Miguel Alvarado

Toluca, México; primero de agosto de 2021.

Apenas 4.9 por ciento de participación ciudadana recabó la consulta que preguntaba si se quería enjuiciar a ex presidentes de México y funcionarios. El corte de las 22:40 del INE ya no dejaba dudas de nada. A los mexicanos les importaba más el futbol que salir a responder sí o no a la pregunta que se formulaba para tratar de vincular a algún proceso a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña.

De una lista nominal de 93 millones 67 mil 697 electores, apenas habían votado 4 millones 631 mil 854 de ellos, lo que representaba el 64 por ciento de las actas recabadas. Sin embargo, desde temprano ya se sabía que el resultado sería más o menos ése porque las casillas instaladas en el país fueron ignoradas por los ciudadanos. A las seis de la tarde las redes sociales ya anunciaban el fracaso de la consulta y a las 9 de la noche los resultados sepultaban las intenciones de justicia contra los ex presidentes. A esa misma hora, en el Estado de México se tenían registradas 478 mil 799 votaciones de un universo de 12 millones 400 mil 467 electores, lo cual apenas representaba un poco más del 4 por ciento. En Toluca, la capital mexiquense, a esa misma hora, había 29 mil 751 participantes de un universo de 675 mil 682 registrados en el padrón electoral, dividido en dos distritos. La participación apenas era de 4 por ciento, de los cuales entre 97 y 98 por ciento habían votado por el “Sí”.

II

La mayoría se concentró en la Bombonera. Ahí estaban las porras bravas del Toluca y de los Tigres, que armaron tangos y cánticos, mentadas y empujones en la calle, antes del partido de futbol. Con eso, Toluca marcó muy temprano la prioridad: el futbol, la misa, la televisión, los centros comerciales, peor olvidó que hoy se votaba por “estar de acuerdo o no” con enjuiciar a los ex presidentes Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, en la consulta armada por Andrés Manuel López Obrador, y que debía obtener 40 por ciento de participación del padrón electoral, poco más de 37 millones de votos. En un país como éste, donde el abstencionismo es de 60 por ciento en las elecciones, era mucho pedir que se votara incluso por un enjuiciamiento.

A las 10 de la mañana las casillas instaladas en Toluca apenas habían sido visitadas y los reporteros que recorrían la ciudad se pasaban unos a otros el movimiento de la consulta. Todos reportaban lo mismo: no hay gente, las casillas están desiertas. En redes sociales era lo mismo, al menos para el Estado de México. Apenas unos cuantos acudían a las casillas y otro tantos menos enseñaban fotos con el dedo pintarrajeado.

A esa hora se confirmaba que ni AMLO ni su esposa, Beatriz Müller, podrían votar porque se encontraban de gira por Nayarit y, claro, no había casillas especiales. La mujer de AMLO reprochaba que no hubiera suficientes casillas en el país, pero so ya se sabía porque las brigadas de información que armó Morena en todo el país lo dijeron durante dos semanas, todos los días y por todos los medios posibles. A Müller y a AMLO les hubiera bastado con aplazar el viaje a Nayarit y poner un ejemplo que se necesitaba mucho para un país que acostumbra echarle la culpa al otro cuando puede, las veces que puede. De todas formas, el ejemplo presidencial se convirtió en el mismo ejercicio del cubrebocas ausente que practicó Obrador y que a la fecha sigue exponiendo algo que todavía no se sabe bien qué significa. A botepronto, a rajatabla, se trata de un ejemplo no dado para un pueblo que necesita de buenos ejemplos. No, no es un pueblo niño, por el contrario, es viejo y es necio. Y eso se ve en las calles de una ciudad como Toluca.

