Stella Cuéllar

Ciudad de México; 31 julio de 2022

“Quo Vadis, Aída?” es una película bosnia de Jasmila Zbanić, filmada en 2020. Se trata de un extraordinario filme de guerra, más precisamente de la ocupación del ejército serbio, en 1995, del pequeño poblado de Srebrenica, en Bosnia.

Aída es una profesora, madre de dos jóvenes, casada con el director de un colegio, hasta antes de que comenzara el conflicto.

En medio de la ocupación, en una guerra en el que los hombres juegan un papel central, ella se desempeña como traductora de la ONU. Desde esa posición hará hasta lo imposible por salvar a su familia.

Como miles, ella y su pueblo, son víctimas. Víctimas de la ineptitud, víctimas de la indiferencia del mundo, de la cerrazón, de la barbarie.

La película muestra al ejército serbio invasor de cuerpo entero, pero no sólo a ellos, sino también a las Naciones Unidas, y los trasfondos de la guerra, donde quiera que ésta se dé, y en cualquier tiempo.


Aída es una mujer tenaz y creyó que su posición le permitiría salvar a los suyos porque finalmente tenía ese privilegio por su capacidad de traducción, pero la realidad le dará una bofetada certera en la cara y le mostrará lo poco que valen todos en una guerra.

Cuando el conflicto termina ella tratará de retomar su vida; volver a las aulas. ¿Es eso posible?

Al ver en este filme a las víctimas tratando de reconocer entre los restos a sus seres queridos y perdidos, no puedo más que pensar en los cientos de madres (sobre todo), padres, hijos, hermanos, amigos y colectivas que en México buscan incansablemente a los miles de desaparecidos, corriendo el riesgo de ser asesinados por hacerlo.

Se me estruja el corazón al ver que México tiene muchas de las características de los países en guerra, demasiadas.

Ver a esta mujer en medio, en el centro mismo del juego que es la guerra para tantos y tantos hombres, inevitablemente me estremece.

En Bosnia, en esa ocupación, el ejército serbio exterminó a más de 8 mil 372 civiles, entre hombres, mujeres y niños, y esa cifra tendría que dejarnos sin aliento, sin habla, porque no es una cifra de película, sino que es real. Rebasa las fronteras de una pantalla.

Aída, como funcionaria de la ONU, es testigo de primera mano de las negociaciones en las que se juega su vida y la de los suyos, de todos los suyos, de todo su entorno. Pero ese palco privilegiado lo único que le garantiza es frustración, dolor y nada más.

Se trata de un filme absolutamente honesto y contundente. Los asesinos salen mal parados, pero aún peor quedan las Naciones Unidas, por negligencia, por sus acciones y también por su omisión.

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