Miguel Alvarado

Toluca, México; 11 de enero de 2021. A once días del nuevo año la pandemia del coronavirus ha desnudado la fragilidad del sistema social mexicano, cuya economía se sostiene gracias a un milagro y al sacrificio de millones.

Esta mañana la tragedia del desempleo gritó su desesperanza en el hueco metálico de las ollas y las cacerolas. La industria restaurantera en el Estado de México languidece y para ella una semana más con los negocios cerrados significa la quiebra, la extinción. Se trata de una industria que ha perdido 60 mil nichos laborales en el año de la pandemia y que hoy está arrinconada porque nadie consume como antes.

Ese antes puede resumirse en el grito que los trabajadores hicieron suyo: abrir o morir no es una frase publicitaria ni tampoco tiene una carga partidista. Es apenas un asomo de uno de tantos derrumbes cuya avalancha aplasta al ciudadano promedio.

“Este es un llamado de auxilio de la industria restaurantera del Estado de México: ¡NOS ESTÁN EXTINGUIENDO ¡YA NO PODEMOS MÁS!”, dice la carta o reclamo que los trabajadores le han dirigido al gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo después de reventarle un concierto de ollas, platos y cucharas frente a su oficina, en el centro de Toluca.

Y es que, dicen, desde que inició la pandemia, en el Estado de México han cerrado definitivamente 10 mil restaurantes, lo cual obliga de nuevo a recurrir al concepto de tragedia, “porque este último cierre de 3 semanas provocó que hubiera un 10 por ciento adicional de recorte de personal”.

Luego, ellos mismos se encargan de darle forma a la desesperanza y apuntan que «seis de cada diez restaurante son familiares y el 56 por ciento del personal son mujeres”.

La de los restaurantes es apenas un pálido reflejo de la desintegración de los sectores productivos y sociales: las silenciadas tragedias de las fuerzas armadas, de los reos y los penales, de los policías y los sectores más marginados apenas se palpa porque otras crisis han ocupado los reflectores. Un desabasto de oxígeno y el consiguiente aumento en los precios de tanques y concentradores; el faltante hasta de agua y papel de baño en hospitales públicos da idea del tamaño de lo que se vive.

“No somos ricos, somos pequeños y medianos empresarios sin ahorros en el banco. Somos mexicanos desesperados, somos trabajadores a los que nos están condenando al desempleo, somos pequeños y medianos empresarios a los que nos están llevando a la quiebra”, dicen los restauranteros para aclarar quiénes son, mientras apuntan que esos ahorros, si los hubo, fueron usados para implementar medidas sanitarias y de protección para los colaboradores, proveedores y clientes. “Precisamente, gracias a esas medidas de higiene y a un aforo limitado es que los restaurantes no son fuente de contagio, tal y como el gobierno del Estado de México lo ha reconocido. Los que han podido adquirieron deuda para salir adelante del primer cierre y ya no es posible endeudarse más”, afirman.

Así, los más de 500 trabajadores advierten que todos los días, a la una de la tarde, “haremos cacerolazos afuera de nuestros establecimientos en punto de la una de la tarde, para demostrar nuestra inconformidad. Esto seguirá pasando hasta que el gobierno muestra sensibilidad y nos permitan abrir”.

En México hay más de 133 mil muertos por coronavirus en casi un año de pandemia.

Fotografía: Ramsés Mercado.

Deja un comentario