Marco Antonio Rodríguez

Toluca, México; 12 de mayo de 2021.

Y entonces salió corriendo temiendo ser alcanzada, pero apenas unos metros después el miedo se propagó cuando Julio César se le fue encima y la empezó a golpear cual si se tratara de un saco de papas o una pera de box. El alcohol lo convirtió en una bestia sorda cuyo instinto animal se agrandaba conforme los gritos de ella. Mariana, arrinconada, intentó incorporarse ante la vista de los ahí presentes, pero no pudo hacerlo; Julio le superaba en fuerza y tamaño. Julio cobarde. Julio sordo. Julio macho. Julio la bestia.

Minutos antes, Mariana habría salido a la calle a fumar un cigarro para con el humo intentar recobrar la calma luego de diferencias con la familia, esa con la que había decidido verse aquel sábado 8 de mayo para celebrar de manera anticipada el Día de las Madres. Pero entonces se hizo tarde, luego de madrugada, y conforme las nubes se oscurecían, el alcohol en el cuerpo de Julio despertaba a la bestia. Al verla salir, aquel hombre fornido de cuarentaitantos, le ordenó apagar el cigarro que ella dirigía a su boca; lo dijo con el mismo tono mandón que utiliza en el taller mecánico de amortiguadores que atiende en la colonia Las Américas. Pero ella no lo hizo pues incluso sus padres consienten la acción.

Para ese momento ya eran las 2:30 del 9 de mayo y entonces, sabiéndose su tío y por lo tanto creyéndose autorizado para perpetrar cualquier correctivo, el hombre se abalanzó sobre ella: la golpeó, la jaló, la pateó una y otra y otra vez. Pero todo quedó grabado en las cámaras de vigilancia de una vecina, quien horas más tarde compartió el video al padre de Mariana, el abogado Alberto Flores, quien inmediatamente acudió al Centro de Justicia para las Mujeres, perteneciente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), a levantar la denuncia correspondiente; pero como cualquier trámite de la burocracia mexiquense, le pidieron esperar.

Luego de un tiempo los trabajadores de esta instancia le entregaron al señor Alberto un expediente y giraron la orden de enviar una patrulla de la policía estatal a custodiar aquella casa de la privada José Antonio Alzate número 15 de donde saliera huyendo Mariana, pero jamás repararon que ese domicilio no es de la víctima, sino del victimario, pues la joven de 20 años sólo había asistido a una fiesta para más tarde regresar a su casa.

A las 18:49 del 11 de mayo, dos días después de los violentos hechos, la Fiscalía estatal escribió un breve mensaje en Twitter sobre lo sucedido: “La #FiscalíaEdoméx ha iniciado una carpeta de investigación de oficio por una agresión a una mujer en #Toluca, la cual fue captada por cámaras de vigilancia y difundida por redes sociales y medios de comunicación” SIC.

De nada ha servido hasta ahora dicha carpeta sino sólo para ocupar otro espacio más en los archiveros de esa «institución de procuración de justicia penal, independiente e imparcial,  que procura el acceso a la justicia conforme a derecho, para que se esclarezcan los hechos denunciados […], se castigue al culpable, se realice la reparación del daño y se proteja al inocente«, como presume en su página web. Tampoco de nada sirvió aquella patrulla enviada al domicilio antes mencionado, pues el mismo 11 de mayo las mismas cámaras de vigilancia que captaran los azotes, grabaron ahora el momento en que Julio abandonaba aquella casa a bordo de un auto Jetta que era conducido por su hermano Héctor.

Tampoco la Comisión de Derechos Humanos se ha pronunciado hasta el momento, ni girado recomendación alguna a la Fiscalía, como tampoco ha ofrecido apoyo a la familia.

*El nombre de la víctima ha sido reemplazado a fin de proteger su identidad.

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