Miguel Alvarado

Toluca, México; 20 de abril de 2021.

Nadie sigue las campañas electorales de los candidatos a diputados federales. Ni los medios, que se enfocan en otras cuestiones y más bien esperan el arranque de las campañas de alcaldes y diputados estatales, han prestado atención. Esto también se debe al desinterés casi patológico que los comicios han creado en los votantes. La entidad arrastra un 44 por ciento de abstencionismo en casi todas las elecciones de los últimos 20 años.

Las razones son, básicamente, la impunidad en la que desarrollan y la calidad humana, moral, ética, emocional y la escasa inteligencia de muchos de ellos. Además, lo monolítico del proceso impide cualquier intento independiente. Ciertamente no se trata solamente del proceso sino de la corrupción enquistada en la burocracia y cargos de poder, que no permite ningún tipo de cambio pero sí muchas simulaciones.


El PRI, el PAN, el PRD y sus satélites forman una estructura y Morena y sus aliados otra, igual, la misma. Y ambas actúan de la misma forma, se retroalimentan, se nutren de lo mismo.

Peña, Calderón, Fox y otros han sido moldeados por ese sistema, que se llama democrático, pero no lo es, y sus grupos han saqueado la riqueza y los erarios del país. Basta seguirles sus huellas y, al mismo tiempo, registrar cómo ha crecido la pobreza, la desigualdad, la ignorancia, la necesidad básica de tener para comer, dónde dormir, qué vestir y en qué trabajar.

Militarizado, el país observa nada más.

El actual gobierno federal es parte de ese modelo neoliberal: más militares en las calles gracias a la creación de la Guardia Nacional; carta blanca a la industria extractiva para seguir operando como lo ha hecho siempre; mayor violencia y la creación de una verdad mediática desde las conferencias mañaneras –desgastantes, inútiles, que confrontan pero no resuelven- han cambiado a México para que siga siendo el mismo. Así, entre la parálisis del coronavirus, la crisis de violencia imparable, el pleito entre fifís y chairos, las campañas electorales siguen su marcha. Muy pronto estaremos ante las urnas emitiendo votos por quién sabe quién, que tiene cualidades que nadie sabe cuáles son.

Ahora, los buenos son buenos porque militan en Morena, como si esa pertenencia significara un reinicio, un bautismo moral que además de borrar los defectos dota de atributos intelectuales y técnicos a sus militantes. Los rivales, el monolito que sigue siendo el PRI, están condenados al estercolero. La verdad es que los dos grupos ya están ahí.

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