Ramsés Mercado / Miguel Alvarado

Xonacatlán, México; 24 de marzo de 2021. La caja blanca donde descansa permanece en la entrada de su casa, del lado izquierdo hay un cuadro de la Virgen de Guadalupe. A sus pies la familia colocó una foto de cuando ella cumplió quince años en la que aparece feliz porque ese era uno de sus mejores recuerdos. Ahí estaba ella, con su vestido enorme color rojo.

Pero ahora, a la entrada de su casa cuelga un pequeño moño blanco porque Wendy Yoselín Ricardo Sevilla apareció asesinada el 22 de marzo de este año.

Su muerte conmovió a Xonacatlán, el municipio donde vivía, pero cimbró al valle de Toluca porque fue hallada flotando en un canal, y esa imagen, la de su rostro emergiendo del agua y como si ella fuera una estatua de oro líquido porque ese color le daban los rayos del sol, se quedó como otra marca indeleble, como una fotografía renovada de la tierra feminicida en la que se convirtió el Estado de México.

La niña ya había cumplido 16 años y no se sabe quién o quiénes la mataron.

Lo que sí se sabe es que nadie ayudó a buscarla cuando la familia reportó su desaparición, el 20 de marzo pasado, apenas hace 96 horas y entonces la familia de ella tuvo que hacerlo con sus propios medios, como pudo.

El 22 de marzo se hizo pública la muerte de la niña y su cuerpo en el agua indignó a todos y sacó a la gente a las calles a pesar del miedo que se abraza como una lapa por tanta muerte y violencia.

Por eso, la despedida de su madre se convirtió en un grito potente, cuyo mensaje final se fue con su hija: “Te amo, mi amor; te amo, mi vida. Te amo mijita hermosa. No tengas miedo y no te olvides de mí”. Así fue la despedida de Wendy, después de ser encontrada en ese canal de aguas negras, en un libramiento que todos le llaman Las Peñas.

Caminar al panteón de la localidad no sería fácil. El féretro de Wendy fue tomado y levantado en vilo por su familia y conocidos, niñas como ella, en tanto, llevaban carteles con la expresión de su enojo, pero a veces esas palabras quedan tan cortas como las de esta crónica cuando lo que pasa a un lado es un féretro con el cuerpo de una niña ejecutada. Y pues sí, “si tocan a una, respondemos todas”, pero esa frase, que se ha convertido en el grito de una guerra de toda una generación de mujeres violentadas y muertas, se repite cada vez más a menudo porque cada vez hay más feminicidios. Sólo en el Estado de México hay 39, cometidos entre enero y febrero, un dato además frívolo, engañoso, porque se trata del 2 por ciento de los crímenes que se denuncian al final de cada año.

“Justicia para Wendy”

A Wendy la cargó el dolor y la indignación de sus amigas, que la llevaron por las calles de Xonacatlán hasta su destino final. Por ejemplo: los ojos de su amiga se abren tanto como pueden abrirse mientras mete el hombro bajo la caja. Lleva también una botella de agua y el agua se oye cuando choca contra el plástico que la contiene. Va en medio de dos mujeres con cubrebocas, pero ella se ha quitado el suyo desde el principio porque así grita más duro, aunque sus gritas se quedan también en sus ojos enrojecidos y en sus ojeras negras y amoratadas que la delatan insomne desde hace horas.

El cortejo se detiene en la casa de los abuelos maternos. Ya antes Wendy estuvo en la casa de sus abuelos paternos. Pero en esta segunda parada el dolor se ha hecho más grande, más doloroso. Los lamentos de la madre no cesan, es el sufrimiento que desgarra y termina con uno: “¡nunca te voy a olvidar mi niña linda, mi niña hermosa!”. La madre no se desmaya porque su familia está con ella, pero la ausencia es tanta que no pueden ayudar a quien ha perdido a su más grande amor.

La madre se da cuenta de que los paramédicos que acudieron a resguardar a la gente, la auxilian. La madre hablará después, y dirá que lo siente con toda el alma, que maldice con toda el alma. Eso debió decir. En cambio, recordó el último día de la niña con palabras tranquilas.

-Me dijo que le diera permiso de dar una vuelta, que iba con su novio. Entonces ya después regresó solo el novio y me dijo que mi hija se había desapartado de él. Entonces me dijo que a ella le había entrado una llamada y le dijo que se adelantaba. Ya cuando llegó él aquí, mi hija no estaba. Y las llamadas que se le hicieron ya no entraban. Entonces ya no supimos nada, pero más tarde, como a las 7:19, le llegó un mensaje a su novio en el que mi hija le pedía ayuda, pero ya fue todo- dice más tarde Guadalupe Sevilla, la madre.

“Ni perdón ni olvido, que encuentren al asesino”

Wendy salió cerca de las cinco de la tarde del día 20 y la encontraron el lunes 22. En realidad a la familia le avisaron que había una joven tirada en un canal, que fueran a ver un cuerpo. Ojalá y no sea, les dijeron.

-Pero llegamos y sí, sí era mi hija. En la Fiscalía me van a enseñar las cámaras y ahí va a salir todo. Y van a rastrear su teléfono y eso me lo van a enseñar mañana- dice la madre más tarde.

El funeral y las decenas de velas han quedado ahí, en el suelo de su casa, algunas prendidas, otras apagadas y en el panteón municipal de Nuestro Señor de la Salud en la comunidad de Santa María Tetitla ya descansa Wendy.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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