Miguel Alvarado

Toluca, México; 8 de febrero de 2021.

Las elecciones y los procesos internos para elegir candidatos son un chiste, un juego perverso que en México y el Estado de México sigue funcionando para engañar a militantes y electores.

Este año -2021- se renuevan los cargos de presidente municipal y diputados estatales y federales. Morena, el partido que arrasó en las elecciones federales de 2018 y en las obtuvo el poder presidencial, compite para tratar de quitarle al PRI, al PAN y al PRD los reductos de poder que aún les quedan.

En Toluca, para el proceso interno que arrojará el nombre del candidato a la alcaldía de la ciudad, se inscribieron al menos siete personas, cuatro de ellos mejor posicionados o mayormente reconocidos que los otros: el académico Alberto Saladino, fundador de ese partido en la ciudad; Ricardo Moreno, otro fundador, pero apegado a la línea del GAP, y que operó para que el ahora senador Higinio Martínez controlara el andamiaje electoral del partido e incrustara a políticos del PAN, PRD, y PRI; y Juan Rodolfo Sánchez Gómez, actual alcalde de la ciudad, quien busca ejercer su tercer periodo, aunque ya perdió una elección ante el priista Fernando Zamora. La diputada local Mónica Nemer, prima-hermana del actual secretario de Gobierno del Edoméx, Ernesto Nemer, no anunció su inscripción aunque la daban como una contendiente rumbo a la alcaldía.

En Morena las candidaturas se definirán por el método que más le gusta al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador: el de las encuestas, que considera el más democrático, el que mayor participación genera y el que elimina la corrupción y las trampas.


Eso, si se aplicaran de manera correcta y se respetaran los resultados que esas encuestas arrojaran. Pero en la práctica no es así.

La elección del candidato de Morena para Toluca ya está hecha. La encuestas ni siquiera se aplicarían porque los cuatro aspirantes más conocidos se pondrán de acuerdo -los pondrán de acuerdo, quieran o no- y tres de ellos declinarán a favor de uno. Como candidato único, de unidad, dicen ellos, no tendrá necesidad de las encuestas. Esto ha sido confirmado por dos aspirantes y allegados a un tercero.

Entonces, ¿para qué tanto desgaste, precampaña, saliva, ejercicios de egocentrismo, agendas de gobierno apenas aterrizadas, opiniones a medias y odio? Este último ingrediente, repartido sin reparo y a manos llenas entre ellos mismos, por lo menos en las arenas públicas que ha pisado, sobre todo, el aspirante Ricardo Moreno Bastida, quien le puso dinero a su inscripción para que saliera bonita, lucidora al estilo del priismo. Hasta su lona gigante se mandó hacer. Los otros dos, más discretos, se conformaron con mostrar por internet los registros que los avalan.

Morena, que a su decir es el ejemplo político a seguir en México, y que se ha vendido con esa envoltura al electorado desde que se obtuvo el poder presidencial, ahora les imparte clases al PRI y a la derecha que tanto combatió. Pero esas lecciones no son de democracia.

Ricardo Moreno y Alberto Saladino, así como los otros inscritos al proceso de la selección de candidato dirán que se pliegan aunque no estén de acuerdo. Pero sí lo están y ya lo expresaron.

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