Al norte del municipio, en San Pablo Autopan, las casillas relumbraban de solas y algunos, a las 2 de la tarde, instaban por redes sociales a votar, aunque fuera en contra de enjuiciar a los cinco pillos, aunque la pregunta no se entendiera, aunque el resultado no fuera vinculante. En San Pablo Autopan, la vida dominguera transcurría como en cualquier otro domingo, enfangada en las calles intransitables y su mar de lodo, por el lado de la colonia Aviación, con sus comercios pequeños y su gigantesca e incontrolada fauna canina. Esa vida de primer día del mes, de domingo de futbol, de cervezas y tragos a media banqueta no contemplaba acudir a votar porque no era necesario para casi nadie.

“¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?”, era la pregunta elaborada por el Congreso, después de cambiar la que originalmente el presidente había enviado, que debía descifrarse, aunque claramente habría que tachar el enorme “Sí” que aparecía en la boleta que el INE puso en las casillas disponibles, y que junto al enorme “No” eran las dos únicas opciones.

¿A quiénes se pide enjuiciamiento? ¿Nada más a los presidentes? ¿También a los funcionarios municipales y estatales? ¿Eso también incluye a la Marina, a los soldados y a la Guardia Nacional? ¿Y las fuerzas de seguridad pública, también? ¿Esta consulta incluye a los funcionarios actuales, a los que pertenecen a Morena? ¿Qué tan cerca nos ubica entonces la frase de la pregunta que dice “en los años pasados? ¿Y los infiltrados en movimientos sociales protegidos por funcionarios? ¿Los infiltrados de Ayotzinapa, por ejemplo? Si gana el sí, ¿se cancela la lucha social en las calles porque el gobierno cumplirá cabalmente ese mandato popular? ¿Los ex presidentes gozan de fuero?


No, las calles no expresaron esas dudas, pero el lugar común desde donde se tomó la decisión de no votar ya sí, ya no, fue el del desencanto por todo lo que sea político, que provenga del PRI, de Morena, o del PRD, del PAN o alguna otra opción política.

Pero no votar también se conjugó con acciones irregulares, reportadas por los funcionarios de casillas, muchos de los cuales simplemente no llegaron. En otros casos, las casillas cambiaron de domicilio misteriosamente y no hubo aviso público alguno de tal decisión. De todas formas, un corte informaba que se habían instalado 56 mil 958 mesas en todo el país, más o menos el 99.8 por ciento, y que sólo cinco no habían podido ser colocadas. Se repartieron 93.5 millones de papeletas y se gastaron 528 millones de pesos. En el Estado de México se pusieron 7 mil 707 casillas.

III

A las dos de la tarde el partido de futbol entre Toluca y Tigres terminaba luego de que el árbitro añadiera cinco minutos, suficientes para que el cuadro local anotara un tercer gol y con eso ganara el encuentro, los tres puntos, tres tantos contra uno. Atrás quedaba ya la violenta aunque pintoresca mañana, el estadio de la Bombonera rodeado de fieles aficionados a algo que no entienden pero que se les ha clavado en el corazón por años, que heredarán para que todo siga igual a sus hijo y sus nietos.

Pero que el partido terminara no significaba que Toluca saldrían, ahora sí, a votar la consulta. En realidad nada pasó y la afluencia no llegó.

“La aplicación de la ley no se consulta, aunque ley en México no se ha aplicado nunca” se volvió a las 8 de la noche, el lugar común más amargo para quienes votaron por el “Sí” ya por convicción, por apoyar al presidente o por ambas cosas.

A las 21:30 los resultados del INE ya eran consistentes y la desilusión de muchos, para empezar del propio presidente y de su partido, de Morena, que le abrió hace dos años las puertas a panistas y priistas y aunque lo niegue ahora paga las consecuencias. Para seguir, de quienes consideran que la consulta habría servido de algo, por lo menos de impulso para exigir a quienes hoy se les exige muy poco. El resultado, la derrota del “Sí” es también el aviso para la izquierda en el poder, que primero afrontará, el año que viene, el referéndum presidencial y después las elecciones federales.

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