Daniela Albarrán

Uno de los temas que trata “Caliente” de la poeta española Luna Miguel, es sobre la escritura, la propia, sí, pero también la de muchas otras escritoras que a lo largo de los años han sido poco y mal leídas.

Me gusta pensar que “Caliente” es un ensayo muy erudito; hace una recopilación de muchas escritoras, todas ellas tienen vasos comunicantes como que escriben del y desde el cuerpo, fueron publicadas con seudónimos o las editoriales ni siquiera se interesaron por sus manuscritos, así que antes de ser un ensayo sobre el placer, la escritura, el amor y el cuerpo, es un libro que rememora, amorosa y dignamente muchas escritoras que nos antecedieron y lucharon por que lo que las mujeres escribieran fuera leído y publicado.

Hay muchos temas de los cuales uno podría hablar sobre Caliente, pero justamente me gustaría hablar de algo que, creo, compete a todo el libro, y es de aquello que escriben las escritoras.

¿Que escriben las mujeres?, ¿desde dónde lo hacen? Es un tema que me interesa mucho; hace tiempo, en un panel de escritoras donde me invitaron, muchas hablaban sobre de qué vivían, o sea, aparte de escribir a qué se dedicaban, unas eran profesoras, otras tantas eran madres, panaderas, oficinistas etc, no importaba en realidad la actividad principal a la que se dedicaban, todas ellas escribían desde donde se encontraban, y claramente escribían desde su posición, desde su cuerpo, desde lo que eran: mujeres.

Sin embargo, el ser mujer no tendría por qué definir su escritura, es decir, siempre se habla de la literatura femenina, de mujeres o escrita por mujeres; Luna, en ese sentido, menciona que “Al reducir la producción literaria de una autora a la etiqueta de estaríamos afirmando la marginalidad de la misma, su no pertenencia a la historia, y estaríamos convirtiendo su contenido, sus ideas y su creatividad en una suerte de ”.

Y es que asumir qué hay una literatura de mujeres, femenina o escrita por, hacemos un sesgo, y no las metemos en lo que es: literatura y punto. Es importante, por supuesto reconocer que a lo largo de los siglos y que aún pasa, hay menos escritoras mujeres por las dificultades que implica la publicación de obra o algo tan sencillo como combinar las tareas del hogar con la escritura y la lectura, entre muchas otras razones, eso es lo que se debe dialogar, y tratar de poner las condiciones adecuadas para que todas podamos escribir.

Pero lo importante es resaltar que no existe una clasificación como escritura femenina, escritura de mujeres o escritura hecha por mujeres, entender que ese es un sesgo, y es hasta insultante, es tal vez un paso para la dignificación del trabajo de las escritoras.

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