Miguel Alvarado

Toluca, México; 15 de mayo de 2021

Entonces la lazaron y la arrastraron hacia un árbol. Pasaron la soga por una de las ramas y comprobaron que resistiera, que no se rajara, que la cuerda corriera. Estaba atada por el cuello y no podía desasirse aunque lo intentó, pataleó, gruñó, sacó las garras, peleó por lo que le estaban arrebatando.

Ellos la izaron. Le hicieron el nudo a la cuerda, la deslizaron y sí, la levantaron por el cuello.

Se llamaba Angelita y su pelaje era del color criollo, del color pardo de los perros callejeros que nadie quiere y que ya se ha acostumbrado a ver como algo que no está relacionado con la crueldad sino con algo que siempre pasa y que no le duele a nadie.

A la perrita sus asesinos la ejecutaron porque sí, porque pudieron, porque se les ocurrió. Su cuerpo permaneció colgado horas en ese árbol que resistió, por mala suerte, hasta que lo descubrieron quienes comían en un restorán, en el municipio de Jocotitlán, sobre la autopista que va a Atlacomulco desde Toluca. Los que la descubrieron dicen que intentaron ayudarla pero cuando la bajaron, ya no respiraba porque habían pasado horas desde su muerte.

El cuerpo criollo de Angelita se quedó ahí, dando vueltas, enfriado por el aire, por el frío de lo que siempre la muerte significa.

Esta es la extracción del dolor, la narración cruda de los últimos minutos de un perro callejero ejecutado. De un perro callejero que vivió y murió en una entidad asesina y feminicida, descompuesta desde hace mucho y cuya nata resultante es pura muerte y desintegración.

A Angelita la mataron porque pudieron, porque nadie la defendió.

Le pasó lo mismo que les pasa a los que desaparecen, a los que levantan y luego son hallados ejecutados, , llenos de heridas por donde la vida ya se les ha ido.

2

Sin embargo los perros invaden la calle. Aquí hay más de 30 y andan de arribabajo, por decirlo de alguna forma. En la noche se desata una especie de locura y los perros se juntan todos para ladrarle a los extraños y a las sombras que también los cobijan, los protegen. Porque este es un pueblo muy violento que valora la vida de los otros en una escala de cero, en algo menos que nada, lo cual resulta más tenebroso que la muerte.

Este aquí es Autopan, al norte de la capital del Estado de México. Aquí nadie los mata pero tampoco los cuidan. Un dato del ayuntamiento señala que hasta 2020 había 9 perros callejeros por cada habitante. No cuidarlos equivale a condenar a esos animales a una situación de pobreza miserable como la que vive el propio ser humano, sólo que peor porque un perro aquí vale lo que cuesta una piedra, un zapato colgando de los cables de luz, una bicla abandonada, herrumbrada por soles y lluvias.

3

Angelita era la mascota del restorán, cuyos dueños le daban de comer y ella se quedaba por ahí, ni cerca ni lejos, pero en las inmediaciones, porque se sentía más o menos a salvo. Después de muerta, a la perrita se le ha recordado porque era un animal importante para algunos.

Y por eso unas 20 personas se reunieron cerca del lugar donde encontraron su cuerpo y desplegaron, en señal de protesta, cartulinas y lonas con las fotos de Angelita, la del pelambre criollo, junto con otros animales que han sido envenenados en fechas recientes. Siete en total.

Algunos de los participantes son parte del Refugio Ángeles, que se dedica al rescate y cuidado de perros en situación de calle, y que tiene su sede en Jocotitlán, un municipio rural pero que, ya se vio, cuenta con su dosis de crueldad psicópata. Ellos convocaron a una marcha pacífica en aquel lugar, después de conocer la suerte de Angelita. Caminaron desde la autopista hacia la cabecera municipal, treparon por el puente casi inútil que se encuentra a la entrada de la cabecera y llegaron al palacio municipal.

Ahí, la crueldad de la muerte de Angelita hizo que la gente rodeara el edificio y exigiera que el alcalde diera la cara. El funcionario es un joven de lentes que busca una diputación local por la mezcolanza resultante entre el PRI, el PAN y el PRD, y se encontraba en campaña. El alcalde sustituto, Mario Gómez no apareció tampoco. De todas maneras dieron a conocer su postura: que se revisen las cámaras del restorán para ver quién o quiénes mataron a Angelita; que se detenga a quienes violen los derechos de los animales, que se practiquen esterilizaciones permanentes a perros callejeros; creación de una policía canina, que proteja a animales y mascotas; restringir la venta de perros; prohibir las peleas de animales. No es culpa del ayuntamiento,


“Los animales no son nuestros y no están para servirnos”, dicen los representantes del Refugio, quienes señalan que la ejecución de la perrita no es culpa del ayuntamiento pero sí es su responsabilidad poner un alto a la violencia.

En ese momento, mientras se posicionaban, un hombre que pasaba pateó violentamente a un perro y así se consumaba la lección que dejaba la ejecución de Angelita.

No seamos tontos. No se trata solamente de la vida de Angelita. Hay un montón de crueldad cosida a este hecho.

Deja un comentario