Marco Antonio Rodríguez

Toluca, México; 19 de septiembre de 2020. Fuiste polvo y entonces noticia. Tu desgracia llamó su atención. Entonces, y sólo entonces, eras alguien. Ni cámaras, ni micrófonos, ni tú y ni nadie lo esperaba. Intentas inútilmente salir pero no pasa mucho tiempo para que los añicos de adobe formen el perfecto escenario bélico de la guerra que jamás habrías querido luchar. Quieres salir pero tus piernas no. Quizás no sea eso, pero aún no lo sabes. Apenas una línea nebulosa asoma en medio del desastre.

Polvo

Como puedes escapas de la prensa terrosa; siempre hacia la luz. Tan pronto surges -gusano involuntario- del asfixiante escenario, corres sin rumbo. Corres; siempre a donde el ruido. Los ves, ves a tus iguales. Te miras y no lo crees. Nadie lo hace. Te esfuerzas por respirar. El aire es un licuado de graba. Una pausa. Unas horas que para ti son eternidad. Despiertas con frío porque ya no hay bardas que frenen el soplo de la noche.

Tu hogar una banqueta

La poco habitada y a veces desértica región de tu infancia y juventud es, hoy por hoy, tierra de muertos en tu memoria y sitio turístico de aquellos que con botellas de agua, comida enlatada y ropas viejas o remendadas, pagan un boleto para visitar la tierra de nadie. En la negrura estás solo. Tú con los tuyos. Tú y tus recuerdos. Las chingadas memorias.

Hoy les importas

Hoy quieren detalles. Preguntan por olores. ¡Pendejos!, dices. Volteas al cielo y sorprendes un motor con hélices pero no conoces de drones. Miras al frente y ahí están: cámaras y micrófonos te apuntalan.

Tú sólo corres

Corres sin rumbo; siempre a donde el silencio. Tres meses bastan para que vuelvas a ser nada. Tres meses donde tu sucia apariencia se desvaneció tanto o más que su interés. No eres nadie. No importas. Nadie te recuerda. Inútilmente miden el tiempo con manecillas de daños ocasionados: lo hacen por meses, a veces por años.

Nadie contigo

Caducan 365 días y luego otro tanto igual. Despiertas. Hay ruido. Hay cámaras y hay micrófonos. Tú sólo corres. Corres sin rumbo. Siempre a donde el silencio.

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