Marco Antonio Rodríguez

Toluca, México; 8 de marzo de 2021. Ocho de marzo es, a decir de la ONU, “un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de las mujeres de a pie que han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades”, pero es también el Día Internacional de la Mujer, efeméride que surgió de 1908, con la muerte de 129 trabajadoras de la empresa Cotton, en Nueva York.

Las mujeres de esa firma estaban en huelga no moviéndose de su lugar de trabajo. Ellas exigían lo justo: jornadas y pagos iguales al de sus compañeros varones; sin embargo, como respuesta a sus demandas, el dueño ordenó cerrar las puertas de esa fuente de trabajo a fin de lograr su desistimiento y abandono del edificio. El 8 de marzo de ese año un incendió terminó con su vida. 69 años después, en 1977, que la ONU designó oficialmente esta efeméride.

A más de un siglo de distancia las cosas no han cambiado mucho en México; no si se toma en cuenta que el país se situaba en el lugar 124 de 153 de un análisis de oportunidades económicas realizado en 2019 por el Foro Económico Mundial y tampoco si se considerara que el trabajo doméstico de las mujeres equivaldría, de ser remunerado, al 18 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) según estimaciones del propio gobierno mexicano.

Su mirada grita en silencio.
Sus ojos ensayan el vacío.
Escudriñan realidades imposibles.
Son luceros resignados e indulgentes.
Fanales sin luz.
Ojos compasivos aunque impotentes.
Llenos de nada: extraviados.
Tristes y desconsolados.

Texto y fotografía: Marco Antonio Rodríguez.

La brecha laboral entre ambos sexos es grande: de acuerdo con la Tasa de Participación Económica, del Inegi, al cierre de 2020 el 73.3 por ciento correspondía a varones y apenas el 41.4 por ciento a mujeres, incrementando asimismo la desocupación femenina a raíz de la pandemia del coronavirus pues el porcentaje en 2019 era de 3.1 con corte a diciembre, la cual pasó a 4.3 al mismo periodo pero ya de 2020.

Además, en su última medición el Inegi reveló otra desigualdad: de la población no económicamente activa, el 26.8% son hombres y el 58.6 por ciento mujeres.

Pero no sólo de desigualdad sufren ellas; la violencia es otro factor preponderante, tanto así que el 68 por ciento de los mexicanos consideró que la violencia de género aumentó considerablemente en 2020 según El País, rotativo que para finales de abril de ese año afirmaba que “son más los casos diarios de violencia en contra de las mujeres que los diagnósticos de coronavirus”, pues durante el primer trimestre de 2020 hubo un total de 26 mil 695 casos de violencia en contra de las mujeres, cifra que advierte feminicidios, de tráfico de menores, trata, lesiones dolosas, violaciones. Un promedio estimado 293 casos diarios.

De acuerdo con ONU Mujeres, la violencia contra las mujeres y las niñas es uno de los atentados a los derechos humanos más sistemático y generalizado. En el mundo, diariamente 137 mujeres son asesinadas por algún miembro de su propia familia y se estima que menos del 40 por ciento busca algún tipo de ayuda.

No pregunté su nombre; me detuve en lo agrietado de su piel, en sus ojos viscosos y desorientados, en esos dientes que asomaron cuando mascullando ofreció sus bordados: cien pesos el tapete y cincuenta el cubrebocas. De pronto alzó también unos muñecos sin nariz pero amplia sonrisa. No pregunté su nombre mas me detuve en su andar pausado y torpe, en su mirada perdida y confusa como de quien busca predicciones imposibles. Se levanta como puede y camina el pasillo sin gente. Se detiene de pronto. Extravía de nuevo sus ojos. Palpa los costados de su cintura y sigue caminando. Regresa al sitio que minutos antes la vio partir y mascullando ofrece otra vez sus bordados: cien pesos el tapete y cincuenta el cubrebocas, pero en esta ocasión no alza los muñecos sino su cara agrietada y su mirada perdida. Sonríe y detiene el tiempo con su alegría: por fin alguien ha dejado caer algunas monedas ruidosas sobre sus manos.

Texto y fotografía: Marco Antonio Rodríguez.

El Edoméx no es ajeno al problema, de hecho todo lo contrario; sólo en 2020 se judicializaron 400 violaciones a mujeres: 113 en Ecatepec -que representa más del 28 por ciento del total-, 52 en Tlalnepantla y 44 en el de Toluca; sumando en conjunto más del 50 por ciento. En Nezahualcóyotl fueron 27, en Chalco y Zumpango 24 cada uno, Tenancingo y Valle de Bravo con 19, y Lerma con 17. Además, el Poder Judicial del Estado de México reveló en su comunicado 023 que en lo que va de 2021 “se han atendido 70 asuntos donde una mujer ha sido víctima de violación”.

Por si fuera poco el territorio gobernado por el priista Alfredo del Mazo Maza es, hasta ahora, el estado de la República Mexicana que más ocasiones se ha situado en el primer escaño por el delito de  feminicidio, y aunque el artículo 281 del Código Penal mexiquense establece penas de 40 a 70 años de prisión o prisión vitalicia y de 700 a 5 mil días multa, o que la pena se agrava hasta en un tercio cuando la víctima sea mujer menor de edad, embarazada o discapacitada, así como cuando el sujeto activo sea servidor público y haya cometido la conducta valiéndose de esta condición, las condenas parecen no bastar: sólo en enero este el estado acumuló 12 de los 77 casos perpetrados en el país, rompiendo a su paso un sangriento y nada honroso récord.

Y claro: por eso las manifestaciones, por eso las inscripciones en grafiti, por eso los incendios y por eso los destrozos.

A nuestras compañeras Silvia, Karen y Brenda

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