Miguel Alvarado/ Ramsés Mercado

Toluca, México; 13 de mayo de 2021.

“Baca se va, la mafia se queda”, le espetaron a bocajarro alumnos de la Universidad Autónoma del Estado de México al secretario de la Rectoría, Juvenal Vargas, quien acudió con un equipo de colaboradores a las puertas del Edificio Central de Rectoría para “atender” la convocatoria de los estudiantes, quienes habían pactado un encuentro con el rector Alfredo Barrera, con el Gabinete y con el Consejo Universitario. Ninguno de estos tres últimos acudió.

La verdad no era necesario que se presentaran a la cita. Los alumnos organizados de la UAEMéx ya sabían lo que iba a pasar con esa convocatoria y las excusas que les darían: “no tienen tiempo, están ocupados, si quieren reagendamos, estamos en la mejor disposición”.

Al secretario de la Rectoría, Juvenal Vargas, un ex director de la Facultad de Humanidades estatal, nadie tiene que preguntarle nada: su estulticia ha quedado exhibida en los portales noticiosos, en redes sociales, en fotos, en grabaciones de audio y video que lo muestran como un funcionario cumplidor con el rector Barrera al borde del servilismo, pero de piedra con los alumnos, a quienes les recetó el disco rayado de un discurso que hace mucho se convirtió en demagogia, en pan con lo mismo, en la burla de una universidad más identificada con la Estafa Maestra y con el silencio ante la comisión de abusos sexuales en esa instancia que con una institución preocupada por cambiar.

Las piedras -ni siquiera las piedras angulares como dicen que es la UAEMéx- cambian. Y si cambian, será para seguir siendo las mismas.

Eso lo tiene claro ya los alumnos que Juvenal tiene enfrente, algunos de los cuales habían iniciado procesos de paro en distintas facultades que después la infiltración y la pandemia del coronavirus detuvieron abruptamente, a principios del año pasado.


Así, Juvenal Vargas se para enfrente de los estudiantes, cuya única defensa es su voz y la pequeña figura de un becerro, una “baca” lechera que se refiere, por supuesto al rector actual.

Pero los reclamos tienen una razón de ser. Mañana, viernes 14 de mayo, habrá elecciones en la UAEMéx, y con ellas se decidirá quién será el nuevo rector de la universidad estatal, que aglutina a más de 80 mil personas, entre estudiantes y trabajadores. Y en esta elección sólo hay un participante, Carlos Eduardo Barrera Díaz, quien competirá contra sí mismo después de que sus rivales declinaran para dejarle el camino libre. Entonces, cuando Yolanda Ballesteros y Luis Raúl Ortiz Ramírez renunciaron a seguir en sus candidaturas, el proceso cambió de nombre y ahora se le conoce como “reconocimiento”. De las elecciones, no queda nada.

Para mañana, la Rectoría ha convocado a este proceso en el Aula Magna y será casi cerrado “debido a las condiciones actuales en las que se encuentra el Semáforo Epidemiológico en la entidad y a la capacidad del lugar”.

Así, a cualquiera se le hace normal protestar cuando un proceso electoral ni siquiera cuenta con competidores. Y eso lo entienden demasiado bien los alumnos, que han denunciado a las autoridades de la universidad de todo tipo de prácticas corruptas y que por lo menos quieren saber las razones por las que su institución o sus dirigentes, mejor dicho, optan por llevar hasta el final este sistema.

Resulta evidente por qué lo hacen, y cuando los estudiantes los encaran entonces sus razones y ellos mismos son patéticos, un poco como Juvenal Vargas, parado ahí, con su cubrebocas, frente a la “baca” lechera que simboliza al rector.

“Carecemos de representatividad. No hay voluntad de cambiar las prácticas del Consejo Universitario. Esta, la de la universidad, es una falsa democracia, y representa la falsa apropiación de los problemas”, le dijeron entonces a Juvenal, quien de pronto, como para salir del apuro, les dijo a los estudiantes que él solamente estaba de paso, lo cual es verdad, porque aunque se quedara para siempre, su alejamiento del corazón de los estudiantes lo convierte en eso, en un funcionario que viene, que va.

