Miguel Alvarado

Toluca, México; 8 de enero de 2120

“En el Estado de México, el esfuerzo que estamos está funcionando, sin embargo…”, dijo esta mañana el gobernador mexiquense Alfredo del Mazo antes de informar que el semáforo rojo se extiende hasta el 17 de enero. Un día antes de que eso suceda, el 16 de enero, el gobierno federal comenzará a mostrar números en los que el número de infectados y las muertes por coronavirus comienzan a estabilizarse. Una cura por decreto está por suceder y se ha planificado de acuerdo a los tiempos electorales, porque hoy, quienes compiten por una gubernatura, por ejemplo, han cerrado sus precampañas en otros estados del país. Es inimaginable una ronda electoral sin los principales protagonistas y los que votan no saldrán a hacerlo porque, en primero término, hace mucho que dejaron de creer en el valor de su sufragio. La prueba es el 46.47 por ciento que integraron las filas de quienes no acudieron a las casillas. De Mazo le ganó a Delfina, el PRI le ganó a Morena, el primero obtuvo el 34.73 por ciento de los votos y la segunda el 31.86.

Ahora Delfina es secretaria federal de Educación y se prepara como puede para competir por segunda ocasión por su partido. Del Mazo, en cambio, ha administrado el peor año del Edoméx en la historia del priismo y hoy sale a decir lo que todos vemos en las calles, en las casas, en las oficinas: que la pandemia está ganando terreno a pesar de las vacunas que llegan a cuentagotas y que encima deben sortear las trampas de los funcionarios sin ética ni moral como el director del hospital López Mateos, que se vacuna antes que nadie, que la libra antes que todos porque puede y porque quiere. José Rogel, a quien se le conoce como Lord Vacunas en Toluca, sabía tan bien como como Del Mazo que el semáforo se extendería y que después se entraría a la tierra de nadie, al limbo que se forma de la combinación de las elecciones y el coronavirus. En 2917 los comicios en cuatro entidades, incluyendo al Estado de México, costaron 4 mil 28 millones de pesos. En esta miserable entidad, cada voto costó entonces 209 pesos, se ejerciera el derecho o no.

Queda claro que el primer negocio electoral es organizar las elecciones, no importa que como resultado final incluso vote una sola persona.

II

A Alfonso Núñez, que a principios de noviembre del año pasado estaba sentado en la baqueta, en San Pablo Autopan, afuera de su casa, ya no le tocará saber quién ganará la presidencia municipal de Toluca ni cuántos muertos habrá para el siete de junio, cuando se cuenten los votos de los mexiquenses. La imagen de Alfonso Núñez se fijará para siempre en esa banqueta, en la que pasó los primeros síntomas del coronavirus tapado con un suéter gris y un cubrebocas cuyo color es un espectro mimetizado con las paredes grises de su casa. Ahí, rodeado por lo suyos, Alfonso se enteró que el coronavirus sería su última enfermedad y aunque después las guitarras y los cantos se escucharon en toda la cuadra porque cuando murió sus amigos le llevaron música al jardín de su casa, en Alfonso pudo más la mortal necesidad de no estar solo, ni siquiera muerto. Eso es algo que no sabrá Alfredo del Mazo cuando hoy diga, el 8 de enero, que “al día de hoy tenemos una ocupación hospitalaria del 83 por ciento, lo que significa que estamos en niveles muy altos. Para hacer una referencia, el máximo histórico de hospitalizados que habíamos tenido fue durante el mes de junio, durante el momento más alto de la pandemia, con mil 284 personas hospitalizadas. Hoy hemos llegado a 3 mil”.


No, no es culpable, pero sí responsable en las acciones que le tocaban. La primera era decir la verdad.

Así que se para en uno de los pasillos de su palacio de Gobierno en Toluca y dice lo que dice vestido de camisa blanca y, sin corbata y un saco negro. Pulcro, peinado, bien alimentado, es uno de los afortunados que puede decir cualquier cosa porque su economía personal está asegurada. En junio de 2020 se habían perdido 120 mil empleos en el estado, de los cuales 50 mil eran formales. Para finales de año, solamente la industria restaurantera había cancelado 60 mil puestos, nada más en la entidad.

III

Mientras Del Mazo dice hay 532 pacientes intubados, que representa 30 por ciento más que la cifra más alta registrada hasta ahora. los restauranteros mantienen afuera de sus negocios carteles con un moño de luto. Por ahora, no hay manera de que abran en Toluca y así permanecerán hasta el 17 de enero. Para ellos la quiebra no es el futuro, es el presente y se encuentra a días de suceder. Luego, Del Mazo dice que se han reconvertido hospitales para aumentar la capacidad y hay 357 camas adicionales que tratarán de responder a las 12 mil pruebas diarias que ya se aplican en la entidad. Esas pruebas diarias están revelando una nueva realidad, que no conocía porque apenas se aplicaban. Una suerte de miedo cerval a la muerte obliga a acudir a los centros públicos de pruebas rápidas y cerciorarse de una si lo que uno cree que tiene es esa infección.

Casi un año después de que el coronavirus llegó al Estado de México, Del Mazo dice que las medidas actuales “nos permitirán conocer el ritmo del contagio. La vacunación es un esfuerzo encaminado a proteger la salud de todos. Se está vacunando a todos los médicos que se encuentran en la primera línea de atención al covid, para posteriormente ir continuando con los demás”.

IV

Se esperaba al primer paciente de coronavirus en Toluca como se espera que salga una estrella del rock por las puertas del aeropuerto. En marzo de 2020 fueron muchos los amagos y las falsas alarmas multiplicaban los llamados de los hospitales, cuyos trabajadores estaban nerviosos, como todos ya. Pero quienes dieron el aviso fueron los camilleros y los camilleros, que tomaron videos de pacientes llegando a los hospitales. Muchos fueron regresados a sus casas porque no había manera de probar que tuvieran coronavirus aunque portaban enfermedades respiratorias. Esos, los primeros, no fueron reportados como infectados aunque después se hizo evidente que no podía ser de otra manera. El gobierno federal señalaba que la pandemia duraría hasta agosto, después hasta octubre y que 6 mil muertos era lo que se esperaba. Hugo López-Gatell diría, con 35 mil muertos oficiales, que tragedia sería tener 75 mil muertos. Hoy, que hay 130 mil, no hay nada que decir. La muerte del primer toluqueño llegó pronto, un hombre de la tercera edad y luego otro, que aparecieron en las primeras bases de datos del gobierno municipal. Esas estadísticas mantuvieron a los tres o cuatro muertos iniciales durante días, y lo que hacía parecer al coronavirus como un virus más. Pero después las estadísticas en Toluca fueron canceladas.

“Estamos en semáforo rojo y la siguiente semana continuaremos en semáforo tojo, por lo que es necesario guardar las medidas preventivas. Vamos a mantener las restricciones la próxima semana”, dijo al final Alfredo del Mazo, moviendo las manos y dejándolas, al final unidas en una pirámide, la forma de triángulo que atrajera la buenaventura. 

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