Ramsés Mercado

Ocoyoacac, México; 17 de enero de 2022.

Incertidumbre es preocupación, el riesgo al contagio por covid-19 o a su variante de ómicron. Pero con todo eso las festividades, las costumbres de lo religioso no se detienen.

La de hoy, tampoco.

Hace un año, en el 2021, todas las iglesias permanecieron cerradas debido a la segunda ola de contagios por el coronavirus pero ahora los pobladores de Ocoyoacac asistieron a la Capilla de San Antonio Abad a celebrar, rezar, pedir e incluso dar gracias al santo patrono de los animales, de los arrieros, de los sepultureros e incluso el protector de los pirotécnicos.

Este es el Barrio de Santa María y su esquina de la Avenida 16 de Septiembre y La Piedra, donde se encuentra, precisamente, una pequeña capilla de piedra.

Allí se acostumbra, los 17 de enero, a pedir por los animales, los que son considerados como mascotas y también los que están destinados a otros usos alimenticios o industriales. También se reza por los trabajos del campo o los que se dedican al transporte de personas y mercancías. Aquí se viene a pedir por ellos, por su salud, para que no estén tristes y que tampoco le falten fuerzas.

“Que San Antonio los bendiga, que sean libres de las plagas, de las pandemias que afectan a los animales”. Bendícelos para que sean libres de toda enfermedad, de todo maltrato que les damos algunos seres humanos, que sepamos, Dios, respetar parte de tu creación”, dice el sacerdote católico que oficia la celebración rodeado de figuras de San Antonio de todos los tamaños.

En las oraciones no se le escapan otros: los que son entrenados para descubrir droga, los que fueron preparados para evitar asaltos en las casas. “Bendícelos para que ellos también gocen de la vida que tú les has concedido y concédenos también a nosotros la capacidad de respetar a los animales que son parte de nuestro universo y colaboran también en el bienestar de la humanidad en una ecología”, rezaba el sacerdote.

Afuera, hay una señora que lleva entre sus manos una gallina y anda con descuido entre las correas de los perros inquietos que apenas tienen fuerza para oler o ladrar porque prefieren dormir.

Hoy se reza por los animales para que la salud nunca les falte y también para que los campesinos tengan sustento económico.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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