Miguel Alvarado/ Ramsés Mercado

Toluca, México; 22 de febrero de 2021.

Encienden primero una hoguera y después reparten el fuego. Lo toman como con las manos pero no. Están usando otras cosas para llevárselo. Y como aquí todo está seco entonces prende en segundos. En pocos minutos los terrenos de cultivo de San Pablo Autopan se incendian. Se prenden bagazos y plantas, los pastos casi amarillos que el frío no deja que se recuperen. Se prenden los arriates y se incendian las víboras y los ratones, que salen huyendo a cualquier parte. Demetrio y su hijo queman sus campos, que preparan para las próximas siembras y para llegar a esto ya han pasado por todo un ciclo. Primero tumban lo que he quedado en pie de los últimos maizales. Después hacen pastar a bueyes y vacas y por último arrasan lo que queda con el fuego que todo lo limpia y que además es milenario. Se llama roza. Se llama quema. Se llama tumba. Y ha sido practicado en todo Mesoamérica cuando sus habitantes se ceñían a las enseñanzas de Centéotl, dios del maíz, de quien decían se encontraba debajo de la tierra, refugiado bajo la tierra, sacando a veces los brazos, los dedos, su cuerpo fertilizador.

Demetrio viven al norte de Toluca, en la zona rural de la capital del Estado de México. Aquí trabajan en el campo pero también en otras cosas que les permiten obtener más ingresos. Son jardineros en las casas de quienes han llegado en los último años y urbanizan de mala manera la región. La llegada de más vecinos a la zona rural de Autopan lo ha descompuesto todo porque ocupan las tierras de cultivo, que compran a bajo precio, para hacer sus casas, y utilizan el agua destinada al riego. Poco a poco se trazan calles, se pavimentan, se privatizan los campos y después desaparecen. Los antiguos ejidatarios como Demetrio y su hijo ahora podan céspedes, quitan yerbajos en las banquetas y se enredan con su propia pobreza, que los obligará en algún momento a vender las tierras que aún son suyas.

La familia de Demetrio habla otomí y en esas raíces que ya nadie comprende se hallan los motivos de la quema. “La roza-tumba-quema es un sistema itinerante de cultivo fundamentado en alternar el uso intensivo de un terreno con periodos largos de descanso. Esta técnica consiste en derribar una sección de bosque maduro, extraer la parte maderable y la leña, dejar secar y luego quemar el resto del material vegetativo. Sobre el terreno se siembra de uno a tres ciclos anuales. Luego se permite la recuperación de la vegetación, con o sin intervención humana, durante varios años […] Esta técnica se practica en la zona tropical del mundo desde hace aproximadamente diez mil años, aunque históricamente, no se limita a estas latitudes”, señala la investigación llamada “Propiedades del suelo afectadas por el tiempo de descanso en un sistema de roza-tumba-quema”, de Ángel Gamero y otros en donde explican los motivos del fuego.

Pero hoy es hoy y es distinto aunque no debería serlo, porque los ciclos de siembra no se respetan y porque la ciudad se lo traga todo, obliga a hacer otras cosas para tener dinero. Porque de hambre, dice Demetrio, no nos vamos a morir, “pero sin dinero yo creo que sí”.

Entonces el fuego avanza y los vientos soplan con más fuerza. El año pasado la quema de un terreno amenazó a las casas aledañas y se tuvo que apagar sin que se hubiera terminado del todo esa misión. Lo hicieron a cubetadas, despacio y con paciencia pese a que el fuego lamía las bardas de las casas. Nadie gritó, nadie se desesperó, excepto los nuevos vecinos, que desde los gritos trataron de apagar lo que no comprende, lo que llegaron a invadir.

Este día, 22 de febrero de 2021, los campos de Autopan son alfombras negras listas para ser sembradas de nuevo e iniciar todo otra vez, como hace milenios se hace. Que las casas y las carreteras estén aquí, los atraviesen, no es más que una casualidad y los nuevos, por ahora, tendrán que adaptarse.

Y si no, que cuenten los incendios en la zona norte del municipio: más de 400 incendios de todos los tamaños en lo que va de enero y febrero.

II

Acá por la carretera a Tenango el sol se ve como una pasta amarilla que levanta las cenizas del volcán. Se ve una cortina de polvo, mugre carbón microscópico que avanza por el valle de Toluca impulsada por el viento. Se ve tan compacta que podría cortarse con las manos. Al final, lo único que se ve porque está muy arriba, a 4 mil 690 metros sobre el nivel del mar, es el Nevado de Toluca, un parque nacional que ya no lo es porque le quitaron esa denominación, lo cual lo dejó a merced de la privatización, pero también de la explotación sin control del agua por parte de la empresa Coca-Cola, de la depredación de los talamontes y de la casi nula vigilancia de los bosques. Es también un lugar al que acuden narcos y secuestradores para tirar sus productos, lo cual significa que es un sitio peligroso para quienes viven ahí y para los visitantes.

