Miguel Alvarado

Toluca, México; 31 de enero de 2021.

Siempre que hago una línea, un círculo, un rayón, me acuerdo de las clases de dibujo que Luis Enrique nos daba. Usaba los ventanales de la oficina para escribir con mala ortografía y mucha emoción las palabras clave y los conceptos que intentaba transmitir. Eran los tiempos de Ébola, una sección semanal de ilustración y cómic que hace casi 10 años hacía un grupo de dibujantes de Toluca. Todos eran distintos, necios como los jóvenes que eran: talentosos bebedores de cerveza en el extinto Batibar, consumidores casi enfermos de tacos en la calle de Carranza y coleccionistas compulsivos de imágenes. Entre ellos, Luis Enrique Sepúlveda era el chico del póster, alto y desgarbado como una estrella de rock, muy parecido a River Phoenix, el hermano suicida de quien años después interpretara una versión del Joker que a mí me pareció patética.

En ese tiempo, dibujar era una obsesión pero también estudiar, caminar, fotografiar y fumar. Así que una tarde, quizá jueves o viernes nos metimos a fumar a un café cerca de la Alameda. Ahí, cada quién sacó su cajetilla como si se tratara de un arma y mientras se hablaba de algo que ya no recuerdo, fumamos. Muy pronto, quizá una hora y media después, los ceniceros formaban una pila de colillas y ceniza. Una cajetilla más fue devorada y por fin, ya noche, nos fuimos.


De esa tarde estoy seguro que no queda nada porque se incendió junto con los cigarros y las cosas que dijimos, que no eran nada sino apenas el tiempo que le quitamos a nuestra vida.

Salimos como ebrios del café de La Pera, que así se llamaba y eso fue todo. O eso parecía, porque de esa cruda de tabaco y químicos nació el Hombre que Fuma, primero un mini-cómic, una serie de narraciones que mostraba el viaje de alguien por paisajes imposibles con un cigarro como único equipaje y después, años después, una vuelta al sol pero ya con movimiento, con una música bien rara que aún no sé si le queda.

Yo dibujo cada vez menos pero Luis Enrique no. Se ha convertido en un joven maestro de la ilustración que sigue dibujando compulsivamente en cualquier superficie que tenga a la mano. Ahora es un profesor de academia porque da clases en la Facultad de Artes de la Universidad local. Ha publicado decenas de trabajos y está en espera de sacar sus novelas gráficas, las cuales están al nivel de iconos mundiales como el español Paco Roca o el argentino Hugo Pratt. Esta animación, que no puede llamarse de otra manera que El hombre que fuma, es apenas una muestra del trabajo de un toluqueño que ve cosas que otros no podemos, y cuya habilidad le alcanza para poder transmitirlas en mínimas obras de arte.

¿Qué eran? ¿Marlboro? ¿Alas Extras? ¿Camel? El café, eso sí, era americano con muchísima azúcar.

Con música de Sun walk (ft. Personas Particulares Malvadas), el video en cuestión puede verse en este link.

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