Ramsés Mercado

Toluca, México; 17 de junio de 2021. Afuera se observa la larga fila que hace una familia vestida de rosa, espera de cuando espera paciente poder ingresar al penal de Santiaguito, en Almoloya de Juárez, para visitar a su pariente, que se encuentra adentro privado de la libertad.

Algunos llevan tapabocas, aunque otros lo tienen mal puesto o de plano ya van sin él. El Estado de México se encuentra en semáforo verde desde el lunes 14 de junio y la mayoría de los adultos ya se encuentra vacunada, pero otros, tan numerosos como éstos, no lo están y por eso muchos aún cargan el gel antibacterial y hasta doble tapaboca. Las familias de los reos llevan también una bolsa de plástico con los toppers transparentes llenos de comida, que algunos casos ni recipiente tienen porque fueron vaciados directamente a la bolsa. El chiste es que se pueda observar su contenido porque si no, no pasan.

-Uy, y hoy tocó visita.

-Ya diario está igual. Su identificación y se registra en esta hoja por favor- responde el oficial de la entrada, antes de entregar un gafete que acredita a los familiares como que visitantes y puedan ingresar, pero no lo harán sino hasta que logren terminar toda la ceremonia. O la cumplen o no entran.

Así, hay que pasar los filtros de chequeo y después otro registro, la consabida manoseada de otros guardias, por encimita nada más, para asegurase de que nadie lleva nada indebido. Es casi inútil, porque si alguien quisiera meter algo prohibido, no lo hará por esas rutas.

Finalmente, a quienes entran se les colocan dos sellos transparentes y uno más de color negro, los cuales se tiene mostrar en cada filtro, en una extraña caja que contiene luces neón, con las cuales pueden verse.

Sí, los sellos muestran que vienes de afuera y que no te vas a quedar.

-¡Pásenle por acá!- grita uno de los custodios, y entonces la fila comienza a moverse.

Pero adentro están vacunando a los presos y por eso nada es como siempre. Una fila de hombres vestidos con uniforme café o azul, tapabocas, tenis y con su registro en la mano esperan el turno de pasar y recibir la dosis esperada contra la infección letal que ha resultado ser el coronavirus y que en el Estado de México ha cobrado la vida de casi 30 mil personas.

Los privados de la libertad, los PPL, que les dicen ahora porque el eufemismo también cumple ciertas condiciones legales, están afuera del auditorio Ignacio Ramírez, a un costado del patio principal del penal, donde se realizaba la fiesta en la que se convierte la visita de la familia, que se instala en la mesitas de convivio por unas cuantas horas. Entre vallas, alambre de púas, torres de vigilancia erizadas de personal de seguridad penitenciaria y armas, el amor o algo que se le parece mucho, florece como el botón de una rosa en un florero.

-Por aquí, por aquí- dice los de seguridad penitenciaria mientras van formando a los presos que se vacunarán en una fila. Pero otros, más vigilados, también esperan, a la distancia. Sus rostros indiferentes, o eso es lo que uno cree, no dejan de voltear de un lado para otro, aunque de ellos no brota palabra alguna.

El gobierno federal, en colaboración con el gobierno estatal y las autoridades sanitarias, destinaron en una primera etapa 3 mil 200 vacunas de la empresa china CanSinoBIO -de una sola dosis- a todos los penales del Estado de México para inmunizar a hombres y mujeres de la tercera edad, con diabetes, hipertensión o alguna enfermedad crónico-degenerativa. Para el penal de Santiaguito fueron destinadas 513 vacunas. Además, 89 mujeres fueron inmunizadas.

-¡Pásenle 12 personas más, se van sentando y descubriendo el brazo izquierdo por favor!- gritan los de la Guardia Nacional, que también se encargan de la vigilancia.

Enseguida, las enfermeras se acercan a cada uno de los presos y después de mostrarles y mencionarles que les será aplicada la vacuna, los inyectan.

Entonces todos reaccionan de formas distintas: afloran los gestos de sufrimiento de algunos, que mantienen los ojos cerrados simulando fuerza, o también está la indiferencia que otros tratan de mostrar. Lo cierto es que son inmunizados para después retirarse a sus celdas.

Fotografía: Ramsés Mercado

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