Ahora, en la última semana se han quemado más de 200 hectáreas en los terrenos del Nevado en dos grandes incendios cuyas estelas llegaron a la ciudad y cubrieron de humo a Toluca y sus alrededores, que inusitadamente habían visto limpiados sus cielos debido a potentes rachas de aire que habían disuelto las natas que todo el año cuelgan sobre el valle de Toluca.

El primero de los fuegos, que inició el 14 de febrero se convirtió en pocas horas en un asunto de vida o muerte para los habitantes de San Juan de los Huertas, que vieron cómo la quema de pastizales se les salía de control, a pesar de las 240 personas que batallaron para controlarlo. Esa noche, en Toluca, el fuego parecía la inmensa hoguera de un cráter activo, pero lo de los pastizales era lo mismo que pasa en Autopan y en el norte de la ciudad: tierras que hoy son agrícolas y que antes eran dedicadas a otra cosa y las rachas de más de 60 kilómetros por hora decidieron ese destino. De noche, desde Toluca, el fuego atemorizó a los que se dieron cuenta y por la mañana la columna de humo se fue hacia Villa Cuauhtémoc, hacia Lerma, hacia la cadena de montañas que delimitan el valle. Mientras, avionetas con agua y arena se dieron sus vueltas, quince en total para ayudar a apagar allá arriba, aunque quienes lo hicieron al final fueron los hombres, casi a puño limpio.

El miércoles el incendio se había controlado, pero ese día otra gigantesca hoguera se prendió.

III

En 2013 la Federación decretó un Área de Protección de Flora y Fauna que, según decreto presidencial, ha de proteger las más de 50 mil hectáreas del volcán y el ecosistema que le da forma.

Hace décadas que los gobiernos definen que los recursos del país no pueden ser explotados por mexicanos porque, según ellos, no hay dinero o tecnología suficiente para administrar debidamente. Proponen una serie de licitaciones o arrendamientos que aprovecha la iniciativa privada, que cobra por los servicios y bienes que resulten de un activo público, como lo haría el gobierno, pero sin ingresar las ganancias al erario público. La privatización significa un negocio para políticos y empresariado unidos por los mismos intereses. Ejemplos con las carreteras concesionadas bloquean el derecho al libre tránsito si no se puede pagar peaje pero también acostumbra al abandono. Rutas secundarias, las verdaderas carreteras estatales, han permanecido así por años, como sucede con la libre Toluca-Atlacomulco.


El Nevado de Toluca es el atractivo turístico más importante de Toluca y 10 municipios más que comparten su ubicación.

Era uno de los pocos volcanes en el mundo que permitían llegar a su cráter en auto. La derrama turística representa poco en lo económico para el Nevado. El acceso a las partes altas, hoy cerradas en el punto donde comienzan los cráteres por razones ecológicas, no reporta ni 15 pesos por persona.

Por años al Xinantécatl se le ignoró. Siempre allí, eterno, a veces atraía la atención del público porque se realizaban búsquedas arqueológicas en sus lagunas o porque el frío extremo obligaba a los pobladores cercanos a exigir ayuda. Poco a poco el antiguo Parque Nacional sufrió las consecuencias. Generó núcleos de miseria en sus faldas, entre ellos el pueblo de Raíces, dedicados a la madera, la siembra y el pastoreo pero que siempre vivieron en cabañas paupérrimas. Como Raíces hay otros 22 poblados rurales con similares características y que han crecido al paso de los años. Otra de las características alrededor del volcán es la deforestación de al menos la mitad de su territorio y que a pesar de programas y buenas intenciones, progresa inexorable. La presencia de la talamontes ilegales es evidente. Basta seguir las brechas de la parte baja de aquellos bosques para encontrase con zonas arrasadas. El otro fenómeno es el narcotráfico, que se instala allí para esconderse o para hacer bases en los traslados de la droga. El volcán es uno de los puntos geográfico que dividen el centro mexiquense de los municipios sureños. Esto fue denunciado hace años y los estudiosos apuntaban que era el factor principal por el que los proyectos, cualquiera que fuera, no prosperaran.

