Miguel Alvarado

Toluca, México; 15 de diciembre de 2020.

“Mi nombre es ICG. Llevo un año de prisión y días, vengo por robo a OXXO, no se me comprobó nada, no estuve bien asesorada y desafortunadamente acepté el procedimiento abreviado. No tengo familia que me apoye, trabajo aquí tejiendo o rafeando. Yo veo por mí misma. Prácticamente es difícil cuando no hay apoyo familiar. Tengo un niño especial que se encuentra en una casa-hogar que se encuentra en Chalco, él presenta problemas de salud, tiene hidrocefalia, presenta ceguera. Mis familiares no acuden a visitarme porque los trámites para ingresar al penal son muy engorrosos […] Me ubico en la celda tres, ahí viven veinte personas conmigo, la celda cuenta con cinco camas, prácticamente todas duermen como taquitos dorados. Es muy incómodo para dormir por la sobrepoblación. Dicen que esté reclusorio es como de castigo”, dice el testimonio de una mujer encarcelada en el penal de Chalco, recogido por la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (Codhem), que revela las condiciones de hacinamiento en las que esa población trata de sobrevivir, lo cual no lo consiguen todas.

Una de las situaciones menos atendidas y más desdeñadas en la sociedad es la vida de mujeres internadas en cárceles mexiquenses, a quienes se les denomina como Personas Privadas de la Libertad (PPL). Ellas están en las prisiones con sus hijos, algunas son ancianas y tienen discapacidades que dificultan su desarrollo. Otras enfrentan sus procesos como portadoras de enfermedades como el SIDA, algunas están embarazadas y otras más se encuentran solas. Las problemáticas generadas desde esas condiciones se han agravado debido a la pandemia del coronavirus, que ha cerrado las puertas de los centros penitenciarios y de las instancias para menores de edad, aunque eso no ha impedido que una gran parte de esa población encerrada contraiga la infección. La letalidad por la enfermedad en las cárceles del Edoméx es desconocida aún, pues la mayor parte de la información es obstaculizada o no se trasmite. De todas formas, la epidemia ha causado estragos.

El Cuarto Informe Especial sobre los Derechos Fundamentales de las Mujeres Privadas de Libertad en la Infraestructura Penitenciaria del Estado de México, que realizó la Codhem, trata de darle forma a las condiciones de las mujeres encarceladas. Entre enero y noviembre de este año, visitó prisiones en la entidad y consiguió armar un “catálogo de condiciones de vida”, que ahora hace público y que también enlista una serie de violaciones a los derechos humanos que padecen de manera cotidiana.

Los problemas que enfrentan las mujeres en las cárceles del Edoméx comienzan cuando el 95 por ciento de esos centros están diseñados para los hombres y solamente hay una cárcel exclusiva para mujeres, la Penitenciaria Femenil Nezahualcóyotl Sur. Las cárceles se han ido adaptando para construir separos para las mujeres.  

El Sistema Penitenciario estatal es el más grande del país- dice la Codhem- porque alberga a 31 mil 500 personas distribuidas en 21 centros. Además, cuenta con un Centro de Internamiento para Adolescentes llamado Quinta del Bosque y la penitenciaria modelo “Dr. Guillermo Colín Sánchez”. De acuerdo al Informe, los centros penitenciarios para mujeres obtuvieron una calificación de 6.2 puntos, en escala del 1 al 10, a nivel nacional, y se pudo contabilizar una población de mujeres de mil 204 sentenciadas y 771 procesadas. Esa baja calificación tiene sus motivos. La visita de la Codhem a cárceles como la de Ecatepec constató “ las condiciones deplorables” en la que viven ahí las mujeres, pues están en un dormitorio con alto grado de hacinamiento, lo cual significa que no hay espacio, que se carece de luz de higiene y el acceso a servicios personales como el baño impiden la reinserción social, el objetivo para el cual están diseñadas las instalaciones.

Pero nunca ha sido así. La historia de las cárceles y de sus habitantes demuestra que la justicia en México es en realidad un problema de dinero, y quien lo tiene puede evadir más fácilmente los ingresos y las estancias. Las cárceles están llenas de pobres, de personas sin sentencias y de inocentes que pagan las culpas de otras. Sustitución, le llama el eufemismo carcelario adoptado en los últimos años que trata de matizar lo “políticamente incorrecto”. Las presas no tienen “dormitorios suficientes, espacios destinados para personas con medidas de protección, locutorios, talleres, aulas de clase, espacio para visita familiar, instalaciones deportivas, área médica y patios”. Eso no es todo. Un relato de la Codhem dice que en el penal de Ecatepec, en la número 14, de 24 metros cuadrados, se hacinan aproximadamente 140 mujeres. No es todo. Ahí hay 3 tazas de baño que deben ser usadas para también para obtener agua y asearse. Lo mismo pasa en penales como los de Chalco, Zumpango, Ixtlahuaca, Tenancingo, Jilotepec y Temascaltepec. El penal de Santiaguito es el que más mujeres tiene, con 367, seguido del de Neza Sur, con 322 y el de Tlalnepantla, con 285.

