Miguel Alvarado

Toluca, México; 11 de enero de 2021.

Que los costos de aparatos que hoy resultan de primera necesidad hayan aumentado tanto, indican una crisis en los valores fundamentales de la sociedad en la que vivimos. El concentrador de oxígeno y los tanques se han convertido en símbolos constantes de la supervivencia pero también en objetos inencontrables o demasiado caros, que resultan imposibles para una parte de la población, que se ve en la disyuntiva de deshacerse de su patrimonio para salvar su vida. No, en realidad no hay ninguna disyuntiva. Un concentrador de oxígeno es un aparato que se usa para recargar los tanques y evitar así lo impráctico que resulta acudir a los venderos de oxígeno todos los días. A principios de 2020, los concentradores constaban hasta 6 mil pesos y podían encontrarse hasta en 4 mil pesos. Hoy, con excusa de la pandemia, se pagan hasta 30 mil pesos por cada uno de esos aparatos.

Encontrar tanques de oxígeno es parte de la pesadilla. La colas enormes en ese tipo de tiendas y el desabasto del insumo son el pan de cada día. En Toluca la crisis es enorme y desnuda, primero, la entraña de quienes lucran con el dolor de otros. Y después, muestra lo incapacitada que se encuentra una parte de nosotros para hacer frente al coronavirus desde lo económico. También significa un repaso a los servicios privados de salud, inaccesibles para la mayoría. Un ejemplo: el Centro Médico Toluca, que exige un depósito por 100 mil pesos antes de admitir a pacientes con covid-19.

Toluca no esconde su realidad infecciosa ni tampoco su realidad gandalla. Basta salir a la calle, observar los hospitales públicos y a la gente que se amontona a las puertas. Basta una mirada a las redes sociales que en los últimos días han dado espacio a testimonios de primera mano de médicos y enfermeras. Basta una mirada a nuestro entrono inmediato, aquí, en la pequeña Toluca que no llega ni al millón de habitantes.


La crisis del oxígeno es una manifestación de la crueldad del ser humano, de la miserable condición de unos y otros, de la expresión de eso que llaman “libre competencia”.

Mientras, la vida sigue o lo que se puede de ella. Las elecciones por venir necesitarán su propio tanque de oxígeno para funcionar en una entidad hastiada de lo mismo. La semana pasada los partidos políticos iniciaron inscripciones para competir por diputaciones federales y los registros mostraron los nombres de siempre. Las dos coaliciones que se disputan el poder pasan por alto la crisis humanitaria del Estado de México y se enreda ya en conflictos a los que les llama “políticos” o “electorales”.

También, que Ernesto Nemer, secretario de Gobierno del Estado de México, haya sido vinculado de manera “oficial” a las investigaciones de la Estafa Maestra, adelanta que lo mejor de las investigaciones por corrupción contra Enrique Peña y sus muchachos, está por venir. No sólo es Nemer, ha y una lista de priistas de segunda, pero destacados a nivel local, a los que el coronavirus no pudo hacerlos inmunes a esas investigaciones por corrupción.

En un país que ha demostrado la fragilidad del ejercicio democrático en todas sus vertientes, los comicios se realizarán en medio de la pandemia, aunque mañana inicie la vacunación contra el covid-19 al sector de la tercera edad. Para el 17 de enero se calcula la vuelta a semáforo naranja en el Estado de México y un día antes, el 16, se verificarán los primeros resultados a la baja en el número de muertos, o al menos eso dicen especialistas del Hospital de Nutrición de México. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, también se muestra optimista, porque apunta que después de vacunar a la población de la tercera edad, disminuirán los contagios en 80 por ciento. Otros ansiosos en el Estado de México son los supervisores escolares del nivel de primarias y secundarias, los cuales ya corren la versión de una pronta vuelta a clases presenciales. Pronto tiene una fecha y quieren que sea a inicios de febrero y se comenzará por los Centros Comunitarios de Asistencia.

La urgencia de mostrar un país en recuperación ante el covid-19 es electoral. Todos queremos que las cosas se normalicen y seguir con nuestras vidas, pero nadie desea que por decreto el coronavirus desaparezca.

Los muertos, como actualmente sucede, tendrán la última palabra.

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