La inseguridad fue creciendo pero también el entendimiento de que el espacio se podía aprovechar de otra manera. Al menos dos proyectos en la administración de Arturo Montiel fueron presentados al municipio y rechazados por alguna razón, pero que querían transformar aquellos parajes. Un parque nacional, por definición, permanecería inalterado pues es un ecosistema necesario para el punto geográfico que influye. Los proyectos de hoteles alpinos, nieves artificiales y veredas controladas dejarían una derrama económica propiciada por un dato alucinante: que México, sin tener ningún centro de esquí, era el octavo país de mundo con mayor número de practicantes, con 2.9 millones de personas. Ellas eran el mercado directo al cual se había dirigido ese proyecto, presentado en el 2005. Cada año, decía el estudio, 600 mil mexicanos salían a esquiar al extranjero, lo que representaba una derrama fuera del país de mil 600 millones de dólares, 2 mil dólares diarios por cada turista.

En el 2005, el Centro de Esquí del Nevado de Toluca estaba proyectado para 19 pistas, e incluía instalaciones para hockey y patinaje artístico. La parte de infraestructura estaba ubicada en un Villa Alpina, que en la maqueta ubicaba hoteles, zonas comerciales,, restoranes, centro de atletismo para alto rendimiento, campo de golf con 27 hoyos, tenis, centro cinegético, áreas deportivas y club hípico. Las comunicaciones se resolverían con una supercarretera cuyo costo, junto con lo demás, ascendería a 100 millones de dólares. A los pobladores se les integraría como parte de los empleados directos que se generarían allá, como se prometió a los habitantes de San Salvador Atenco cuando se pretendía construir el aeropuerto en sus tierras ejidales.

El Nevado es uno de los principales afluentes para el valle de Toluca. No es casualidad que una planta de Coca-Cola esté instalada cerca del volcán y de los ríos que se forman al bajar, sobre la carretera Toluca-Nevado. Tampoco lo es que en aquella época los inversionistas no pudieran convencer a los gobiernos para implementar aquel proyecto, que resolvía todos los puntos. Hoy, si bien no existe ningún proyecto oficial, las circunstancias sobre uso de suelo han cambiado con el decreto presidencial del primero de octubre.

Algunos sectores sociales advierten que en realidad se trata de un despojo. El Nevado es un bien público, para empezar. La Universidad Autónoma del Estado de México respaldó en su momento la iniciativa gubernamental y aduce que esa área protegida para la flora y fauna, permitirá una mejor calidad de vida y el rescate del ecosistema.

IV

El nuevo incendio se veía en Tlacotepec como un tornado el 17 de febrero, una masa de humo dando vueltas desde su base, la cual parecía un pozo insondable, una boca proteica que lo escupía para sostenerlo afuera en tanto los vientos la arrastraban.

-Y aunque pareciera que el fuego en este segundo incendio no era tan poderoso como el primero, toda la tierra estaba caliente. Los brigadistas y los de Protección Civil le movían tantito y era como un asador y lo que sale de eso se ve blanco, arriba, pero se ve rojo abajo, prendido. Eso lo vi en el cerro. Ese fenómeno genera que el incendio no se pueda apagar, porque el aire se lleva las brasas y vuelve a agarrar, por más que hagan las brechas y los cortafuegos. Uno pisa en la zona y son puras cenizas pero se sigue sintiendo el calor- dice el periodista Ramsés Mercado, quien subió a los cerros quemados, y que todavía hasta el sábado no se apagaban del todo. Y es que no llueve. Y es que allá, en esa comunidad tampoco hiela.

El jueves 17 fue el gobernador a ver lo que ocurría, y aunque su presencia no ayudó en nada, por lo menos mediatizó el incendio. Entonces comenzó a llegar la ayuda: agua, alimentos y cosas así. La verdad era que la gran mayoría de quienes acudieron a auxiliar no sabían nada de combate al fuego ni de remover tierra y poner otra para evitar que el fuego.

-Mientras no caigan una lluvia o una helado buena, esto va a seguir- decían los ejidatarios- porque debajo de las cenizas la tierra está caliente.

Los camiones recorrían las brechas para llegar a los focos incendiados, a los páramos negros que dejaban las brasas. Una gran cantidad de árboles se carbonizó y aunque los campesinos decían que eran jóvenes y que podrían reponerse, sus caras y sus dientes decían otra cosa. “Los pastos quemados salen pronto”, decían mirando caminar a los bomberos entre la tierra yerta, humeante, de la que no salía fuego aunque estuviera debajo. Todas las cuadrillas aptas trabajaron hasta que el fuego finalmente cesó, pero no la amenaza que representa.

Nada más este año los incendios han afectado 2 mil 319.27 hectáreas de pastizales y 172.95 hectáreas de pino joven, así como dos hectáreas de árboles grandes.

Es la temporada de las llamas, de la ley del fuego.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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