Para entonces los accesos a la rectoría habían sido adornados con decenas de falsos billetes y una foto en donde aparecía Barrera Baca abrazado del gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza.


Fue entonces que Juvenal comenzó a dar las excusas por la ausencia del rector. Pero no lo dejaron. Los estudiantes se declararon hartos de Juvenal, y le advirtieron que la última palabra no será la de él, sino la de la comunidad consciente.

“Barrera Baca es el hostigamiento a los movimientos estudiantiles, es la criminalización y recolección de datos de estudiantes, para investigarlos; es sabotaje en las facultades de Derecho e Ingeniería; es suspensión de clases; es señalar que las demandas por delitos sexuales eran ajenas a la escuela. Es la perpetuación de la violencia”, gritaron entonces los alumnos, quienes le dijeron al único interlocutor que enviaron las autoridades lo que pensaban, sin más: la escuela está construida a partir de estafas maestras, Barrera Baca nos deja violación de derechos laborales, los sueldos de los funcionarios universitarios se sostienen a costa del sufrimiento de los demás, Barrera Baca representa la impunidad, el autoritarismo y la corrupción.

Es verdad. La rectoría está muy lejos de los estudiantes y de sus trabajadores. Tan lejos está que el medio local Apocaliptic y el reportero Mauricio Islas ya saben quiénes formarán el nuevo gabinete, y apunta que Marco Aurelio Cienfuegos Terrón, director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, podría ser secretario de Rectoría. La Secretaría Técnica sería ocupada por Luis Raúl Ortiz y Yolanda Ballesteros es mencionada para la Secretaría de Cooperación Internacional; además, Martha Patricia Zarza Delgado, “hermana de la ex abogada general de la UAEM, podría estar al frente del área de Extensión y Vinculación”.

Además, la coordinadora de Maestría en Contaduría, Eréndira Fierro Moreno, estaría en la Secretaría de Investigación y Estudios Avanzados; la directora de promoción artística, Anna Jurek-Nathan, encabezaría la Secretaría de Difusión Cultural. Hay más, pero con esos basta.

Ayer el colectivo de Alumnos Organizados emplazó al director de la Facultad de Derecho, J. Dolores Alanís Tavira, así como a miembros del Consejo Universitario, a deponer su voto y desconocer el actual proceso porque sólo así se defenderán los principios de justicia y democracia que marca el artículo 2 de la Ley Universitaria.

“Hemos convenido que si esta mal llamada elección llegase a consagrarse, el Consejo Universitario, además de violar la Legislación Universitaria por intercambiar el sentido de la votación por una ‘aprobación de candidato’, estaría perdiendo su legitimidad y credibilidad ante la comunidad universitaria por prestarse a un simulacro que recae en un fraude al aprobarse registros de candidaturas para Rector que luego han sido desechadas sin argumentos preponderantes o de fuerza mayor […] y por consiguiente engañar intencionalmente a la comunidad universitaria al hacer creer que aspiran a dicho cargo”.

– Desde que hemos charlado contigo -dijeron los alumnos a Juvenal- nos has dicho que se ha avanzado pero no es verdad- Entonces le dijeron que estaban hartos de él, de su falta de ética.

– Yo me reitero a sus órdenes, yo reitero… ya ustedes nos indican, ya ustedes proponen- alcanzó a responderles el balbuceante Juvenal, muy solícito, a los estudiantes.

Una de las chicas que estaba en la propuesta sólo se llevó las manos a la cara, a la cabeza, como muestra de la exasperación que ya les causaba el funcionario.

– No vamos a permitir que en esta ocasión sea así. La última palabra la tenemos nosotros y esa palabra se refiere a su omisión del día de hoy. No tenemos de usted nada concreto. Lo único que quiere lograr es agotarnos, pero no va a ser así. La última palabra es esa. La convocatoria la hicimos para el día de hoy y nadie vino a dialogar. No lo vamos a escuchar ya.

Entonces se dieron la vuelta y Juvenal se quedó solo, muy solo, unos instantes nada más, con la vaca de juguete que llevaban los estudiantes, quienes se dieron cuenta de lo débiles que son en realidad sus autoridades. – ¡Ah! ¡Se puede quedar a la piñata!- le gritó alguien a Juvenal, cuando trataba de retirarse.

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