Fernanda García

Toluca, México; 11 de mayo de 2022.

Violencia. Violencia de género. Violencia de género que lastima a las hijas. Violencia de género que lastima a las hijas, y que busca destruir psicológica y jurídicamente a las madres. Violencia vicaria.

Esta semana, por el Día de las Madres se atiborraron restaurantes, panteones, cafés, los regalos en medio de la crisis se hicieron presentes para la persona que nos dio la vida, en casi todos los escenarios.

Cuando escuché el término de “violencia vicaria” no podía digerirlo, pensaba que era un tipo de alienación parental, me confundía porque no entendía la profundidad del tema. La violencia vicaria se ha convertido en un recurso con armas legales y apoyo de las instituciones, o mejor dicho, de algunos funcionarios públicos, para generar carpetas de investigación que eviten que una madre vea a sus hijos.

No lo entendía del todo hasta que los testimonios comenzaron a llegar. Conocí a tres madres que están a punto de perder su libertad porque, como parte de las amenazas de los padres de sus infantes, se les está investigando por diversos delitos, desde violencia familiar, robo a casa habitación hasta huachicoleo y crimen organizado.

Suena de película, lo sé, pero no lo es. La realidad supera a la ficción y en el Estado de México el terreno es fértil para lastimar a una mujer con cualquier arma, sea física o legal.

Hace un mes congresistas mexiquenses le pusieron nombre al monstruo y la violencia vicaria fue reconocida en la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida sin Violencia, pero no la tipificaron como delito, y esa es la asignatura pendiente. ¿Cómo no va a ser un delito inventar crímenes, dar falsos testimonios bajo amenaza expresa? Aunque la alienación parental era el preámbulo legal, ya que se consideraba la manipulación o inducción que un progenitor realiza hacia su hijo, mediante la desaprobación o crítica tendiente a producir en el menor rechazo, rencor, odio, miedo o desprecio hacia el otro progenitor; la violencia vicaria da muestras de un fenómeno más profundo y lastimero.

Entonces, a estas madres, víctimas de la violencia vicaria, no las vimos en festivales, desayunos o comidas; tampoco se sentaron a escuchar “Señora, señora” o “Mamá”, muchos menos cosieron un disfraz, no. Ellas están en los juzgados, en las audiencias, en centros de convivencia, con alertas Ámber detonadas, con el alma rota y postrada por un sistema que permite que se les quebrante.

Y son ellas, las madres que luchan contra la pesadilla de ser aniquiladas, las que buscan a sus hijos, las que mueren cada día que pasan sin ellos y reviven sólo a La Luz de la esperanza de demostrar su inocencia y que un juez se apiade de ellas y se les conceda maternar, las que inspiran esta entrada.

La violencia vicaria debe ser castigada. Quien infrinja dolor así en una madre y, peor aún, en las infancias, debe pagar las consecuencias, ¿cómo? No lo sé, eso le corresponde determinar a la Cámara de Diputados.

Antes de cerrar esta entrada hago mención a las madres que luchan en otras trincheras, pues no hay que olvidar que en México están las que buscan, las que lloran a sus hijos asesinados, las que se desgarran todos los días porque su hija fue víctima de feminicidio, las que luchan por justicia, las que hoy no tienen nada que celebrar.

Hay que recordar a las que fueron asesinadas por la violencia machista, las que son víctimas de un patriarcado. No hay mucho que celebrar cuando en el país, en el estado, en cada municipio, una madre llora inconsolable sosteniendo la foto de su hija.

Fuerza a las madres que luchan. Luz para las almas de las que fueron víctimas de feminicidio y hoy son amadas y lloradas por sus hijos. Esperanza para que, un día, la justicia y la no repetición se logren en este país tan machista.

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