Miguel Alvarado

Toluca, México; 17 de agosto de 2021.

Familiares de 24 presos en cárceles del Estado de México cumplen hoy seis días de huelga de hambre. Apenas el domingo pasado se integraron otras seis personas a la carpa bajo la que acampan, y que ha sido apenas acondicionada. Están frente a la oficina del gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza, quien desde ahí no tiene más remedio que verlos y escucharlos aunque el palacio de Gobierno se mantenga cerrado. Ellos reclaman que la Ley de Amnistía no se aplica a sus familiares, injustamente presos, y que por eso no alcanzan los beneficios que les permitiría llevar sus casos en libertad.

Una huelga de hambre representa uno de los recursos más extremos a los que recurren quienes no tienen voz ni cuentan. En realidad, en ese grupo estamos casi todos. La entrada a la enorme carpa se encuentra tapizada de cartulinas y retratos. También, sobre cartones, se las ingeniado para poner un contador en el que apuntan los días, las horas y los minutos que los huelguistas llevan ahí.

La madre de un chico preso, quien está sentada en el amasijo de cobijas que le sirve de cama, mira con los ojos cargados con algo que resulta inexpresable porque contiene las emociones de alguien que ha sido arrinconada, y que no encuentra más formas para reclamar justicia al Estado

Así que mira primero a un lado y después, ahogada por un llanto que apenas contiene, baja la mirada, pone las manos en su regazo y entonces sus hombros cargan, pero en serio, con la responsabilidad de arriesgar la vida por alguien. Ese domingo, el viento azotaba la carpa que las protegía y las falsas ventanas se arrugaban, yendo y viniendo como el corazón oscurecido que uno lleva cuando tiene una pena que no encuentra fin.

– Que le pido a Dios que esto funcione, que Dios ya le dé la libertad a mi hijo, que toque el corazón de Ricardo Sodi (presidente del Tribunal Superior de Justicia estatal) y de Alfredo del Mazo, que le den la libertada mi hijo y a todos los presos inocentes. [Mi hijo lleva] siete años pagado por un delito que no cometió, se perdió de ver nacer a su hija, de verla crecer- dice ella entonces, hasta que se le acaban las palabras.

Mientras cuenta cómo se siente dejar a un hijo en la cárcel, cuando uno va a visitarlo, el viento azota las paredes endebles de plástico y se cuela por las rendijas como algo que parece un aullido pero que no alcanza todavía a gritar. Y así, en lo que ya es su casa a partir de ese día, exige que Héctor Michel Lemus González, preso en el penal de Molino de las Flores, en Texcoco, Edoméx, salga libre y que un milagro ocurra para que a Sodi y a Del Mazo se les ablande el corazón, aunque la decisión transite por caminos insospechados, llenos de agujeros que también contienen corrupción.

Las primeras cinco mujeres que se han instalado tienen miedo de que este recurso tampoco funcione. Han recorrido el Estado de México con la protesta a cuestas. Se ha rapado, se han empapado, han perdido sangre, han convertido la sede del poder Judicial en un inmenso altar iluminado por velas. También han intentad acudir a las Mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador sin poder pasar de la puerta. Han gritado, han llorado y han gestionado en distintas instancias sin mayor éxito. Cada una se aferra al retrato de su pariente, a quienes muestran triste, afligidamente.


– ¡De aquí no nos iremos hasta que nos devuelvan a nuestros familiares!- dice una de ellas, pero sabe que puede no ser así y por eso pesa en ese ambiente extremo la sombra de algo inhumano, y que ellas lo saben traducir muy bien.

Para realizar una huelga de hambre se despliega todo un proceso que tiene como finalidad cuidar lo mejor que se pueda la vida de los participantes. Ellos sólo podrán ingerir líquidos y miel, y cerca de ahí están los servicios de salud pública que intervendrán en caso de ser necesario.

“No estarán participando en esta etapa de la huelga de hambre personas con diabetes, hipertensión o problemas hormonales como tiroides, y deseamos evidentemente que no sea necesario y lo digo así porque a la decisión de estos hombres y mujeres que están frente a ustedes es que cada día o cada dos días se estarán sumando más personas a la huelga de hambre”, dijo Antonio Lara Duque, miembro de la organización de derechos humanos Zeferino Ladrillero.

Un día después, seis personas más se integrarán al primer grupo y con ellos ya sumarán once en esta protesta extrema.

Christofer Gómez Flores, de 23 años, se declaró en huelga de hambre por Gilberto Gómez Flores; Andrea González Romero, por Daniel González Romero; Claudia Nayelli Juárez Vargas, por Jorge Daniel Juárez Vargas y Miguel Ángel Juárez Peña; María Luisa Montoya García por Carlos Alberto Estrada Montoya; Karina Rivera por Jorge Rivera; Maribel González Pacheco, por Héctor Michel Lemus; Edith Paz Rivas, por David Gregorio Paz; Delia Arroyo, por Daniel Plácido Arroyo; Olga Téllez por César Armando Soberanes; Luis Hernández por Pedro Alejandro Fonseca y Antonio Candelaria Alejandro por Antonio Candelaria Reyes.

“¡Así nos saquen muertas, no nos vamos!”, gritan al final y ese grito rebota en los muros de piedra del palacio de Gobierno, rodeado por policías, la guardia habitual del miedo, que cuida que nadie se acerque a rayonear las piedras.

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