No es todo. En Zumpango “hay un dormitorio en forma de “L” de aproximadamente seis metros de largo por dos metros de ancho, así como un patio de cinco por cinco metros. En dicho lugar se alberga un grupo de mujeres privadas de la libertad, las cuales pernoctan y viven en ese mismo lugar, a pesar de que su condición jurídica es diferente, además de que tienen necesidades diversas por su condición de salud; empero, interactúan tanto aquellas que ya fueron sentenciadas por un órgano jurisdiccional, como las que se encuentran en proceso penal para determinar sobre su responsabilidad penal”, apunta el organismo, que después señala que también Ecatepec, Tlalnepantla, Chalco, Texcoco, Ixtlahuaca, Tenancingo, Jilotepec y Temascaltepec se encuentran en la misma situación.


El hacinamiento es uno de los mayores problemas del sistema penitenciario, y apenas el 28 por ciento de las cárceles mexiquenses están en los rangos de capacidad adecuada.

Respecto a las mujeres, cuatro inmuebles penitenciarios se encuentran en situación crítica por superar el parámetro del 200 por ciento de su aforo. Estos lugares son Ecatepec, Chalco, Jilotepec y Tlalnepantla. En Chalco, por ejemplo, 20 mujeres comparten una pequeña celda y sólo nueve tienen acceso a un camastro de metal con colchoneta. Las otras 11 deben dormir en el piso, encimadas unas con otras. En Ecatepec hay hasta 140 mujeres en un dormitorio, pero apenas 50 tienen acceso a un camastro individual que comparten con otra persona; y más de 90 duermen hacinadas en el piso. Los testimonios reafirman lo anterior:

“Estoy embarazada, tengo siete meses. Es la primera vez que me encuentro en un CPRS. Estoy en la celda 14, tengo pedazos de colchón. Lastima mucho el camastro donde duermo. Tengo una fuerte infección en las vías urinarias porque no puedo ir al baño en las noches, ya que hay muchas personas que se duermen en el piso y no puedo pasar a donde están los baños, ya que me quedan hasta el otro lado del dormitorio. Somos como 140 personas en la celda”, dice J. al respecto.

La sobrepoblación es infame: Chalco tiene 277 por ciento de ocupación; Ecatepec 246 %; Ixtlahuaca 187; Jilotepec 222; Neza Bordo 104; Temascaltepec 213; Tenancingo Centro 133; Texcoco 147 y Tlalnepantla 208 por ciento.

Pero si la sobrepoblación es lacerante, la falta de personal que cuide la seguridad de las internas es un punto medular que incide en la comisión de injusticias y violencia dentro de los penales. Agresiones físicas de custodias contra dos internas en el penal de Santiaguito fueron motivo de una investigación y la emisión de la Recomendación 2/2020.

Dos pesos por una artesanía

Otras irregularidades detectadas fueron, entre otras, la explotación laboral que sufren las internas, pues en la cárcel desempeñan trabajos mal pagados, que se consiguen gracias a mecanismos de coordinación con empresas privadas.

En Ecatepec, un taller de manualidades que depende de la empresa Mario Mares. Se trata de un taller de foami en el que no se otorga seguro por accidente y el ridículo pago de dos pesos por cada artesanía elaborada.

“La autoridad penitenciaria no ha generado las disposiciones regulatorias que permitan determinar con oportunidad la relación de patrón-trabajadora en los (pernales) de Santiaguito, Ecatepec, Tlalnepantla, Nezahualcóyotl Bordo Xochiaca, Nezahualcóyotl Sur, Chalco y Texcoco, toda vez que […] se documentó que las PPL no perciben un sueldo proporcional debido a las actividades que desarrollan, bajo la contratación de una empresa generadora de pinzas para ropa” y en cuya actividad no se regulan los salarios. Ese es un caso, pero hay más.

