Miguel Alvarado

Toluca, México; primero de marzo de 2021.

Hay cosas que conmueven. Por ejemplo, el proceso electoral en el Estado de México, o por ejemplo las elecciones en la Universidad Autónoma del Estado de México para encontrar al nuevo rector. Esto último conmueve por la candidez con la que la ruta ha sido armada, seguida y ejecutada, pues está diseñada para que la comunidad universitaria crea que solamente esa sustitución, la de Alfredo Barrera Baca en la administración de la universidad, resolverá los graves problemas que la instancia arrastra.

Es conmovedor que quienes hacen las convocatorias y califican a los interesados a participar crean que la comunidad universitaria no tenga memoria ni principios. Y que sean tan párvulos que crean que nadie se da cuenta de las antidemocráticas elecciones que cada cuatro años -antes cada tres- se llevan a cabo.

Una vez más, la elección en una institución que cuenta con cerca de 92 mil trabajadores, alumnos y académicos se lleva a cabo respondiendo a los intereses de grupos de poder asociados al priismo estatal. No importa que entre ellos haya roces o fricciones, porque al final resultan hilo del mismo cáñamo, los mismos intereses con distintas gerencias. Morena, la izquierda mexiquense mimetizada al panismo y sus aliados, así como a lo amorfo que resultan el PRI y sus partidos asociados, no consiguió meter pie en la elección, por más que se diga que uno de los candidatos, el doctor Carlos Barrera Díaz, odontólogo de profesión, pertenezca al grupo de Efrén Rojas, un ex rector que ahora trabaja con Morena.

Tampoco puede decirse aún que la llegada de Victorino Barrios como contralor interno a la UAEMéx signifique que a Morena se le hayan abierto las puertas de una de las joyas que tanto anhela. Barrios fue contralor eterno en la Legislatura, donde estuvo del 2003 al 2019. Ha asegurado que mostrará las investigaciones y sanciones que se realizaron en ese su periodo.

A Fermín Carreño, el aspirante del que Morena podía esperar su registro, la convocatoria lo borró debido a las sanciones que se le impusieron hace cuatro año, cuando fue electo Alfredo Barrera. A Carreño lo condenaron al infierno por sugerir que a los candidato los palomea el gobernador, allá en el palacio de la calle de Lerdo, en Toluca. El proceso electoral del 2021 servirá, en todo caso, para planear de mejor manera el involucramiento de la izquierda o lo que se dice que es Morena. O, en todo caso, servirá para impedir la llegada de sus afines, dentro de cuatro años.


El tres de marzo el rector Alfredo Barrera presenta su último informe en medio de señalamientos y recriminaciones por el manejo del presupuesto universitario, del incumplimiento de cuotas, cobradas ya a los empleados, al Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM), que dejó de hacer, de nueva cuenta, todo el 2020.

Rendirá su mensaje en medio de los señalamientos que lo por lo menos lo tachan de irresponsable en el caso del paro universitario que mantuvieron alumnos de al menos cinco facultades que reclamaban justicia en torno a las agresiones sexuales que sufrieron alumnas a manos de estudiantes y profesores. No ser sensible y muy omiso con las alumnas le pesará a donde sea que su carrera política continúe. Y eso mismo perseguirá al abogado de la Universidad, Luis Raúl Ortiz, que es candidato a la Rectoría porque lo impulsa el propio Barrera Baca.

La Red Universitaria por la Transformación (RUT) de la UAEMéx, una asociación que busca hacer contrapeso en la universidad, precisa que la convocatoria nació “de un proceso ilegal de nombramiento de consejeros a modo que permite reforzar el control del rector en turno; se nombraron consejeros sin elección, sin ternas, sin consultar a las comunidades todo a capricho del Alfredo Barrera y con la complacencia de directores, académicos y estudiantes que se supone representarían a sus comunidades”. Después, la RUT lamenta la cobardía de los mismos, porque no hubo que denunciara lo que llama “el autoritarismo de Barrera”.

“El PRI mantendrá el control de la UAEMéx a pesar de la corrupción, del desvío de recursos, de la Estafa Maestra, del despido de maestros y del alto cobro de colegiaturas a los alumnos y quizá más grave aún, sin la participación de representantes de casi el 50 por ciento de universitarios que se encuentran en los centros universitarios”, dice después.

Es cierto lo que la RUT plantea. De su parte, de parte de la RUT, hay que decir que es una organización que en su momento propuso una Ley Universitaria y que compitió contra la propuesta oficial, la del Consejo Universitario. En ese grupo opositor, que también busca el poder y por ahora ha sido segregado de los procesos oficiales, está el profesor Fermín Carreño, apegado a los fundadores originales de Morena.

Esa universidad pública es la máxima casa de estudios del Estado de México, lo cual ya es un lugar común en la jeringosa periodística. Tiene un presupuesto asignado para el 2021 de 5 mil 629 millones de pesos y una población cercana a los 110 mil individuos. Se considera una fábrica de burócratas, que nutre a las columnas vertebrales del gobierno del Estado de México, el cual integra a los trabajadores en sindicatos afines, que muy rara vez se oponen a las decisiones patronales en conjunto. Esa es la función política de la UAEMéx y por eso los aspirantes se palomean en la oficina del gobernador en turno, en este caso la del priista Alfredo del Mazo.

Realiza, por supuesto, un sinnúmero de actividades que benefician a la sociedad, y algunos de sus planes de estudios han servido hasta de modelo para la propia UNAM. Pero es un hecho que el uso político de la instancia es lo más importante para quienes la administran.

Feliz proceso electoral, de cualquier modo.

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