Miguel Alvarado

Toluca, México; 18 de octubre de 2021.

Ahí están ya los aspirantes a suceder al gobernador Alfredo del Mazo: los priistas Ricardo Aguilar, Ana Lilia Herrera y Ernesto Némer. Los morenistas Delfina Gómez, Higinio Martínez y Horacio Duarte. Y el panista Enrique Vargas del Villar. En los siguientes meses se añadirán otros más mientras los partidos “deciden” quién será el abanderado oficial y el tipo de alianzas políticas que van a establecerse.

Estos siete mencionados están más que placeados y representan la rancia política del Estado de México, que además de figuras -figuras como sombra, como la persona que sale en la foto, como quien habla a modo en medios- son depositarios de una forma de actuar, de pensar, de interpretar el entorno social en el que se desenvuelven. Todos, sin excepción, conocen la corrupción de cerca y todos, sin excepción, tienen por lo menos una historia personal para contar acerca de ella.

Ya se vio que no bastan las buenas intenciones ni las declaraciones que como dogmas se han ido esparciendo a lo largo de la administración del gobierno de la Cuarta Transformación. El actual gobierno federal está compuesto por cientos de priistas, panistas, perredistas y de otros partidos que han seguido ejecutado las mismas acciones de corrupción de otros sexenios, incluso esta vez invisibilizadas ante la insistencia de que la corrupción ha sido desterrada del país.


Los resultados de todo eso se han padecido en carne propia y parte de ello también es que personajes como Higinio Martínez, un ex perredista con profundos lazos en el PRI, tenga la oportunidad de ser gobernador.

También, se ha visto que la táctica del gobernador Alfredo del Mazo, de permanecer en silencio, no moverse y cuando se mueve hacerlo al ritmo que le dicta el gobierno federal, tampoco sirve. En ambos casos, se trata de representaciones teatrales, representaciones ante una sociedad hastiada, harta y cada vez más pobre y depauperada que votará para que todo siga igual, con morenistas, panistas o priistas en el poder. Para la gran mayoría de los mexiquenses, todo seguirá igual y eso se sabe porque la Federación, administrada por Morena, no ha realizado gran cosa, por no decir que nada. El fenómeno que subyace en los gobiernos federal y estatal mexiquense es el de la corrupción, que no es un fenómeno propiamente dicho sino una práctica derivada de la impunidad. Loa priistas mencionados para la gubernatura responden a los grupos locales de políticos como Arturo Montiel, Emilio Chuayffet y Enrique Peña. Los morenistas, también, aunque lo mismo tiene influencia el obradorismo. Parece que cuando uno dice peñismo, montielismo o amloísmo, se refiriera a una verdadera corriente política o hasta filosófica, pero en realidad significa que solamente se responde a la orden de un grupo determinado que no encontró mejor manera de reconocerse que suplantar su filia con algo parecido a un concepto. Están más cercanos al futbol -los risibles lavolpismos y menottismos, por ejemplo- que a las ciencias políticas.

A los ciudadanos nadie les preguntó si querían que los precandidatos mexiquenses se postularan. Solamente aparecieron porque “una asamblea” o una serie de mítines los ha validado dentro de la tramposa inercia política de los partidos, que responden, muy desvergonzados, que cualquiera puede participar en los procesos electorales incluso como candidatos independientes.

Cada vez parece más cierto que para que en México se implemente un cambio verdadero, deberá hacerse o provenir desde fuera del sistema político actual. Y esa opción cada día se cierra cada vez más porque implica la subversión. En ese sentido, en el sentido político de acceso al poder y a los presupuestos públicos, México está cada vez más controlado. Esos accesos, ahora sí, los detenta la élite.

El secretario general de Gobierno del Edoméx, Ernesto Nemer, emanado del grupo político de Emilio Chuayffet, casado unos años con la prima-hermana de Enrique Peña, decía muy fácil, en una rueda de preguntas, que sabía que Higinio Martínez, senador de la república, estaba de gira por el Estado de México y le pedía mesura, cordura, respeto para el gobernador. Higinio, por su lado, se enganchaba y salía a decir que panistas y priistas lo atacaban, pero que pese a todo, él visitaría los 125 municipios.

Simulaban pelear, pero no lo hacían, realmente. Lo que hacían era representar un antagonismo político que nunca ha existido y nada más.

Entonces, ¿por quién votar? ¿Para qué votar? Son las peguntas elementales que por lo menos los mexiquenses siguen haciéndose y que de paso responden al enigma del por qué el 56 por ciento de su padrón electoral no acude ni por casualidad a las urnas.

El primer fraude no radica en ls consecuencias de votar o no votar, sino en la imposición de los aspirantes.

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