Miguel Alvarado

Toluca, México; 29 de febrero de 2020. Le pasó a la escuela normal rural de Ayotzinapa, y cuando reaccionó ya era demasiado tarde. Algunos de sus dirigentes principales fueron infiltrados por los diversos poderes fácticos de Guerrero: las fuerzas armadas -Marina y soldados-, el narcotráfico y la Delincuencia Organizada Trasnacional y los tres niveles de gobierno ubicados en el municipio de Tixtla, en el gobierno estatal de Chilpancingo y en la Federación de Enrique Peña Nieto. En este último nivel, mexiquenses ilustres como el ex secretario del Edoméx de Finanzas, Luis Miranda Nava, estuvieron involucrados en la compra de voluntades de estudiantes. Aunque nadie sabe cómo lo hicieron, para nadie es ya un secreto que David Flores Maldonado, el secretario general de los jóvenes, y el secretario de la cartera de Conciencia Política, un joven a quien se le conoce como El Eterno, El Abuelo o el Jackie Chan, tuvieron responsabilidad en los hechos de Iguala.

La escuela normal de Ayotzinapa fue resquebrajada y pulverizada por algunos de sus propios integrantes, y apenas hasta pueden conocerse partes de esa historia. Les pasó lo mismo a los estudiantes de la UNAM que en 1998 fueron a la montaña de Guerrero para intentar unirse a la guerrilla del ERPI y terminaron masacrados por el ejército, que conocía hasta el mínimo detalle el movimiento de resistencia gestado en el Colegio de Ciencias y Humanidades de Atzcapotzalco y la huelga que mantenían estudiantes ahí, en contra del examen único, entre otras cosas. Una estudiante, Érika Alpízar junto con otra mujer, fueron infiltradas desde la Federación y consiguieron no sólo desactivar el movimiento del CCH, sino también la guerrilla del ERPI.

Un documento que hasta 2017 era de carácter confidencial y que además su contenido se mantiene bajo reserva, señalaba ese año que los normalistas de Ayotzinapa, junto con luchadores sociales, eran considerados agentes subversivos.

El precio de la infiltración en Ayotzinapa ha sido uno de los más elevados: 43 desaparecidos, tres estudiantes masacrados hasta la muerte y tres civiles asesinados durante los hechos. Esto, sin contar las consecuencias de la travesía de Iguala, el 26 de septiembre de 2014, los muertos y detenidos relacionados. De los responsables, a seis años no se sabe nada.

La guerrilla de ERPI fue fracturada con el asesinato de 11 personas, entre ellos Ricardo Zavala, estudiante de la UNAM que junto con Érika Zamora fueron a la comunidad de El Charco, donde los emboscaron los soldados. Ella sobrevivió pero pasó 20 meses en cárceles de alta seguridad acusada de terrorismo.

Otro caso de infiltración efectiva sucedió durante la huelga de la UNAM en el 2000, encabezada por Alejandro Echavarría “El Mosh”, integrante del Consejo General de Huelga. Nunca se dio cuenta y si lo hizo no pudo hacer nada, de que uno de sus más cercanos allegados formaba parte de los cuerpos especiales de la Armada de México. Fueron 10 largos meses en los que el CGH de la UNAM fue vigilado desde sus entrañas y cuando la Policía Federal -en realidad marinos entrenados para abatir subversiones- entró a CU para recuperar el Auditorio Ernesto Guevara, y capturar a los jóvenes, el ayudante del Mosh reveló su origen y entregó el movimiento al que le había dedicado todo su tiempo.

La infiltración alcanza también otras arenas, las de los cárteles del narco, por ejemplo. Y por ejemplo, Tlatlaya, con 21 ejecutados como resultado de la infiltración de grupos que defendían sus tierras de la llegada de mineras, resulta aleccionador. El narco Johnny Hurtado, líder de la Familia Michoacana, entregó a los 21 ejecutados por el ejército, en una bodega de San Pedro Limón. A él lo dejaron ir, y un soldado lo custodió hasta una camioneta para que escapara, minutos antes de que los soldados ejecutaran a los que estaban ahí. Hurtado es uno de los infiltradores más exitosos del ejército y de la Marina en el sur del Estado de México. Fue protegido de las fuerzas armadas y hasta ahora su suerte ha cambiado por la llegada del cártel de Jalisco Nueva Generación, nuevo aliado de los militares.

