No practico la crítica literaria, pero como lector ejerzo mi derecho a dar mi opinión

Daniel Zetina

Ciudad de México; 17 de octubre de 2021.

El libro Falsos silogismos de colores, de Araceli Ardón, lo compré en Querétaro, una de las ciudades con más librerías per cápita del país. La autora es conocida por su labor cultural. Incluye quince cuentos en torno a la mujer actual, aunque de diferentes épocas, que inician con un epígrafe de Juana de Asbaje y casi todos ocurren en Querétaro.

“¿Qué es un silogismo?”, me preguntó una amiga que me vio leyendo. “Una forma de ordenar el razonamiento”, dije recordando cuando daba clases de lógica. “¿Por qué falsos?”, pudo ser la siguiente duda. “Y de colores”, habría completado yo. Podría hablar de sinestesia, pero dejémoslo en que el título es un verso de Engaño Colorido de la Décima Musa.

Los temas de Ardón son precisos, los expresa sutilmente o con cierto barroquismo, para nada chocante; es una autora culta y no tiene por qué ocultarlo. Hay una cotidianidad en el libro cercana a la patética realidad: las mujeres mexicanas y sus asuntos: viudez, orfandad, pasión, violencia, matrimonio, maternidad o vejez. Los personajes también padecen o enfrentan frustración, injusticia, abandono, machismo e ideas conservadoras.

No es un libro marcadamente feminista, es más un enfoque crítico sobre la decadencia social y sobre la importancia de los diversos roles de la mujer. Es, por supuesto, una declaración de principios. Hay muchas ideas en el libro, pero Ardón las asume como propias en un conjunto arbitrario, como deben ser las propuestas originales (filias y fobias incluidas).

Los cuentos fueron escritos con diversos recursos, algunos están mejor logrados. A mí me parecen interesantes siete. “Josefa” es una historia intrincada en torno a cierta biblioteca andante, que incluye la referencia a Querétaro en “El Aleph” de Borges. El cuento se cae hacia el final, pero me gusta su tono bibliófilo; además, puedo repetir, como Borges, que: “vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala” (vivo en el centro de dicha ciudad).


Con “Carmen” pienso en cómo romantizamos la realidad. Una médica se siente poderosa al salvar a un adicto, pero el destino no cumple caprichos y se decanta por lo más lógico. Algo similar pasa en “Camila”, una mujer exitosa pero sola, que termina estafada por un fulano.

“Emma” vive el drama del cáncer y del abandono. Aquí la crítica al sistema patriarcal es más directa, con un ejemplo popular: el hombre que en la crisis de la mediana edad pierde el rumbo.  En “Eleanor” hay más crueldad, con el violento término de la inocencia. Conmueve la soledad de la que es presa en adelante y cómo su vida de adulta se ve reducida a ella misma. “Gabriela” intenta, con buenos recursos, exponer lo complicado que puede ser un linaje y lo enredado de los vínculos familiares.

 “Gen” es para mí el mejor, el más literario, pero también el que reivindica los temas del libro. Aquí la mujer se convierte en heroína, con luz y sombra; conmueve hasta las lágrimas y nos deja una enseñanza: levantar la cara y dar lo mejor a pesar de las circunstancias.

En resumen, este libro me gustó, contiene historias, lenguaje y otros elementos que permiten desfrutarla, además de que exige del lector un enfoque crítico. Ardón ofrece una voz propia, insisto, es original, no se parece a otros, no recuerda a un “maestro” ni al eterno becario del Fonca, sigue su propia línea, tiene una voz propia. El libro puede encontrarse en el siguiente link.


* Araceli Ardón, Falsos silogismos de colores, Querétaro, Casablanca Ediciones, 2018, 170 pp.

* Soy escritor, tallerista y editor. Optimista apocalíptico. Cuando no escribo, debato mis ideas, comparto con amigos, platico con mi hija o vendo libros. danielzetinaescritor@gmail.com

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