Ramsés Mercado

Zinacantepec, México; 6 de julio de 2021. “Todo es el agua”, dicen en las comunidades mazahuas y otomíes del valle de Toluca que saben la importancia de la tierra y de su riego, de la llegada de las lluvias. Pero eso era antes, cuando las precipitaciones no ocasionaban lo que hacen ahora porque en el camino de los ríos no había obstáculos ni tampoco asentamientos humanos. Ahora que somos tantos, el agua se ha convertido en un asunto de vida o muerte, ya si escasea como si no.

El volcán Xinantécatl es la cuna de los ríos, de los canales. Desde ahí baja el agua hacia Toluca, hacia Lerma, hacia Almoloya de Juárez, hacia Sultepec, hacia Zinacantepec. Ayer, por el lado de este último municipio las lluvias convertidas en ríos llegaron a los pueblos y sepultaron calles y viviendas como no se había visto en los últimos años.

La tarde-noche del lunes 5 de julio en el valle de Toluca el río Xinantécatl se desbordó. Desciende desde las faldas del Nevado de Toluca y nace en los poblados de Raíces, San Juan, Tejalpa y San Pedro, pero fue en San Antonio Acahualco, en el municipio de Zinacantepec donde el agua se ensañó con lo que halló a su paso. Ahí, las aguas salidas del cauce provocaron desastres e inundaciones en casas y cultivos. Incluso, algunos autos fueron arrastrados por la corriente.

Han pasado diez años desde la última vez que se inundara todo, al menos así lo comentan los habitantes de la región, y coinciden en que eso nunca había sucedido como pasó ahora. Y es que esta ocasión el agua arrastró bloques de tierra que rebotaban en las fachadas y marquesinas de las casas con la violencia propia que arrastran las tragedias.

-Mi cuñada se salió por la ventana, no nos dio tiempo de sacar algo, la corriente se llevó hasta los trastes- dice una de las mujeres que solamente pudo mirar la furia del agua cuando deshacía la cocina familiar.

Ahora, han pasado más de doce horas y aún continúan las labores de limpieza que los propios vecinos organizaron. Se valen de escobas y cubetas para sacar el agua, que conforme baja deja ver la magnitud del desastre que el lodo ha ocasionado. Porque la pérdida puede verse en la ropa, los muebles, las alacenas, los alimentos: nada se ha salvado.

-¿Qué puede servir de aquí? ¡Nada! Y las autoridades nomás vinieron a ver, a la foto, dijeron que nos iban a apoyar, pero nomás nos prometen y hasta ahorita no hay nada- dice otro vecino, mientras sostiene, de tanto en tanto, la cubeta y las escobas que le tocan manipular.

Y es que en las casas de la calle de Tenancingo y Miguel Hidalgo ni siquiera la altura les favoreció a los vecinos. La fuerza de la corriente terminó llevándose todo. El cultivo quedó aplastado, estrujado contra la misma tierra y su lodazal; los pollos y los guajolotes no pudieron escapar y murieron ahogados y golpeados por la fuerza de la corriente y el arrastre.

Ahora, todo tendrá que comenzar nuevamente.

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