Miguel Alvarado/ Ramsés Mercado

Toluca, México; 11 de mayo de 2021.

Son 200 los carteles pegados en un puente del distribuidor vial de Boulevard Aeropuerto, hacia la salida a Xonacatlán, en la capital mexiquense. Son las mujeres que han desaparecido entre enero y abril de este año nada más en el Estado de México. En cuatro meses. En 120 días.

Hay de todas las edades. Niñas, adolescentes, adultas, ancianas. En cuestión de edad, nadie se salva. Y son de los 125 municipios del Estado de México. Los carteles pegados en ese lugar corresponden a las fichas de búsqueda que emite la Fiscalía local, rebasada actualmente por la cantidad brutal de casos, feminicidios, asesinatos y desapariciones, peor también por la corrupción de algunos de sus elementos, lo cual impide trabajar a los demás de manera adecuada.

Esos 200 carteles representan una cantidad engañosa porque en el Estado de México apenas entre el 4 y el 6 por ciento de los crímenes y la violencia en general es denunciada. Lo mismo pasa con los casos que involucra a las mujeres. Y de esos crímenes denunciados, apenas el 2 por ciento de los casos alcanzan algún tipo de sentencia.

Así, a este puente de la ignominia el colectivo Mujeres entre las cebollas lo ha bautizado como el “Mural de Emergencia. Nos están desapareciendo”. Más bien, se trata del mural del horror y de la impunidad del Estado de México. Y ahí, en ese puente, las fichas de las mujeres que esperan por ayuda, que aguardan a ser halladas, cuelgan mientras el viento y el agua las va desprendiendo poco a poco, a pesar de que apenas llevan dos días ahí.

Todos los días desaparece alguien. Todos los días desaparece una mujer en el Estado de México. Algunos casos se resuelven pero son los menos. Esos casos que se resuelven, en su mayoría se refieren a mujeres que han huido de sus casas porque son víctimas de violencia ahí, donde viven. Otras solamente han cambiado de domicilio. Pero esos son los menos. Los que quedan permanecen abiertos por años y generalmente son las indagaciones de las familias las que descubren lo que ha sucedido con los desaparecidos. Ese trabajo y la visibilización de los casos casi siempre, además, queda a cargo de mujeres: madres, hermanas, primas y amigas que han descubierto, como una elemental regla de supervivencia ante lo artero de sus situaciones, que solamente junto a otras que pasan por lo mismo pueden lograr algo.

Un cartel en un poste desvencijado ha tomado la personalidad de todas las víctimas: ese poste y ese cartel han conseguido que todas las muertas y las ausentes se concentren en esa vara metálica, en ese letrero que se le ocurrió a alguien cuando se dio cuenta de la magnitud de esto que puede considerarse un genocidio:


“Ayúdanos a encontrarla. Sexo: Femenino. Edad: 0-100 años. Vestía: De cualquier forma. Última vez vista:  En cualquier lugar».

Los colectivos de búsqueda se han popularizado en México, pero decir “popularidad” es el peor de los términos que puede utilizarse porque eso significa que las desapariciones, asesinatos y feminicidios simplemente se salieron de control. Así, sin explicación, nada más porque sí, desde el punto de vista del gobierno.

Pero las razones sobran y la primera tiene que ver con la impunidad, con las prácticas corruptas de la policía, con la incapacidad probada de los tres niveles de gobierno en este tema. “No necesitas esperar 72 horas para solicitar ficha de búsqueda. Acude a Fiscalía en el primer momento. Las primeras horas son cruciales”, dice una pinta en la pared, parte de una serie de letreros que también fueron colocados por el colectivo, cuyas letras se entretejen en el concreto con los grafitis y las señales gráficas de las bandas locales, que marcan así su intangible territorio.

Mientras, los días pasan y la estadística se incrementa.

Una diaria.

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