicólogo, que sea una niña normal. Juan Rodolfo prometió muchas cosas y nunca le dio nada”. El alcalde morenista de Toluca, refiere la abuela, llevó una sola vez unas flores, pañales y leche, y jamás lo volvieron a ver.

Al final, la abuela recuerda un detalle que declaró en su denuncia: el hombre que mató a su nieto, que violó a su nieta, porta un brazalete de pre-liberación.

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