El paro estudiantil en la apocada Universidad Autónoma del Estado de México ha puesto de cabeza a sus autoridades y también al gobierno del Estado de México. Los estudiantes en paro, sin ningún tipo de experiencia en organización o contenido, hacen lo que pueden y se mantienen desde hace una semana en esa postura, exigiendo que cesen los abusos sexuales en contra de alumnas, que se mejore la seguridad y que se revise la calidad académica. Nada más elemental, pero también nada más difícil. La respuesta de sus autoridades muestra en público su buena disposición pero ya sin testigos, es otra cosa.

Los chicos tendrán que aprender que la palabra “resistencia” es algo más que eso. Se trata de hacer frente a una entidad, a un organismo acostumbrado a violentar, asesinar, robar, abusar, corromper, difamar y siempre salirse con la suya. Ese organismo es el Estado e incluye todas sus manifestaciones: burócratas, empleados, instancias, gobierno, leyes y economía. Ha desarrollado un aparato represor y lo pone en funcionamiento en distintos niveles. Eso es lo que se llama sistema, y es muy difícil revertir su maquinaria y sus efectos sin un apostura políticas que se oponga de manera radical.

La inexperiencia de los jóvenes en paro -no es que no entiendan lo que pasa y que no sepan actuar dentro de una línea de congruencia e idealismo, sino porque los ejemplos de huelgas y resistencia que tienen a la mano pertenecen a otras escuelas y no hay liderazgos históricos ni actuales- jugará contra ellos.


Por lo pronto, la maquinaria de desprestigio, uno de los primeros pasos que da el fenómeno de la contrainsurgencia, que tiene que ver con el miedo.

Los alumnos en paro de la Facultad de Humanidades denunciaron cortes de agua y electricidad, así como bloqueos en señales de internet. También denunciaron que accesos secundarios a la escuela fueron “cerrados” con arena o grava. Personal de la universidad ha sido sorprendido colocando letreros con mensajes en contra de los paros. Las instituciones de la UAEMéx fueron desalojadas con la excusa de que comandos de encapuchados podrían tomar las instalaciones y una campaña en la plataforma Change.org utiliza el nombre de profesores, directores de escuelas y académicos para pedir que los paros se levanten. Los maestros, otro de los engranajes sensibles de la UAEMéx, no se han pronunciado. Más aún, realizan acciones para invisibilizar los delitos de sus compañeros quitando los muros de denuncia, impidiendo la libre expresión de quienes fueron violentados sexualmente en las instancias. Eso pasó en planteles como el de la Prepa Uno y el mismo desalojo de las escuelas, que mantienen esos muros adentro, ha conseguido que no crezcan. Otras prepas, como la número Uno Anexa a la ENSEM, denunciaron lo mismo: directores, profesores y administrativos en contra de los alumnos, de las causas de las denuncias. El sábado 29 de febrero, alumnos de la Facultad de Ciencias Políticas se deslindaron de la intención de tomar planteles ajenos a su escuela y señalaron que el paro también es una protesta en contra de un sistema educativo cada vez más privatizado y por conseguir una universidad digna.

Obligados o no, los académicos que firmaron en Change.org la petición mencionada no se pronuncian al respecto. Algunos lo hacen en redes sociales, como el profesor de la Facultad de Artes, Janitzio Alatriste, en cuyo muro aparece una petición firmada por él. En los comentarios que generó tal publicación, Alatriste aclara que “[…] utilizan a los estudiantes como carne de cañón para conseguir otros objetivos, como por ejemplo alguien para rector, alguien para director de Ciencias Políticas, que otros grupos del PRI controlen la universidad y aquí todos creidotes que luchamos para erradicar la violencia de género”.

