Jorge Tadeo Vargas

Toluca, México; 24 de marzo de 2021.

En el 2020 se aprobó tanto en el Congreso como en la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma al artículo 162 de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de Residuos (LGPGIR), promovida por el senador del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), por Chihuahua, Cruz Pérez Cuéllar. Esta reforma busca que el coprocesamiento, una técnica de valorización energética, sea considerada de forma distinta a cualquier otra técnica de incineración de residuos, aunque en términos claros sean la misma cosa.

A pesar de todos los intentos por detener esta reforma por parte de la sociedad civil organizada, con el invaluable apoyo de otra senadora de Morena -por Hidalgo-, María Merced González, el cabildeo y la presión de la industria cementera, principales beneficiarios de la reforma, terminó por aprobarla, vía fast track. De igual forma, en tiempo récord, fue publicada en el Diario Oficial de la Federación. Con esto, México se convierte en el primer país que legisla en ese sentido otorgándole a un concepto técnico un carácter distinto de lo que es. Es decir, coprocesar en sentido técnico es incinerar. Lo es también en el sentido socioambiental y sus impactos en la salud ambiental de la naturaleza y las comunidades cercanas en donde se realiza esta práctica.

¿Y en que nos afecta? La industria del cemento tiene, desde la década de los noventa, usando lo que ellos llaman Combustible Derivado de Residuos (CDR), que no es más que una mezcla de diversos residuos peligrosos y de manejo especial para suplir el uso de combustibles fósiles. Este cambio repercute directamente en las comunidades y ecosistemas cercanos a las plantas de cemento, las cuales se han ido convirtiendo en zonas de sacrificio porque viven en una clara falta de justicia socioambiental y resienten la ausencia del Estado para proteger su salud. Un claro ejemplo de esto es el municipio de Apaxco, en el Estado de México, pues ahí, hace casi treinta años, la empresa cementera Holcim y su filial que le produce el CDR, Geocycles, han contribuido a que este municipio sea considerado de los más contaminados en el mundo y que forme parte de los infiernos ambientales como los llamó en su momento Víctor Toledo, a su paso como secretario federal de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Desde hace más de diez años los pobladores están en una franca resistencia contra esta práctica, denunciando de forma mediática y con demandas legales, amparos, usando todos los medios a su alcance para que sus derechos humanos básicos sean respetados, es decir la salud y un medio ambiente sano. La reforma en cuestión no hace más que aumentar el impacto de manera considerable.

Los contaminantes que producen los CDR’s están ampliamente documentados en todo el mundo por centros de investigación y universidades serias y de renombre. Sabemos que estos van desde contaminantes orgánicos volátiles hasta orgánicos persistentes, por lo que la correlación que existe entre las plantas cementeras quemando residuos y enfermedades respiratorias, afectaciones al sistema reproductivo, nervioso, entre otras, hasta muchos tipos de cáncer, es muy clara. Con la reforma al artículo 162, la mezcla aumentará tanto en toneladas como en sustancias químicas, las cuales irán a parar a los hornos cementeros para ser incinerados -coprocesados-, con lo que los tóxicos también aumentarán en cantidad y tipos.

Es importante aclarar que algunas empresas cementeras ya están incluyendo residuos sólidos urbanos en sus CDR’s. La que lleva la delantera en esto es CEMEX, que desde 2012 incinera, a 600 pesos la tonelada, alrededor de 4 mil toneladas diarias de residuos sólidos urbanos provenientes de la Ciudad de México en sus hornos de Tepeaca, Puebla; Atotonilco, Hidalgo y Tlanepantla, Estado de México. Cementos Fortaleza/Lafarge también está mezclando residuos municipales.

El cien por ciento de las 36 plantas cementeras en el país están incinerando/coprocesando residuos industriales en mayor o menor medida, con lo que la contaminación que produce el coprocesamiento genera en todo el país con daños irreparables.

Incinerar residuos como gestión de los mismos no sólo no es sustentable sino que es irresponsable, pues es una salida de final de tubería que no soluciona el problema de la generación. Y es que contrario a cualquier idea de “cerrar el ciclo de los materiales” mediante la economía circular como lo cacaraquean sus creyentes. Coprocesar no es la forma de hacerlo, al contrario, es parte del modelo extractivo pues al quemar materiales que podrían ser recuperados y reciclados se necesita extraer más bienes naturales para que el modelo de producción-consumo se mantenga buscando sólo el negocio sin tomar en cuenta los derechos humanos y los principios básicos de la justicia socioambiental.

CEMEX es un ejemplo de que el coprocesamiento es más un negocio que una necesidad. Como mencioné anteriormente, cobran 600 pesos por tonelada de residuos a incinerar/coprocesar y lo hacen aunque no estén produciendo cemento, como es el caso de la planta que tienen en Hermosillo, Sonora y la de Tlanepantla. Esta última estuvo cerrada por décadas y la pusieron a funcionar solamente para incinerar los residuos de la Ciudad de México, con una producción igual a cero en lo que respecta al cemento, con lo que dejan muy claro que no es producir lo que les motiva sino el dinero involucrado.

Existen serios problemas en los municipios con la gestión de los residuos que producen. Sin embargo, las soluciones no pueden ser de final de tubería como las que promueve la industria del cemento con la complicidad de las autoridades por motivos que pueden ir desde la falta de información hasta la corrupción.

Las soluciones tienen que ser pensadas, basadas en la mejor ciencia posible que busque modificar no sólo la disposición final de los residuos, sino que vaya de forma integral desde la producción, el consumo y la disposición. La mejor forma de gestionar los residuos es no generándolos ¿Cómo? Pues los planes de Basura Cero comunitarios, municipales, pueden ser una buena idea para comenzar. En la próxima entrega platicaremos sobre ciudades Basura Cero y cómo poner en marcha esta idea, iniciativa y filosofía.

Jorge Tadeo es activista, escritor, ensayista, anarquista, biólogo, panadero casero, coordinador de LIDECS.

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