El niño recoge espigas de sol.

Vuelve sereno y cantando por el campo.

Revienta sobre su cuerpo el fusil del asesino;

lo embiste la noche.

Vuelan por el aire sus ropas como banderas

de una patria con cualquier nombre.

– “Patria”, de Camila Charry.

Karen Flores

Toluca, México; 15 de mayo de 2021.

Tienes razón, poeta.

Sí. Que sea el nombre que gustes, pues.

Quizá el de algún país del Mediterráneo. O uno de Europa. Tú elige, tienes para escoger. Hay cerca de 18 mil niños, hijos de refugiados, que están desaparecidos en esas tierras desde 2018. Puede que hayan caído víctimas de esa bala que mencionas. Pero no importa, en realidad. Al parecer, lo normal es asumir que se esfumaron en el aire.

O tal vez quieras un nombre de América. Para más cerca, digo. En México tenemos muchos niños pobres (tan sólo unos 19.5 millones) que cada día viven y mueren en el anonimato. A lo mejor te sirven para referenciar tu poema, Camila. Algunos regresan por la noche, tras una larga (y explotadora) jornada de trabajo, a su casa, ubicada en barrios que se caracterizan por la violencia y la marginación. Otros se encuentran hacinados en la frontera, víctimas de trata, reclutamientos forzados y esas cosas.

Sin embargo, son únicamente algunos ejemplos. Para ayudarte a decidir, pues. Ni siquiera te he hablado de los niños que mueren por abuso sexual. Pero, ¿para qué decirlo? No queda con tu poema. Y a nosotros nos tranquiliza fingir que no ocurre.

Ah. Por cierto, casi lo olvido. Hace poco fue el día del niño.

No se te pase felicitarlos.

En la radio anuncian que han tomado el pueblo.

Que hubo explosiones,

restos de carne que se estrellaron contra otros cuerpos.

Adolescentes asesinados a tiros, jóvenes sangrando en las calles, cientos de balas disparadas contra civiles desarmados. Tanques recorriendo vecindarios, helicópteros surcando los aires, explosiones en edificios cercanos. El grito de una madre (¿pero no habrán sido, acaso, los de miles?) ante el cuerpo amado que ahora sólo es resto tirado en la acera. Un “llévame contigo, hijo” que nos debería llenar de vergüenza.

No he dicho aún dónde. Y sin embargo, ahora ya lo sabes.

Todavía.

En un mundo donde el correr de la sangre es tan común, estas noticias se olvidan rápido. Nos acostumbramos a ellas. Simplemente decimos “ay, pobres, ¡qué injusticia!” y el mundo sigue. Porque esas cosas no nos pasan a nosotros. Y entonces, ¿para qué recordarlo?

Que todo fue muy rápido.

Que las gallinas dejaron en el aire,

después de arder bajo el estallido,

sus plumas como un ala de neblina

que no permitió ver con claridad

cuántos muertos fueron.

Al principio dijeron que eran 15. Unas horas después, que 20.


El reporte oficial contó 25 muertos (entre ellos, un menor de 12) y más de 70 heridos.

Pero calma, al final sólo fue la gente trabajadora regresando a casa. Es que quién los manda a vivir a tres horas de su trabajo, ¿no? De seguro no se esforzaron lo suficiente, pero uno qué culpa. Les construyeron una ‘línea dorada’ y todavía esperan más dinero. Que dizque para su mantenimiento (¡como si no supieran que hay negocios más jugosos en los que invertir!).

Ya. No se alteren. ¿Vieron qué bonitas esas fotos de campaña? Pues sí, con ellas vienen más promesas de los candidatos. Digo, peor es nada. Tal vez en esta ocasión sí respondan a tiempo a las denuncias. Pero, por favor, no sean injustos con ellos, tienen mucho trabajo. Recuerden, existen casos más importantes y urgentes que los de ustedes. Ya lo expresó Orwell:

Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.

Que fue un horror no haberlos visto bien.

Que deberán regresar en la madrugada para contar los cuerpos

adivinar las formas entre los fragmentos

en pleno domingo,

sin día de descanso,

sin recibir un pago adicional.

No fue en domingo, sino en lunes, Camila.

Sirenas antimisiles sonando en la Ciudad Santa por primera vez en años. Incendios. Granadas. Gas lacrimógeno. Civiles muertos, incluidos niños, que ahora yacen inertes en las calles. Pero para el mundo son sólo cifras sin nombre ni historia.

¿Y unos días antes, Camila? ¿Lo recuerdas? El horror tras la explosión en las puertas de una escuela para niñas. Un conteo de víctimas, la indignación internacional que duró unas cuantas horas (hasta que otro evento le robó titulares) y una austera sepultura de cuerpos un domingo por la tarde.Pero espero, como tú, que allá no se festeje el 10 de mayo. ¿Qué podríamos decir para aliviar el dolor? Olvídalo. Ya tenemos suficiente con evitar los ojos de las madres cuyos hijos han desaparecido y muerto aquí en México.

¿No crees?

Algunos dicen que hay de nuevo un repunte en la violencia. Que se debe a cuestiones políticas y económicas que se pagan con sangre. Otros repiten, para aliviar la conciencia, que “esto ha ocurrido por años” y que “era inevitable”. ¿Y acaso no te preguntas, Camila, cómo es que lo hemos permitido por tanto tiempo? Nos repitieron que el mundo así funciona, que así es.

Dijeron en la radio que la vida nunca es justa.

Bibliografía

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Alvarado, Miguel. (6 de mayo del 2021). Línea 12: kilómetros de corrupción. Viceversa Noticias.

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Bowen, Jeremy. (12 de mayo del 2021). Conflicto israelí-palestino: por qué la nueva ola de violencia en Jerusalén y Gaza era realmente “inevitable”. BBC News.

Charry Noriega, Camila. (2015). El sol y la carne. Ediciones Torremozas.

_______. (3 de mayo del 2016). Chengue. El Poeta Ocasional.

Fuentes, Mario Luis. (1 de mayo del 2021). Las ominosas condiciones de la niñez. Aristegui Noticias.

López Tomas, Andrea. (10 de mayo del 2021). La ofensiva israelí en Jerusalén se extiende hasta la franja de Gaza con 24 muertos. Internacional.

Menor, Darío. (25 de abril del 2021). Sin rastro de 18.000 niños perdidos en Europa desde 2018. Heraldo.

Noticias ONU. (20 de abril del 2021). Se dispara el número de niños migrantes en México durante los tres primeros meses de 2021.

Orwell, George. (2007). Rebelión en la granja (6ª. Edición). Grupo Editorial Tomo.

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