Texto y fotografía de Ramsés Mercado

Villahermosa, Tabasco; 29 de noviembre de 2020. “Siempre se inunda cuando llueve, solo esperamos pa’ saber de qué intensidad será el desastre este año, siempre es lo mismo. Sólo que este año lo que salvaron fue la capital, por lo que abrieron su cauce para que el agua se fuera a las comunidades, y lo lograron”, dicen los habitantes de los pueblos más pobres de aquella región, que desde el primero de noviembre padecen las inundaciones de la temporada, agravadas por las lluvias ocasionadas por los frentes fríos 9 y 11 que se vieron reflejadas en el crecimiento del cauce de los ríos Pichucalco, Teapa, Sierra, San Pedro, Viejo Mezcalapa, Cuscatán y Grijalva, así como sus ramales, que llenaron las presas de Peñitas, Mal Pasito y Angostura, rebasadas en su capacidad por la acumulación de agua.

Las comunidades más afectadas y pobladas se encuentran en estas zonas de riesgo, cerca de estos ríos, porque cuando llueve se desbordan provocando inundaciones durante semanas, ya que el agua se queda estancada, sin salida, llegándoles hasta el cuello. Lo único que se puede hacer es esperar a que el agua baje.

Y que ya no llueva más.

Tabasco es un estado mexicano ubicado en la zona sureste del país, y que hace costa con el Golfo de México. Es un lugar con clima tropical húmedo, pues se encuentra al nivel del mar y presenta temperaturas que van desde los 15 grados centígrados en invierno, hasta los 44 en primavera. Es una tierra verde debido a los dos grandes ríos que cruzan la entidad, el Usumacinta, el más grande y caudaloso de Centroamérica y del país, que nace en Guatemala; y el Grijalva, el segundo más caudaloso. Ambos desembocan en el Golfo, así como sus “sus bracitos” -como dicen los pobladores-, el río de la Sierra y el río San Pedro Mártir por mencionar algunos. La capital de Tabasco es Villahermosa.

Hasta ahora, algunas comunidades siguen incomunicadas, en otras ha bajado el agua, lo cual ha permitido ya la comunicación vía terrestre como en los pueblos de Comalcalco, Teapa y Acachapan, pero eso solamente ha dejado al descubierto, una vez más, las carencias en las que se encuentran esos sitios en donde efectivamente el nivel ha bajado pero al mismo tiempo las necesidades aumentaron.

Un hombre ayuda a cruzar la avenida inundada en su mototaxi a quien lo necesita en Comalcalco. Conocido como el pochomóvil, es un carrito típico del estado de Tabasco.  
Damnificados de Comalcalco. 
En algunas zonas de Teapa, las casas continúan inundadas. Por eso los pobladores han construido casas de lámina, provisionales, sobre la carretera para poder sobrevivir. 
Un joven jala un riel con plátanos para facilitar el transporte de los racimos de un plantío inundado, en Teapa. Para los tabasqueños, el plátano es considerado como “oro verde”, pues es el principal motor de la economía en la región.
Un niño aparece sentado en lo que era un refrigerador, y juega con sus pies, sumergidos en el agua, en la comunidad de Teapa. 
Damnificado de Acachapan.
Un niño juega a esconderse en el agua que ha quedado estancada por las inundaciones en el municipio de Comalcalco.
La Escuela Comunitaria Primaria Hermenegildo Galeana, en la ranchería Acachapan del municipio de Centro, se ha convertido en un refugio temporal para los damnificados de la zona.
Un niño cruza en lancha el agua estancada de su casa, en Teapa; al fondo, los costales de arena continúan protegiendo la entrada.
Dos hombres cruzan un puente en motocicleta. Al fondo se observan los troncos y ramas de los árboles que se ha llevado el cauce del río, estancados.
Para llegar a la avenida donde se encuentra su casa provisional, un hombre y un niño deben cruzar en lancha el agua estancada. 
Vacas sobre el agua. Aparte del plátano, Tabasco es considerado una entidad ganadera. 
Un niño descansa en una silla tejida que sirve como mecedora mientras calienta agua en una olla, en la ranchería Acachapan. 
Damnificados de Acachapan.

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