Redacción VcV

Toluca, México; 5 de febrero de 2012.

“La Fiscalía no hizo nada por encontrar a Christian a pesar de que tenía datos y sabía el lugar en donde podían hallarlo. Yo di muchísimas pistas. Di direcciones, di placas, números de patrullas, incluso me pidieron una cantidad, hice depósitos y pues ni aún así pude recuperarlo”, dice su hermana. A sus espaldas hay un librero al que han cubierto con una manta. Ahí está la estatua de una virgen de Guadalupe, unas flores y el retrato de Christian, posando feliz con una camisa azul para quien le tomó aquella foto. Hay una rosa, dos manzanas. Una foto pequeña en donde aparece él con gafas oscuras. En otras, se observa a un niño junto a la postal de San Judas Tadeo. Un cirio, abierta una Biblia y cosas que no debieran lamentar la ausencia.

Fuera de ese altar no hay nada sino el relato de quien lo buscó afanosa, de quien hizo lo que pudo y de quien fue ignorada por la Fiscalía del Estado de México. Ya lo dijo ella, que les dio todos los datos a los investigadores y ni así.

Ni así, en el Estado de México, significa que aunque existan las pistas suficientes, las pruebas suficientes, la justicia no será aplicada porque es selectiva y tiene un precio. Si uno no tiene cómo pagar, entonces la justicia se ensañará en las víctimas. Es la ley de la Fiscalía, una ley no escrita que la hace funcionar de una manera retorcida, como un engranaje de castigo para quien sufre de un atraco, de un secuestro o cuyos familiares son levantados o asesinados.


Eso se llama justicia, la justicia de la Fiscalía mexiquense.

El 17 de julio de 2021, el enfermero Christian Marcelino Trinidad Francisco desapareció al salir de su trabajo. Había salido junto con unos amigos del hospital en donde laboraba.  Los amigos dijeron después que había abordado un servicio de DiDi, que debía llevarlo a su casa, en la Nueva Oxtotitlán en Toluca.

Pero nunca llegó. El DiDi se quedó unas cuadras antes y aunque al principio se pensó que el conductor era el responsable de esa desaparición, pero no era así. El joven había pasado a comer a un puesto de comida, en la calle de Laguna de las Palomas cuando fue abordado por policías municipales, que lo acusaron de ser un delincuente. Entonces entre varios lo levantaron, lo subieron a una patrulla y se lo llevaron. Todo esto a unos metros de su casa. Los vecinos precisaron a los familiares que el joven había participado en una riña y que por eso lo habrían levantado, pero nunca llegó a los separos.

Tuvieron que pasar 41 días para que a Christian lo encontraran, el 29 de agosto en el Servicio Médico Forense de Naucalpan. En realidad, lo hallaron antes, en Huixquilucan, pero el cuerpo no tenía ninguna identificación y se encontraba en mal estado. Fue hasta que la comparación genética hizo match que confirmaron la identidad del joven, cuyo caso se clasificó en homicidio doloso.

“El 11 de noviembre de 20120 me dijeron que ya había una orden de aprehensión para uno de ellos, porque fueron varias personas, pero hasta la fecha nadie se ha comunicado conmigo. El licenciado que llevaba el caso me dijo que debía retirarse pero que una de sus compañeras seguiría con el tema. Hasta la fecha nadie se ha vuelto a comunicar conmigo, no se ha entrevistado conmigo ni se ha visto qué ha pasado con la carpeta de Christian. Quiero saber por qué lo mataron”, dice su hermana, quien refiere que el caso está radicado en la Fiscalía de Asuntos Especiales de Toluca (FAE), con la carpeta de investigación TOL/FPD/171450/20/07. La orden de aprehensión que se había liberado no se cumplimentó a pesar de que se tenían datos precisos y direcciones. En la FAE no le abren, porque como hay contingencia, no atienden a nadie.

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