Otro comentario de Alatriste señala lo siguiente: “la respuesta se está dando, pero conformar demandas efectivas requiere tiempos que no son instantáneos. Aún así se empiezan a darse resultados. Pero la gran contradicción de los paristas es que nos quieren convencer de que el paro es por la causa de violencia de género, quieren homologar el paro con la causa y eso es falso. Nadie está en desacuerdo con tomar medidas inmediatas al respecto, el desacuerdo es en ¿cuál es la mejor estrategia para ello?

Alatriste, ex director de la Facultad de Artes, una de las seis escuelas en paro, dice también que “porque intereses políticos han secuestrado las legítimas causas como la eliminación de toda violencia de género y nuestras instalaciones. Encapuchados abanderados con una causa que no les importa generan incertidumbre por la confusión obtener beneficios políticos (sic).

La versión de Alatriste indicaría que la UAEMéx es, en este momento un campo de batalla político por el control de ésta entre grupos priistas. Siempre priista, es verdad, la universidad también es uno de los objetivos de Morena, junto con el poder Ejecutivo, que en el Edoméx siempre ha estado en manos del PRI. Medios de comunicación locales comienzan a relacionar los nombres de Jaciel Montoya Arce, un investigador de la UAEMéx y de Maurilio Hernández, diputado local por Morena y presidente de la Junta de Coordinación política, con los sucesos de la UAEMéx, aunque ninguno dice cómo o por qué.

Sin embargo, y pese al silencio tradicional en el que la UAEMéx está sumida, han sucedido otros conflictos, como el que enfrentó en 1976 a alumnos rechazados en el examen de admisión a prepas, debido a la poca oferta de escuelas, y que, organizados, abrieron preparatorias populares que ellos mismos operaron y de las que después buscaron su reconocimiento oficial. La Facultad de Humanidades tuvo también su conflicto, cuando alumnos con carrera de normalistas demandaron su contratación como profesores universitarios, mejoras de programas académicos y participación en la dirección de la universidad, en 1972.

En abril de 1959 un joven José Revueltas analizaba la huelga del sindicato de ferrocarrileros y la participación del Partido Comunista Mexicano en esa acción, aplastada por el gobierno federal del mexiquense Adolfo López Mateos: “El gobierno de López Mateos, dispuesto como estaba, con paro general o sin él, a pulverizar al Sindicato Ferrocarrilero y a barrer con toda expresión independiente de la clase obrera, había dejado llegar a los trabajadores ferrocarrileros –aun por medio de insinuaciones de amistosa tolerancia– al punto en que podía batirlos del modo más aplastante. Así, la desorbitada represión del Gobierno no se dejó esperar para descargarse como un rayo sobre las masas trabajadoras, y después de amargos, heroicos días de lucha, un telegrama, que firmaba el único líder sindical que había quedado libre, trasmitía a los aún no vencidos proletarios ferrocarrileros la orden del regreso al trabajo”.

Desde entonces y desde mucho, mucho antes, nada ha cambiado en México.

La infiltración de grupos inconformes por parte del gobierno o de autoridades es más común de lo que uno cree. Em la UAEMéx se vive un capítulo de reclamo legítimo, que debe organizarse de mejor manera para poder conseguir lo que, públicamente, ha expresado. Ningún movimiento está exento de matices y su debilidad radica en los componentes menos comprometidos que lo conforman, incluso en alguno de sus extremos. Para que un movimiento como el que se observa en la UAEMéx sea exitoso, debe dejar de ser espontáneo y comenzar a elaborar un programa verdadero de acción política, unión e interacción social. Los chicos, quienes legítimamente busquen cambios en su escuela y en la sociedad, deberán entender que aislados perderán fuerza, y deberán aprender que abriéndose no siempre conseguirán la ayuda adecuada.

Los infiltrados, de cualquier manera, ya están ahí. Por eso, menos Paz y más Revueltas.

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