 “Me encuentro privada de libertad por el delito de secuestro, vengo con mi esposo, nosotros no cometimos la conducta que nos señalan ya que nos encontrábamos en nuestra casa cuando llegaron los policías. Aquí trabajo en el taller de pinzas. La empresa nos paga por destajo pero el pago es muy poco y la actividad que debemos realizar es mucha. No se me hace justo lo que nos pagan, ya que por cada costal de pinzas nos dan treinta pesos, y a veces tardamos hasta dos días para hacer un costal. Y eso echándole ganas, pero lo peor es que no nos pagan en las fechas en que se acuerda, ya que deben de darnos el dinero cada quincena y en ocasiones pasan hasta dos meses y apenas nos están pagando. Por ese motivo es que muchas compañeras no quieren participar, pero como yo necesito trabajar para comprar mis cosas, es por eso que sigo ahí”, dice una de las reclusas a las que no les queda otro remedio que trabajar en esas condiciones.

Otra forma de ganar dinero de manera legal en las prisiones es el autoempleo, y se consigue gracias a manualidades, costura, tejido y papiroflexia, que venden con ayuda de familiares.

Además del trabajo, las mujeres en prisión no tienen accesos adecuados a la visita íntima, visita de abogados defensores, visita de asistencia social y religiosa, comunicación telefónica, correspondencia y biblioteca. Se carece de un espacio apropiado para tener comunicación privada con los abogados defensores y no hay posibilidades de expresarse de forma libre y secreta.

Por otra parte, los penales de Santiaguito, Ecatepec, Tlalnepantla, Nezahualcóyotl Bordo Xochiaca, Nezahualcóyotl Sur, Chalco, Texcoco, Zumpango, Ixtlahuaca, Tenancingo Centro, Jilotepec y Temascaltepec carecen de espacios especiales para atender grupos vulnerables de mujeres que por su condición de salud o de edad requieren de atención especializada. En el penal de Neza, una mujer embarazada comparte su experiencia en la cárcel:

“Tengo ocho meses de embarazo, me dio preclamsia y no me han proporcionado atención médica a pesar de que tengo hinchazón de pies, dolor de cabeza, zumbido de oídos. No me han dicho si va a ser cesárea o parto normal. Me he sentido muy mal de salud, al principio me dieron un poco de atención por parte de médicos generales del CPRS. No tienen medicamento para nosotros, tenemos que solicitarla a nuestros familiares pero en ocasiones no nos dejan ingresarlo. Estoy preocupada porque tengo infección en las vías urinarias. Cuando nos pasan lista, nos dejan expuestas al sol mucho tiempo. No tenemos una alimentación nutritiva ni específica, ya que nos dan lo mismo del rancho. Y a pesar de que mi familia me trae comida no permiten que pasen los alimentos. El problema es que los alimentos que nos proporcionan aquí me generan vómito y diarrea, tampoco nos permitan usar ropa cómoda, apropiada al embarazo, a pesar de que ya estoy muy inflamada, no me permiten usar pantaloncillos para estar cómoda. Duermo en una celda con otras cinco personas. Para ir al baño durante la noche, me obliga a molestar a mis compañeras y después se enojan porque las lastimo, ya que unas se duermen en el suelo. La taza del baño está muy sucia, no tenemos agua para hacer el aseo. El agua que tomamos es de la llave, por eso creo que me enfermé de las vías urinarias, porque el agua que tomamos no está purificada”, dice ella.

Los niños que acompañan a sus madres en la reclusión son 55, por lo menos fueron los que contó la Codhem, y vivir con ellos no resulta sencilla para ninguna. Una mujer presa en Chalco señala que “me encuentro privada de libertad por el delito de robo. Fui sentenciada a 7 años y 6 meses. Llevo 3 años de compurga. Mi bebé tiene 4 meses y falta que le pongan una vacuna porque al parecer no había. Él se alimenta de pura leche de fórmula. Mis familiares son los que me traen las cosas que necesita mi hijo, pero la atención médica que reciben es de un médico general, no tenemos pediatra”.

Las conclusiones de la Codhem apuntalan un sistema desastrado y disfuncional a pesar de los esfuerzos que a veces se hacen en algunos penales. Por ejemplo, dice el organismo, el 92 por ciento de las cárceles carecen de instalaciones adecuadas. Además, el 61 por ciento de los penales no tiene acceso a áreas educativas, deportivas o laborales, entre otras, porque están destinadas a los hombres. Ese mismo 61 por ciento carece de agua suficiente y el 76 por ciento no cuenta con servicio médico.

En el 69 por ciento de las cárceles las mujeres no pueden acceder a servicios de educación, psicología, criminología y otros que son indispensables durante su estancia. El 77 por ciento de las prisiones no brinda oportunidad de trabajos adecuados. Además, el 83 por ciento de los penales no está listo para atender a hijos de reclusas.

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