Miguel Alvarado

Toluca, México; 18 de enero de 2021.

Pareciera una irresponsabilidad no informar acerca del coronavirus y el daño casi irreparable que ha causado en nuestro país, en nuestro entorno y en nuestras familias. Y así se hace en casi todos los medios, que abordan la pesadilla de los últimos 10 meses desde diferentes ángulos y perspectivas. Como sea, se ha podido dar cuenta de la tragedia que desde hace mucho ya significa la infección en nuestro país, preparado con clips y chocolates para una emergencia como esa.

Hoy, que se atraviesa con desesperada lentitud por la etapa de vacunación de los trabajadores de la salud y nos enteramos de la corrupción de parte de directivos de hospitales y líderes gremiales, se encara el proceso electoral en el Estado de México, cuya fecha para votar fue marcada el 6 de junio. Se elegirán diputados locales, federales y se renovarán alcaldías, aunque eso de renovar sea un decir, porque una gran mayoría de legisladores y presidentes municipales intentarán repetir en sus cargos. Las inscripciones en cada partido ya fueron abiertas y cumplidas, y solamente se esperan las decisiones finales.

En el caso de Toluca, la capital del Estado de México, se da como un hecho que el alcalde Juan Rodolfo Sánchez Gómez, de bandera morenista pero de origen político en el Partido Acción Nacional, repita como candidato y repita también como alcalde. En caso de ganar, se encargaría de cumplir su tercer mandato y si lo consigue se le puede apuntar como un aspirante a la gubernatura del Estado de México, aunque ahí tendrá que formarse detrás de una tal Delfina Gómez y de un tal Higinio Martínez, que por ahora están por encima de cualquiera, sobre todo ella, la favorita del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

A Sánchez Gómez le faltan todavía los días más duros porque enero y su crisis económica y de coronavirus se extenderá casi 90 días más. Y lo que resulte del manejo que se haga de ese inicio de año influirá en el futuro político de Sánchez Gómez. En cuestión de elección interna, será Ricardo Moreno el único que le compita al alcalde, pero su fuerza no le alcanza aunque en el último tercio del año salga hasta en la sopa en redes sociales haciendo algo. Ricardo Moreno Bastida fue secretario del Ayuntamiento hasta agosto de 2020, pero un pleito con el alcalde por una razón que a nadie le quedo clara, lo dejó fuera del poder real.

Moreno se ha quejado desde entonces de la suciedad con la que se condujo la administración actual en Toluca sin aportar pruebas, y se le olvidó bien pronto que él le hizo lo mismo a Félix Santana hace tres años, cuando Morena perfilaba sus candidatos a la presidencia.


Fue Ricardo Moreno quien renunció a su aspiración en ese entonces para apoyar a Sánchez Gómez, y se encargó de ponerle piedras a Santana, que aguantó hasta el final a pesar de la derrota segura.

Ricardo Moreno cabildeó en privado tratando de convencer a Santana, a quien hay que reconocerle que el ideal que lo llevó a fundar Morena en el Estado de México lo acompañó siempre, durante ese trance. De nada le valió a Moreno prometerle el oro y el moro y por eso, a quienes conocen lo que hizo el ex secretario del Ayuntamiento, hoy sus aspiraciones les producen una risa ni siquiera discreta.

Derrotado, Santana se cayó para arriba y hoy es director general de Estrategias para la Atención de Derechos Humano, en la Secretaría de Gobernación, pero además es secretario técnico de la Comisión para la Verdad de Ayotzinapa, un cargo que lo proyectará sin importar lo que de esa investigación se consiga. Moreno, ahí nada más humildemente, es un oscuro ex secretario municipal con un proyecto político que por ahora no pasa de las redes sociales.

Algunos aspirantes a la alcaldía de Toluca deberían detenerse un momento para que alguien les recuerde lo que han hecho por la ciudad y decidir si de verdad deben seguir. Es infantil creer, por supuesto, que los políticos en México sean honestos y tengan vergüenza. La clase política carece de alma y a su memoria, cuando la hay, le salen alas. Hoy el ex secretario de Movilidad del Estado de México, el señor Raymundo Martínez, anunció muy feliz y con su cubrebocas azul muy mono, que se había inscrito para la contienda interna del PRI en busca de competir por la alcaldía de la capital mexiquense. Martínez es un individuo al que ahora mismo le pasa lo que le pasó a Luis Miranda Nava, el compadre del Enrique Peña, cuando fue candidato a la alcaldía de la ciudad, también por el PRI, en 2006. Todavía no de oficializaba su participación cuando Luis Miranda comenzó a bachear la ciudad usando programas estatales. Lo hizo casi con furia y muy pronto el primero cuadro de Toluca, por lo menos, apareció cubierto de chapopote. Miranda lo hizo tan a rajatabla, tan al ahí se va, que bacheó hasta las alcantarillas y en las primeras lluvias de aquel año aciago para él, la ciudad inundada le devolvió el flaco favor votando en contra.

Raymundo Martínez no bacheó ninguna calle pero sí autorizó y defendió el alza al precio del transporte público durante su gestión como secretario estatal, lo cual ocasionó protestas airadas aunque también demostró la sumisión que la actual Legislatura tiene con el gobernador Alfredo del Mazo, que débil y todo, consiguió que los diputados le caravanearan sin chistar ese aumento y que lo defendieran desde el silencio. Son diputados, y morenos o tricolores parece que su ética y moral provienen del mismo pantano.

Raymundo Martínez, a quien ya le dicen Lord Tarifas, competirá seguramente por su partido pero no recorrerá la ciudad en camión. Los doce pesos que para él no son nada, para otros significarán el precio del voto que una buena parte de la población le negará desde el comienzo. Martínez deberá, primero, quitarse el mote de Lord Tarifas con el que ya lo bautizaron sus propios aliados priistas y después ver cómo él, que es parte de un sistema político corrupto y mediocre, puede convencer al dinamitado electorado de Toluca, cuya única preocupación, hoy en día, es no enfermarse, amanecer con vida y si se puede, con trabajo para comer.

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