Miguel Alvarado: texto. Karen Colín: diseño.

Toluca, México; 12 de mayo de 2022.

Todos dicen que se han preparado para servir. Lo han dicho los morenistas Alejandro Encinas, subsecretario federal de Derechos Humanos; Higinio Martínez, senador y dueño del Grupo de Acción Política; la secretaria federal de Educación, Delfina Gómez; el los priistas Ernesto Nemer, actual secretario general de Gobierno; Alejandra del Moral, secretaria estatal de Desarrollo Social; Ana Lilia Herrera Anzaldo, diputada federal del PRI; Ricardo Aguilar, también diputado federal del tricolor; el diputado panista Enrique Vargas del Villar y hasta el dirigente perredista Arturo Piña García, lo ha hecho.

Todo estos, más otros que se sumarán a la cola de aspirantes a la gubernatura del Estado de México, mienten en lo esencial: no están preparados para servir. Si acaso están listos para servir a su partido y a quienes tienen el poder ahí, a sus grupos políticos, a los intereses económicos y a otros poderes, incluyendo las iglesias y hasta el enquistado crimen organizado.

Hasta ahora, esa es la oferta de los partidos para las elecciones, y a todos y a cada uno se les pude demostrar que están ahí porque son parte de un engranaje político que no representa, que socialmente no funciona y que además lesiona sensiblemente a la ciudadanía.

El caso de Morena, la izquierda empanizada, tricolorizada, perredizada del Estado de México, es emblemático porque tenía la oportunidad de conseguir cambios realmente significativos en el Estado de México desde el principio, desde la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador. Pero no es así. Alejandro Encinas, en estas dos últimas semanas, ha encontrado un apoyo casi absoluto de la Presidencia de México para entrarle al proceso electoral mexiquense. Él, que no necesita invitación de nadie, ya había aceptado representar a la base morenista pura a condición de que terminara la investigación oficial de Ayotzinapa, la cual saldrá pronto -pronto significa que coincidiría con el próximo 26 de septiembre-. Es justamente esa investigación la que siempre perseguirá a Encinas, que hizo lo que pudo y también hizo lo que le ordenó el presidente.

En este momento, además, existe un comprobable, profundo e irreparable quiebre político entre la maestra Delfina Gómez y el senador Higinio Martínez, que pertenecen al GAP, él como jefe y ella como la cabeza de playa enviada desde el 2017 para competir en esos comicios, que ganó el priista Alfredo del Mazo por muy poco margen y que sirvió para adelantar la aplastante victoria de AMLO en las presidenciales. Delfina e Higinio han cortado relaciones.


En la Presidencia, el propio AMLO -que es cualquier cosa menos un tonto- lo tiene identificado como un político cercano, demasiado cercano, al PRI, lo cual es cierto.

La historia política de Martínez consta en diarios e investigaciones disponibles hasta en internet que relatan, por ejemplo, su involucramiento en la compra-venta de tierras en San Salvador Atenco, las mismas en las que se construyó una parte del aeropuerto internacional de Peña Nieto. Por eso, en Palacio también se consignó que la prensa local en los años de Arturo Montiel y del propio Peña le llamaba “PRIginio”. Que haya obtenido tal poder político en el Estado de México no es un secreto para nadie. Se encargó de organizar estructuras que garantizaran el triunfo de AMLO y los suyos en 2018. A cambio, se le dio chance de ubicar a algunas de sus cartas en ayuntamientos y diputaciones, aunque también de hacer negocios con la Federación. Uno de ellos es el de la renta de unidades vehiculares y equipo a las delegaciones de la Secretaría del Bienestar en el Estado de México.

Que Martínez haya peleado con la maestra Delfina significa que ya sabe que él está en el último lugar de las preferencias presidenciales y quienes están cerca de él afirman que ese desencuentro no creará un cisma en Morena porque Higinio, de origen perredista, apenas compagina con Morena. Lo que hará, dicen, es apoyar desde lo soterrado a quien se enfrente a Morena en las elecciones del 2023. Así nomás, y no hacer olas innecesarias.

Ese tipo de amagues no dan resultado, aunque algunos sí, como el que le hizo Eruviel Ávila al PRI, en 2011, cuando ya se había elegido a Del Mazo como candidato. Eruviel planteó que iría con el PRD y que el valle de México lo apoyaría. Así que la pensaron dos veces y al cuarto para las doce se optó por Ávila, que ganó la gubernatura sin ser parte del Grupo Atlacomulco.

Por eso, que digan los aspirantes que están capacitados para servir es basura pura.

No cabe duda de que Morena es el principal enemigo de Morena.

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