Miguel Alvarado: texto. Ramsés Mercado: foto: Brenda Cano: diseño.

Villa Guerrero; México; 21 de enero de 2021.

A Nazario Millán Estrada una tromba le arrebató sus flores. Apenas puede hablar de la tristeza que le representa verlas ajadas, tiradas, regadas por todos lados. Esas rosas, además, lo sostienen, le dan de comer a su familia, le han construido su casa, le dan escuela a sus hijos. Se trata de una cosecha que una tromba, sucedida la segunda semana de enero, borró para siempre y que a Nazario y a otros productores en la región de Villa Guerrero, uno de los municipios que mayor producción de flor en el Estado de México los ha dejado sin producto para vender este 14 de febrero, una de las fechas más importantes de venta para ellos.

La de la floricultura es una actividad que ha ido creciendo y expandiéndose tanto que ahora Tenancingo, Tenango, Ixtapan de la Sal, Coatepec Harinas y otros municipios han comenzado a ver en esa actividad una fuente importante de ingresos. Tiene sus contraindicaciones, sin embargo. Una de ellas es que el suelo ha ido cambiando de uso y de ser agrícola, se ha convertido en florícola. Ahora, cientos de kilómetros cuadros han sido envueltos en plástico para construir los nuevos invernaderos que utilizan fertilizantes de empresas como Monsanto, y que generan una contaminación química en las tierras. La floricultura, como se practica ahora, se parece mucho a la salvaje minería a cielo abierto de Guerrero. Y como en la minería, la actividad de la siembra de flor ha sido controlada por el crimen organizado, por la Familia Michoacana, sin que ninguna autoridad haya podido hacerle frente con éxito.

-Ahí están las pruebas físicas en los terrenos y en los invernaderos. Nos tocó, nos tocó la de malas y pues todo un año preparándonos para estas fechas vino a culminar con la destrucción de todo- dice Nazario, un productor que además da trabajo a muchos en su comunidad. Para él, las pérdidas ascienden al 80 por ciento de las flores- dice Nazario en la comunidad de Coxcacoaco.

Estos productos han podido sostenerse a pesar de que la pandemia por coronavirus ha azotado con violencia los últimos días en el Estado de México. Apenas hoy, la variante de ómicron ha obligado a las autoridades a declarar semáforo amarillo por fin, una decisión que irresponsablemente fue aplazada y que no se tomó sino hasta que el gobernador Alfredo del Mazo anunció que él mismo se hallaba contagiado. Este 21 de enero, han acumuladas 45 mil 34 muertos por la infección en el Estado de México, que ha registrado 24 muertos en 5 días, lo cual representa un repunte profundo y significativo en lo que se refiere a los indicadores de la pandemia.


Pero eso, aunque Nazario no lo pierde de vista, por ahora para él no tiene mayor relevancia cuando 40 personas perderán todo un año de trabajo. La venta que realiza Nazario tiene verificativo en México y para que una persona pueda tener en sus manos una rosa, tienen que pasar 70 días.

-Ahora a lo mejor téngamos que cerrar todo -dice Nazario sin poder concentrarse, porque sólo tiene ojos y razón para sus rosas destrozadas- yo tengo 57 años y jamás nos había pasado, nunca lo había visto.

La tromba lo agarró desprevenido, como a casi todos. Incluso pensó que la fuerza de la tormenta tiraría la casa que habita, aunque al final lo único dañado fueron los invernaderos, de los que se dañaron los plásticos y las estructuras.

-Si se puede, que las autoridades nos echaran la mano con lo que fuera, nada más para sacar para comer- dice Nazario, que no atina a responder nada porque las preguntas que le hacen no ayudan en nada a resolver su tragedia. Cuando responde, lo hace mirando sus rosas porque junto con él, otras 100 personas padecerán la furia del granizo, que ya azotó entre 40 y 50 hectáreas aunque su fuerza destructora se materializará a la hora de tener para comer.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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